Padre Fernando Pascual, L.C.
Congregación Legión de Cristo
Valores... “Yo no la tomo...” ¿A quién educamos? A vueltas con la ética Amar sin límites Ante la enfermedad Ante la injusticia Aquí estamos Ateos, creyentes y vida eterna Ayudas a la honestidad Biografías con futuro Borracheras Bromas Carta a Jonathan Cerebros y decisiones Comedias y tragedias ¿Cómo alimento mi alma? Comprometerse en el amor Con un poco de prudencia Construir la paz desde el amor y la justicia Convencer es vencer juntos Corazones buenos Creer y esperar a pesar de todo ¿Cuál es mi grado de felicidad? ¿Cuáles son tus títulos? Cuando dos caminan juntos Dame un poco de tu tiempo De dónde nacen las críticas Decisiones acertadas ¿Acumular o dejar lastre? Demasiadas seguridades... Democracia y derechos de minorías Desde las canas Desde las puertas del dolor Discernir entre lo bueno y lo malo Discusiones Dos estornudos Dos perspectivas, una vida Educación y laicidad ¿Egoísmo o altruismo? ¿Individualismo o personalismo? Escuchaterapia Estadísticas y verdades Estar junto al enfermo ¿Existen pecados “laicos”? El anillo de Giges El árbol caído El cine y la historia ¿El consenso o la verdad? El cristianismo, la ciencia y la ética El drama de Boromir El David de la vida frente el Goliat de la muerte El esplendor de la verdad El fotógrafo El ideal de mi vida El engaño El miedo a equivocarnos El misterio de lo humano El origen de la vida El poder, ¿esclaviza o libera? El SARS y la fe cristiana El síndrome de la calumnia El veneno de la calumnia En defensa de la verdadera laicidad Felicidad, ¿dónde estás? ¿Felicidad o amor? Felicidad y caprichos Felicidad y ética Fieles a su conciencia Gente importante ¿Hacer “menos bueno” lo bueno? ¿Hacer “menos malo” lo malo? Honrados y felices Hechos e interpretaciones Ideas y comportamientos Ignorancias culpables Instantes fugitivos Jóvenes La abeja y el hombre La “ceguera” del amor La ética y el tiempo La gota de miel La guerra más peligrosa La “heteroestima” La libertad profunda del corazón La llave del corazón La mentira: un mal para todos La píldora del optimismo La prostitución, ¿un amor en venta? La realidad entre discoteca y discoteca La verdad y la violencia La verdadera madurez: vivir los mandamientos La victoria del mal La vida en urgencias Laicismo y diálogo Las normas en la Iglesia Libertad... ¿para todo? Libertades Límites de los tribunales humanos Lo que de mí depende... Lo que ya no hicimos... Lo que vale la pena Los dos caminos Los silencios del microscopio Maestros, ¿por vocación o por profesión? Malevolencia y benevolencia Más allá de la apariencia Más allá de la muerte Más allá del racionalismo Materialismo y dignidad humana ¿Mi psicología o mi pereza? Muertos por el miedo de morir No basta con saber Mi querida computadora inteligente... Nacionalismos y dignidad humana Nadie nos puede obligar a amar Negocios y ética, ¿dos líneas paralelas? No somos lo que queremos ser No tener miedo a los valores Noticias ocultas Objetos, animales y personas Otro tipo de secuestros Paz y espiritualidad Paradojas de la tolerancia Peregrino de la Trinidad Piensa bien y no te arrepentirás Preguntas esenciales Pobres los malos, ¡qué bien les va! Poder y valores ¿Por qué hago el mal? Psicología, sociología y ética ¿Qué es la justicia? ¿Quiénes dirigen mi vida? Rendiciones Responsables de un mundo bueno Reprogramando la propia vida Sacar bienes del mal Salud, ¿un estado o una armonía? San Pablo y el tabaco ¿Se puede hablar todavía de bien y mal? Sentimientos Si no fuera pecado, ¿lo haría? Simplemente hombres Sócrates en los foros Sócrates y la incredulidad “Soy así” Tabaco y adolescentes Técnica y opciones Tener amigos Terrorismo sobre inocentes Tiempo de hablar, tiempo de escuchar Todo bajo control ¿Todos culpables? Tres condiciones de la amistad Un almanaque, dos actitudes ¿Un chip para eliminar los pecados? Un helado de fresas ¿Un mundo de problemas? Un psicólogo en el láger. Centenario del nacimiento de Viktor Frankl (1905-1997) Un valor no cotizable: la vida de cada hombre Una mano sobre el hombro Una sonrisa que vale más que todo el oro del mundo Vacaciones ¿con o sin Dios? Valgo mucho más de lo que visto ¿Venceremos o vencimos? Verdad, opinión y poder Verdaderamente sí hay verdades Voluntades secuestradas
Valores...
“Yo no la tomo...”
¿A quién educamos?
A vueltas con la ética
Amar sin límites
Ante la enfermedad
Ante la injusticia
Aquí estamos
Ateos, creyentes y vida eterna
Ayudas a la honestidad
Biografías con futuro
Borracheras
Bromas
Carta a Jonathan
Cerebros y decisiones
Comedias y tragedias
¿Cómo alimento mi alma?
Comprometerse en el amor
Con un poco de prudencia
Construir la paz desde el amor y la justicia
Convencer es vencer juntos
Corazones buenos
Creer y esperar a pesar de todo
¿Cuál es mi grado de felicidad?
¿Cuáles son tus títulos?
Cuando dos caminan juntos
Dame un poco de tu tiempo
De dónde nacen las críticas
Decisiones acertadas
¿Acumular o dejar lastre?
Demasiadas seguridades...
Democracia y derechos de minorías
Desde las canas
Desde las puertas del dolor
Discernir entre lo bueno y lo malo
Discusiones
Dos estornudos
Dos perspectivas, una vida
Educación y laicidad
¿Egoísmo o altruismo? ¿Individualismo o personalismo?
Escuchaterapia
Estadísticas y verdades
Estar junto al enfermo
¿Existen pecados “laicos”?
El anillo de Giges
El árbol caído
El cine y la historia
¿El consenso o la verdad?
El cristianismo, la ciencia y la ética
El drama de Boromir
El David de la vida frente el Goliat de la muerte
El esplendor de la verdad
El fotógrafo
El ideal de mi vida
El engaño
El miedo a equivocarnos
El misterio de lo humano
El origen de la vida
El poder, ¿esclaviza o libera?
El SARS y la fe cristiana
El síndrome de la calumnia
El veneno de la calumnia
En defensa de la verdadera laicidad
Felicidad, ¿dónde estás?
¿Felicidad o amor?
Felicidad y caprichos
Felicidad y ética
Fieles a su conciencia
Gente importante
¿Hacer “menos bueno” lo bueno?
¿Hacer “menos malo” lo malo?
Honrados y felices
Hechos e interpretaciones
Ideas y comportamientos
Ignorancias culpables
Instantes fugitivos
Jóvenes
La abeja y el hombre
La “ceguera” del amor
La ética y el tiempo
La gota de miel
La guerra más peligrosa
La “heteroestima”
La libertad profunda del corazón
La llave del corazón
La mentira: un mal para todos
La píldora del optimismo
La prostitución, ¿un amor en venta?
La realidad entre discoteca y discoteca
La verdad y la violencia
La verdadera madurez: vivir los mandamientos
La victoria del mal
La vida en urgencias
Laicismo y diálogo
Las normas en la Iglesia
Libertad... ¿para todo?
Libertades
Límites de los tribunales humanos
Lo que de mí depende...
Lo que ya no hicimos...
Lo que vale la pena
Los dos caminos
Los silencios del microscopio
Maestros, ¿por vocación o por profesión?
Malevolencia y benevolencia
Más allá de la apariencia
Más allá de la muerte
Más allá del racionalismo
Materialismo y dignidad humana
¿Mi psicología o mi pereza?
Muertos por el miedo de morir
No basta con saber
Mi querida computadora inteligente...
Nacionalismos y dignidad humana
Nadie nos puede obligar a amar
Negocios y ética, ¿dos líneas paralelas?
No somos lo que queremos ser
No tener miedo a los valores
Noticias ocultas
Objetos, animales y personas
Otro tipo de secuestros
Paz y espiritualidad
Paradojas de la tolerancia
Peregrino de la Trinidad
Piensa bien y no te arrepentirás
Preguntas esenciales
Pobres los malos, ¡qué bien les va!
Poder y valores
¿Por qué hago el mal?
Psicología, sociología y ética
¿Qué es la justicia?
¿Quiénes dirigen mi vida?
Rendiciones
Responsables de un mundo bueno
Reprogramando la propia vida
Sacar bienes del mal
Salud, ¿un estado o una armonía?
San Pablo y el tabaco
¿Se puede hablar todavía de bien y mal?
Sentimientos
Si no fuera pecado, ¿lo haría?
Simplemente hombres
Sócrates en los foros
Sócrates y la incredulidad
“Soy así”
Tabaco y adolescentes
Técnica y opciones
Tener amigos
Terrorismo sobre inocentes
Tiempo de hablar, tiempo de escuchar
Todo bajo control
¿Todos culpables?
Tres condiciones de la amistad
Un almanaque, dos actitudes
¿Un chip para eliminar los pecados?
Un helado de fresas
¿Un mundo de problemas?
Un psicólogo en el láger. Centenario del nacimiento de Viktor Frankl (1905-1997)
Un valor no cotizable: la vida de cada hombre
Una mano sobre el hombro
Una sonrisa que vale más que todo el oro del mundo
Vacaciones ¿con o sin Dios?
Valgo mucho más de lo que visto
¿Venceremos o vencimos?
Verdad, opinión y poder
Verdaderamente sí hay verdades
Voluntades secuestradas