El infinito valor del dolor

Autor: Rosa Martha Abascal de Arton

 

Cristo abandonado, Cristo odiado, Cristo sangrante, Cristo llorando, Cristo desgarrado, Cristo solo, Cristo caído, Cristo suplicante, Cristo ignorado, Cristo herido, Cristo destrozado: Cristo por medio de la Cruz, de Su Cruz, de su sufrimiento interno y externo, revela un sentido nuevo y trascendente para el dolor: fuerza, amor, entrega, paz, cielo, redención. Aun mas, la cruz de Cristo es el símbolo de que Dios es solidario con todo aquel que sufre, es solidario específicamente contigo.

 

En la vida de todo ser humano, el dolor, el sufrimiento está presente de una u otra manera. Sin embargo, no todos afrontamos el dolor de la misma manera, y por lo tanto, no le sacamos el provecho moral y espiritual que podríamos.

 

Hay quienes frente al dolor, se sienten mártires, maximizan, agigantan cualquier circunstancia que les haga sufrir, al grado de perder razón e ilusión por la vida, su actitud es como si trajeran consigo el mundo a cuestas, nadie les comprendiera y tuviesen que ahogarse en ese mar de sufrimiento solos y sin salida o sentido.

 

Otros, prefieren negar la existencia del dolor, si sufren, si les va mal, si pierden, si fracasan, si son rechazados, su actitud es “yo no siento nada, no pasa nada”, y con esto se niegan a crecer moral y espiritualmente.

 

Otros mas, viven el dolor en el plano meramente humano, no lo niegan ni lo maximizan, simplemente lo usan de manera horizontal para madurar y fortalecerse, pues el dolor, la prueba, ennoblece, enrecia y purifica, nos hace sabios, emprendedores, comprensivos y misericordiosos.

 

Pero hay quienes van mas allá y ante los hechos y circunstancias que los lastiman física, moral y sentimentalmente, y ante la pregunta ansiosa, angustiada de por que tanto sufrimiento, penetrando el misterio del dolor, se abrazan, se agarran con toda su alma del sentido de la  Cruz – Cristo, y subliman ese dolor, siendo en cierto modo otros Cristos, convirtiendo el sufrimiento en oración, en regalo, en testimonio de Amor, así como Cristo despojado de todo se ofreció a si mismo, en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad hasta la muerte.

 

El dolor humano así ofrecido, adquiere un sentido divino que purifica, contribuye a la paz, a la justicia, al amor más pleno y profundo pues tiene un valor corredentor.

 

Cristo decidió sufrir para vencer al pecado. De esta manera muestra el Amor infinito por todos y cada uno de los seres humanos. Así también te invita a ti y a mi a ser mejores personas, a Amar sin medida, a servir con pasión, a vibrar con la verdad, a entregarnos a El, a darle y ofrecerle nuestro dolor, nuestro sufrimiento, nuestras penas, a enamorarnos de la Cruz que nos ha tocado vivir, pues esa Cruz que tu cargas, sublimada y ofrecida, además de hacerte crecer como ser humano, tiene valor corredentor.

 

Dios nos ha mostrado que es El Amor, al entregar su vida por nosotros, así y solo así, por el Amor–Dios, se puede dar sentido al dolor, y de esta manera, sublimando el dolor se alcanza la plenitud del Amor.

 

“El dolor es el alimento del Amor, cualquier Amor que no se haya nutrido de dolor puro, muere” (Maeeterlinck Maurice)… pensemos en el amor a los hijos, a los amigos, a los padres, al esposo, al novio, incluso a la  Patria, o al trabajo… todos de alguna manera implican sacrificio, dolor, muerte, sufrimiento, fracaso.

 

Pero es que todo lo que vale cuesta, y mientras más estemos dispuestos a dar y a darnos por alguien o algo, más Amor estamos dando y demostrando.

 

El dolor es aliviado por el Amor, por el servicio, por el olvido de uno mismo, por el volcarnos en otro. El dolor recuerda al ser humano que la felicidad a la que tiende por naturaleza, no la podrá alcanzar nunca solo, siempre debe estar abierto al encuentro con la mirada de otros (hijos, amigos, padres, esposo…), para caminar por el mismo camino hacia la meta final: Dios–Amor

 

Cuando entregues y sublimes tu Cruz, tu dolor, tus inseguridades, fracasos, problemas y angustias, le darás SENTIDO a tu vida, ese sentido será El Amor.

 

Nadie te promete que dejarás de sentir dolor o cargar con tu Cruz, pero podrás dimensionarla, verla como una pequeña astilla de la Cruz que cargó Cristo, podrás percibir y palpar como El ya cargó TU Cruz por ti en el Calvario, y de esa manera la paz, la esperanza, la alegría, serán el sello de tu vida, precisamente porque la raíz de esa vida será el dolor sublimado, el encuentro con El Amor.

 

Nadie tiene más Amor, ni demuestra más Amor, ni vive con más Amor, que Aquel que da la Vida por quienes Ama. Cristo ya dio la vida por ti, tu ¿por quien vas a dar y a ofrecer esa vida, ese dolor-Amor?