CAZADORES DE HUMO O TESTIGOS DE ESPERANZA
No es cierto como dicen algunos: “To er mundo e güeno” ni tampoco que somos los
humanos “bichos malos”. La verdad de nuestra condición humana está en que
somos “mitad ángeles y mitad demonios”. Somos racionales que nos portamos a
veces peor que los irracionales; sujetos de las más grandes heroicidades como de
las más viles atrocidades. El verdadero sentido de nuestra identidad está en la
propia conciencia y en la Palabra de Dios. Hoy he reflexionado sobre un trozo del
libro del Eclesiastés (1,1 y ss) impactante. He aquí su contenido: “Vanidad de
vanidades, todo es vanidad. ¿Qué saca el hombre de todas las fatigas que le
agobian bajo el sol?. Todas las cosas cansan y nadie es capaz de explicarlas. No se
sacian los ojos de ver, ni se hartan los oídos de oír. Lo que pasó eso pasará; lo que
sucedió eso sucederá; nada hay nuevo bajo el sol. Si de algo se dice: “Mira, esto es
nuevo”, ya sucedió en otros tiempos mucho antes de nosotros. Nadie se acuerda de
los antiguos y lo mismo pasará con los que vengan: no se acordarán de ellos sus
sucesores. Una triste tarea ha dado Dios a los hombres para que se atareen con
ella. Examiné todas las acciones que se hacen bajo el sol: todo es vanidad y caza
de viento”…Para muchos estas frases son bastante pesimistas e invitan al fatalismo.
La persona, vida y mensaje de Jesús, el Hijo de Dios, vino a darnos una versión de
esperanza: Todos somos hijos del mismo Padre infinitamente compasivo y
misericordioso y a la vez hermanos entre nosotros. El comprende nuestra masa y
sabe que somos barro. El nos ha prometido el Reino de vida eterna y feliz, tras la
vida en la tierra. Tanto para los que tienen fe como para los que no, la vida es lo
más maravilloso que tenemos. De cada uno depende el ser cazador de humo o
testigo de esperanza con Jesús. Elige aquí y ahora.
MIGUEL RIVILLA SAN MARTIN.