JESÚS ANUNCIÓ TODO LO REFERENTE AL FIN
Un seglar amigo me decía hace poco:·”Padre, no entiendo, por qué los sacerdotes y
la jerarquía de la Iglesia, en la situación convulsa del mundo actual, no hablan con
más frecuencia del a nuncio del fin de los tiempos, como claramente está predicho
en el santo Evangelio (Cap 24 de Mt) para que, al menos los creyentes, vivamos
despiertos ante lo que se nos viene a todos encima”.
Confieso que su interpelación, no cayó en saco roto, ni me dejó indiferente y
aunque salí al paso diciendo que la Liturgia de la Iglesia, en el tiempo del Adviento,
todos los años, nos propone, los textos de la venida definitiva del Señor y manda
predicar sobre ellos; confieso que todo parece poco lo que se diga, escriba o avise
en este sentido. El tiempo urge, el aviso de peligro es cierto e inminente y nos
afecta a todos. ¿Por qué no hablar “oportune e importune” sobre el tema?.
Sin deseo de aparecer como “profeta de calamidades”, pero tampoco ser “perro
mudo”, he decidido, para los que desconocen la Palabra autorizada de Jesús,
recordarla una vez más, pues ella es la única verdad imperecedera, que está muy
por encima de todo y de todos.
He aquí un significativo e importante texto del Evangelio de Mateo:”Jesús les
respondi: “Mirad que no os engae nadie. Porque vendrán muchos usurpando mi
nombre y diciendo:”Yo soy el Cristo y engaarán a muchos. Oiréis también hablar
de guerras y de rumores de guerras.¡Cuidado no os alarméis¡.Pero eso tiene que
suceder, pero todavía no es el fin. Pues se levantará nación contra nación y reino
contra reino y habrá en diversos lugares hambre y terremotos. Pero todo esto será
el comienzo de los dolores de alumbramiento. Entonces os entregarán a la tortura y
seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre.
Muchos se escandalizarán entonces y os traicionarán y odiarán. Surgirán muchos
falsos profetas que engañarán a muchos. Y al crecer cada vez más la iniquidad, la
caridad de la mayoría se enfriará. Pero el que persevere hasta el fin se salvará. Se
proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero para dar testimonio a
todas las naciones. Y entonces vendrá el fin”.
No hay palabra más autorizada que ésta. La de Jesucristo, el Hijo de Dios. Ni la de
los Papas, ni la de los santos, ni la de las apariciones marianas, ni la de confidentes
profetas, ni la de los que se presentan como conocedores del futuro por famosos
que sean.
La respuesta a esta Palabra, la definitiva no puede ser otra en una persona
creyente y cristiana que rumiarla, meditarla y convertirse al Señor que llega como
Juez para regir la Tierra y todos sus habitantes.
MIGUEL RIVILLA SAN MARTIN