…Y JESÚS GRITÓ
He recibido una carta de una sencilla mujer de pueblo, que vive su fe cristiana a
tope, enamorada de Jesús en la Eucaristía, cuyo contenido me ha impactado y que
no me resisto a dar a conocer, por si pudiese hacer bien a alguno de mis lectores.
He aquí la copia literal de la misma, respetando su propio estilo.
“Padre, estamos muy heridos por dentro, y a una herida cancerosa no se le puede
tratar con un suave algodón. Hay que usar el bisturí, aunque sangre y sangre. Es
de la única manera que podría ser sanada. Pero hoy no se estila hacer sangrar y
esto es de una gravedad tal, que sólo podremos ver cuando pasemos al más allá.
Podemos verla también aquí, pero no queremos y si esperamos verlo allí, quizás
sea demasiado tarde.
Es urgente zamarrear con fuerza al que no quiere ver, como el ciego que va con su
bastón y vemos que va a caer en un precipicio y él te dijere que le dejes en paz.
¿Nos cruzaríamos de brazos?.Le diríamos:¡Que no, hombre, que no te puedo dejar
en paz que vas a caer¡. Y luchando lo vas a tirar por tierra, si es necesario. Todo
menos que caiga en el precipicio. Pero hoy, como no tenemos visión de fe,
hablamos mucho del respeto y la libertad del otro y su dignidad.
Es el tiempo de Satán que nos ha puesto una venda en los ojos. Y si acaso decimos
algo fuerte-que rara vez- lo hacemos con tal moderación y equilibrio, que el que
escucha se queda igual.
Y el Evangelio muestra más de una vez, cómo Jesús en algunas ocasiones, gritó
para alertar a sus oyentes. ¡Claro¡, por eso decían que estaba loco, pero a nosotros
no queremos que nos llamen tal cosa¡ . La mesura y la elegancia, lo primero.
Y Jesús nos está diciendo hoy : ¡Grita, hombre¡. Que se rompan las piedras, antes
que Yo las rompa. Que se muevan los corazones y las entrañas. Tienen que ver la
realidad. Sin esto no hay conversión y corremos el peligro de caer en el precipicio.”
El hecho de que una sencilla mujer cristiana – sin estudios ni títulos académicos- se
exprese de esta manera, es un don, un regalo de Dios. En este caso, como en el
tantos otros, se cumple lo que dijo Jesús: “Te doy gracias, Padre mío, porque has
ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente
sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor”. Sin comentarios.
MIGUEL RIVILLA SAN MARTIN .