Reflexión bíblica
“¿quién es éste del que oigo decir semejantes cosas?” (Lc 9, 7-9)
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que Jesús hacía y enseñaba, y estaba muy desconcertado
El tetrarca Herodes o Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande y de Maltace, esposa samaritana de Herodes. Así, era medio samaritano y, casi seguramente, no corría por sus venas ni una gota de sangre judía. Se le llamaba Herodes o Antipas pero, para distinguirlo de los otros miembros de la familia, se unió apasionadamente a su cuñada Herodías, repudiando a su legítima esposa. Herodías vino a ser su genio maligno, fue la instigadora del asesinato de Juan el Bautista (Mt. 14:1-12; Ant. 18:5, 2). Nuestro Señor, hablando de este marrullero tetrarca, lo llamó «esta zorra» (Lc. 13:31, 32). Es evidente que Herodes Antipas debía tener una cierta influencia sobre sus seguidores, porque Jesús habla de «la levadura de Herodes» (Mr. 8:15). Cuando empezó a extenderse la fama de Jesús, Herodes, con la conciencia agitada, temía que Juan hubiese resucitado (Mt. 14:1, 2). Estando Herodes en Jerusalén en los días de la crucifixión del Señor, Pilato le envió a Jesús. Herodes pensó que vería hacer algún milagro, y quedó frustrado. Aquel mismo día, Herodes y Pilato se reconciliaron, pues habían estado enemistados (Lc. 23:7-12, 15; Hch. 4:27).
Este es el perfil del político desconcertado, porque algo grande ha sucedido: Dios ha intervenido en la historia humana. Para unos, Juan, el profeta, injustamente asesinado, había vuelto a la vida, quedando patente la sinrazón e injusticia de su asesinato; para otros, Elías, el profeta que habría de venir, según la tradición judía, antes del día de la manifestación definitiva de Dios, ya estaba presente entre ellos; otros pensaban que estaban ante un profeta antiguo que había vuelto a la vida.
“porque algunos decían: "Es Juan, que ha resucitado". Otros decían: "Es Elías, que se ha aparecido", y otros: "Es uno de los antiguos profetas que ha resucitado". Pero Herodes decía: "A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿quién es éste del que oigo decir semejantes cosas?". Y trataba de verlo.”
Lo que herodes nos sabía, que es el que tenía que venir, el que bautiza no con agua, sino con el fuego del Espíritu-Amor (Lc 3,16); el hijo amado de Dios, sobre el que desciende en el bautismo el Espíritu, como paloma que se refugia en su nido ( 3,21-22); el que, lleno de Espíritu santo, es tentado por el diablo en el desierto, como lo fue en su día el pueblo en el éxodo hacia la tierra prometida, pero superando las tres tentaciones que asaltan a cada mortal por el desierto de la vida (4,1-3); el que anuncia una amnistía de perdón universal para todos sin excepción y, a cambio, recibe amenazas de muerte por parte de sus paisanos en Nazaret (4,14-29); el que habla con autoridad, y no como los escribas, dando órdenes a los espíritus inmundos que salen (4,31-40); el que invita a Pedro y a los suyos a pescar obteniendo resultados sorprendentes (5,1-11); el que cura al leproso y no queda impuro; el que hace levantarse del lecho al paralítico (2,1-12), imagen de la humanidad postrada por el pecado; el que llama a Leví, escandalizando a la clase farisea (5,27-32); el que se autoproclama el esposo e invita a sus seguidores a entender la vida como una fiesta de bodas, de amor fecundo alegría (5,33); el vino nuevo que requiere odres nuevos (5,36-40); el señor del sábado que pone en el centro de atención de su vida el bien del hombre por encima de la observancia del precepto de descanso (6,6-11) y el que proclama un orden nuevo basado en la pobreza o austeridad solidaria para poder ejercer con libertad el amor sin límites, el perdón, la generosidad (6,20-46) e invitar a todos a construir la casa sobre roca. No es de extrañar, ante tanta novedad y capacidad de subversión, que todos, hasta Herodes, se pregunten quién es ése que rompe los moldes del pasado y coloca a sus seguidores en la puerta del futuro, que no es otra sino la del amor sin medida.
Herodes como representante del poder es soberbio, altivo y exigente, quiere que todos se postren ante el y cedan a sus caprichos, incluso el Profeta de Israel, aquel que aún no sabía quien era, pero que por eso mismo había excitado en el una gran curiosidad de verlo actuar, aun quizás poder presenciar algún milagro.
Como cristianos, siempre estaremos expuestos a ciertos Herodes por ser profetas, pero proyectaremos la Palabra de Dios, que es profética, porque impulsa el bien, a la justicia y al amor.
Todo cristiano seguidor de Cristo debe asumir como profeta y hablar en nombre de Jesús, transmitir su mensaje, que por ser de justicia, amor, paz, libertad, se oponen al poder de los Herodes de hoy, de los poderes de hoy, de las ambiciones, por ello, nos criticarán, nos juzgarán, nos condenarán, y dirán muchas cosas de nosotros, y se preguntaran como Herodes, ¿quién es éste del que oigo decir semejantes cosas?".
Por comprender todo esto, Gracias Señor.