Reflexión bíblica
¿Qué tiene su palabra? (Lc 4, 31-37)
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
Jesús, luego de no ser aceptado por sus coterráneos de la sinagoga de Nazaret, y del intento de precipitarlo por un barranco, todo esto como consecuencia de haber propuestos el perdón de Dios, no solo a los judíos, sino también a los paganos, enemigos tradicionales del pueblo de Dios, predica esta vez en la sinagoga de Cafarnaún, situada algo mas al oriente, pero siempre en Galilea, en este lugar enseñaba los sábados.
Todos estaban asombrados de su enseñanzas, porque hablaba con autoridad. Jesús nuevamente sorprende a los asistentes de la sinagoga, donde la gente acude para oír la palabra de Dios y sentirse liberados de toda clase de esclavitud. En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro, esto es, se encuentra nada menos que un hombre esclavizado por el demonio, podemos decir también que es un hombre poseído por un conjunto de ideas o valores que caracterizan una forma de pensar o que marca una línea de actuación ideológica que le enajena completamente la libertad y lo hace hablar como instrumento de otros. Este hombre, sorprendentemente, habla en plural y comenzó a gritar con fuerza: "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios"
Para este endemoniado, como para otros presentes que comparten su idea, Jesús no ha venido a liberarlos, sino a destruirlos, es así como le preguntan ¿Has venido para acabar con nosotros?, este hombre con el espíritu inmundo sabe que Jesús es el Mesías, el Consagrado de Dios, “Ya sé quién eres: el Santo de Dios”, le dice.
Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño. La liberación del endemoniado es una prueba para lo cual ha venido Jesús, al igual que en la sinagoga de Nazaret. El ha venido a liberar no sólo a pobres, ciegos y cautivos del cuerpo, sino también a cuantos están esclavizados y alienados por una idea que todavía piensa en un Dios de venganza y de revancha. El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: "¿Qué tiene su palabra?
La Palabra de Jesús, no era una palabra sin sentido, vacía o hueca, es una “Palabra de Vida”, porque antes de ser palabra, había sido vida y porque la palabra de Jesús causa y origina la verdadera Vida, porque su Palabra es la Verdad.
Esto es lo que nos revela este Evangelio como todos, Jesús vino a predicarnos y atraernos un nuevo mundo, el nuevo Reino del Padre, y frente a Jesús, los espíritus del mal confiesan su derrota. “¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!", expresaron los Judíos allí en la sinagoga, en efecto, las palabras de Jesús causaron impacto, porque independientemente de quien lo exponía, era un mensaje nuevo, hasta ese momento nunca oído, además, de una palabras convincentes, de alguien que sabe perfectamente lo que dice.
Este ejemplo debe ser motivarnos a actuar como lo hizo Jesús, anunciar el Reino de Dios a todo lugar, pero no en nombre propio, siempre en nombre de Jesús, y no es con nuestro pensamiento, ni como creemos que debe ser, sino con las enseñanzas y el pensamiento del Señor. Esto es, no se fundamenta con nuestras palabras, se hace con la fuerza de la Palabra de Jesús, que es irresistible para las personas, sin lazos afectivos ni intereses que lo liguen al lugar o al medio en el que está, o los alienados de espíritu que han perdido la capacidad de pensar por sí mismos y son esclavos de ideas y formas de ser perdidas, incapaces de pensar y actuar por uno mismo, como a aquel pobre endemoniado.
Por comprender todo esto, Gracias Señor.