Reflexión bíblica
“Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado” (Lc 8, 16-18)
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
Jesús dijo a sus discípulos: No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.
El evangelio es como una lámpara, que cumple con la función de mostrar con la luz, lo que no se ve por estar en las tinieblas, a la luz nada puede permanecer escondido.
Para el cristiano, sin embargo, no acaba todo en ver la luz del evangelio o en que éste sea manifestado a todos. Quienes han recibido el mensaje-luz del evangelio, tienen que hacerlo producir, o lo que es igual, hacerlo vida.
Pero al mismo tiempo tiene que convertirse, a su vez, en luz que ilumine, pues una luz que no ilumina, no sirve para nada.
‘Te he destinado a ser luz de las naciones, para que lleves la salvación hasta el último rincón de la tierra’”. (Hechos de los Apóstoles 13,14. 43-52)
En otra oportunidad, Jesús también les dijo a sus discípulos: “Ustedes son la luz del mundo”. La luz de los discípulos es la misma que la de su Maestro Jesús. Sin la luz de Cristo, el mundo queda en tinieblas. Y cuando se camina en la oscuridad, se tropieza y se cae.
Para la Luz de Cristo, nada queda oculto.
“Yo soy la luz del mundo –dice el Señor–; el que me sigue tendrá la luz de la vida”.
Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.
¿Qué se le puede ocultar a Dios?, ¿Qué se puede tapar, encubrir a la vista o impedir que se note a los ojos de Dios?, absolutamente nada se le puede esconder, pero Dios no se conforma con lo exterior, con demostraciones mediante ritos o ceremonias, porque estas cosas tienen sentido solo cuando nacen en el interior, y es porque El mira el corazón, “La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, el hombre mira las apariencias, pero Dios, mira el corazón” (1 Sam 16,7). En consecuencia, nuestro corazón sebe ser puro, libre de odio, rencor, vanidad, libre de todo lo que nos impida amar, transparente a la Luz de Cristo.
Pero la purificación del corazón es obra del Espíritu Santo, y esto sucede cuando se abre el corazón al Espíritu, es así como con un corazón abierto, entregado al Espíritu Santo, poseído por El, nos libera de todo los que no es agradable a Dios, no deja nada oculto al Señor, entonces surgen rectos y buenos sentimientos, buenas obras y buenas acciones.
Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener
Algo que debemos tener es transparencia, esto es la capacidad de un cuerpo para dejar pasar la luz, los cristianos debemos ser transparente con el Señor, debemos iluminar nuestro corazón, nuestro interior e iluminar el ambiente en que vivimos y trabajamos, no se comprende un discípulo del Señor sin luz, sin la luz de Cristo.
Cristo es la Luz ¿Qué significa la luz? La luz ilumina el mundo para que el hombre pueda ver y orientarse. Ilumina los caminos de la vida y pueden por eso ser recorridos, y sacarnos de las tinieblas, que es la falta luz, es gran ignorancia y confusión por falta de conocimientos, de visión y fe.
La luz esta en esa lámpara que es el mensaje del Evangelio, y el cristiano tiene que mostrar con hechos la asimilación del mensaje evangélico. Al que produce, esto es, al que pone por obra ese mensaje se le dará; al que no, se le quitará hasta lo que cree tener. No se entiende que el discípulo que ha conocido la luz, pueda seguir viviendo en tinieblas.
Por comprender todo esto, Gracias Señor