Reflexión bíblica

“Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.” Lc 9, 51-56 

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

 

“Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaria para prepararle alojamiento. 

Jesús envió delante a algunos mensajeros, para que preparasen alojamiento, para El y sus discípulos en tierra de Samaria, era necesario y muy normal pasar por ese lugar cuando se viajaba de Galilea a Jerusalén, pero existía mucha hostilidad entre samaritanos y judíos hasta el punto de que no se hablaban.

“Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.”

En efecto, ellos sabían que eran peregrinos venidos de Galilea, sin embargo no fueron recibidos, seguramente no había sencillez en el corazón de estos samaritanos, entonces no les pareció bien el hecho de que Jesús encaminara sus pasos a Jerusalén y mostraron su mala voluntad, negándoles hospitalidad.

Esto que les ocurrió a los apóstoles, les prepara para más adelante, así cuando ellos tengan que salir a predicar el evangelio, sepan de las dificultades, porque no siempre va a ser todo fácil, como entrar en todas partes, pero frente a estos casos hay que ser pacientes, y mansos, no ser hostiles e iracundos, y mucho menos vengativos son sus perseguidores.

Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?"

Sin embargo los apóstoles aún no están preparados, por eso le preguntaron a Jesús si podían hacer caer fuego sobre la ciudad, pero Jesús les enseña que no debe haber venganza, manifestando que la verdadera virtud no es vengativa, y que no hay caridad allí donde exista la ira, así es, como no se debe estar en contra de la flaqueza humana, al contrario, esta debe ser confortada, por eso la indignación contra los hombres no es actitud cristiana.

“Pero él se dio vuelta y los reprendió. Y se fueron a otro pueblo”

Jesús los reprendió por esta actitud vengativa, justamente porque a ellos les había enseñado lo que era amar al prójimo y porque "El Hijo del hombre no había venido a perder las almas, sino a salvarlas", porque la venganza no es Espíritu de Dios sino del maligno. En efecto, como nos dice San Juan, “Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por El (Jn 3,17)

En este fragmento del Evangelio, nos encontramos a Jesús rechazado por los samaritanos e incomprendido por sus propios discípulos, estas son las posturas en las cuales no debemos caer, por una lado el rechazo y por otra la incomprensión.

Cuando no queremos aceptar la voluntad de de Dios, ¿a quien estamos rechazando?, cuando huimos del sacrificios, ¿a quien estamos no estamos aceptando?, cuando no somos comprensivo con el que sufre, ¿con quien no somos comprensivos?. Nuestra vida siempre debe estar orientada por los principios del Evangelio, por las enseñanzas de Jesús, por las inspiraciones de la gracia y del Espíritu Santo.

Por comprender todo esto, Gracias Señor.