Reflexión bíblica

“Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino” Mt 9, 32-38

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

 

Le hemos llamado en mucha ocasiones el “amigo que nunca falla”, o el “amigo fiel”, es así, es fue el motivo de su venida, y la cumplió con gran fidelidad, predicar el mensaje que proclama la Buena Noticia del Reino.

 

Ahora nos corresponde a nosotros ser leal a Jesucristo, asumiendo el compromiso en la tarea de la evangelización, de la instauración del reino de Dios en el mundo.

 

Nuestra tarea debe ser como la hizo Jesús, con fidelidad, El nos enseño como hacerla, El es nuestro Maestro, a El debemos imitar. Jesús, no buscaba lucirse a si mismo o buscar especiales simpatías, lo que el hacia era para dar a conocer al Padre y a su enviado, Jesucristo. Entonces nosotros no busquemos que nos den alabanzas, nuestra misión no es para que donde vayamos nos den reconocimientos.

 

El mundo de hoy necesita buenos apóstoles que no motiven desconciertos entre nuestros hermanos, que no confundan, por eso debemos comprometernos a nuestra tarea con autentica piedad y sepamos reconocer en esta palabra el comportamiento misericordioso, o sentimiento de amor al prójimo y de compasión ante las desgracias ajenas.

 

"La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha".

 

Rueguen, al dueño, oren a Dios, es El que debe enviar trabajadores para su cosecha, no pretendamos nosotros libremente decidir donde debemos ir a cosechar, nuestro Padre Dios no señalará donde debemos servir, para saber cual será nuestro frente de trabajo, hagamos un poco de silencio para oír a Dios, hagámoslo con la oración del corazón y con sometimiento a su voluntad, El nos confiará la misión, y nosotros le ofreceremos la vocación de apóstol, en cualquier circunstancia o campo que nos corresponda realizar.

 

La vocación ha de venir desde el Padre, no pretendamos torcer ni cambiarla, no busquemos modificarla o acomodarla a nuestro antojo, según sean nuestros gustos, comodidades o conveniencia. Es así, como la vocación es un Don de Dios y nosotros debemos estar muy atentos, para reconocer y aceptar con mucho agradecimiento, pero no para quedarse en la alegría de haber sido llamado, debemos tener conciencia clara de  la exigencia que debe tener nuestra misión.   

 

Por comprender todo esto, Gracias Señor