Reflexión bíblica

“Felices ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios” (Lc 6, 20-26)

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

 

[20] El, entonces, levantó los ojos hacia sus discípulos y les dijo: [21] “Felices ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados”

Jesús proclama las bienaventuranzas, nos esta proponiendo una forma de vida distinta como condición para salvarnos, un camino solidario con los pobres, nos invita a una vida mas austera, nos anima a no vivir atados a los bienes materiales, de esta forma nos podemos dedicar más a Dios.

A todos los pobres les promete el Reino de los Cielos, donde reina la paz, donde todo lo abunda, donde no existe le dolor ni las lagrimas, dono se vive en alegría y felicidad para siempre.

Felices ustedes, los que lloran, porque reirán. 

Que no nos suene extraña esta frase, porque lloraremos nuestros pecados y miserias y Jesús nos perdonará y nos consolará, es así como son bienaventurados los que lloramos amargamente nuestras penas, pero que hemos permanecidos con paciencia y resignación por amor a Dios, buscando el consuelo de Dios y ofreciéndole a El nuestras lágrimas. Sin embargo es triste sufrir, pero mas triste es no saber porque y para que se sufre, entonces busquemos el sentido del dolor, descubriéndolo como nos enseña Jesús. En efecto el dolor no invita a ser más desprendido y nos desprende de lo malo de la vida, porque indudablemente los golpes de la vida nos van enseñando el valor de las cosas buenas. Confiemos que en sufrir por Dios, nos traerá la verdadera alegría. 

[22] Felices ustedes, si los hombres los odian, los expulsan, los insultan y los consideran unos delincuentes a causa del Hijo del Hombre. 

Jesús llama bienaventurados no a los que odian, sino a los que son odiados, y especialmente a los que son odiados a causa de El, lo que nos hace dichoso, no es el hecho de ser odiado, sino el de ser odiados por Cristo, por seguirlo, por ser sus discípulos, por ser sus apóstoles, por aprender de El y seguir sus enseñanzas, por esta adheridos a El y ser fiel a su mensaje. Por esto nos sentimos felices de ser odiados por Jesucristo, especialmente si no damos motivos para que nos odien. En efecto, debemos cuidarnos de no dar motivos personales para ser odiados, porque en ese caso no nos odiaran por Jesús, sino que por nuestra causa, y lo que nos produce alegría es la causa de Jesucristo. Ahora vivir conforme a las enseñanzas de Jesús y los Evangelios, es siempre con la búsqueda de la bondad, la comprensión, y bueno es que los que nos vean, no reaccionen con odio, sino que con admiración por nuestra forma de vida. 

[23] Alégrense en ese momento y llénense de gozo, porque les espera una recompensa grande en el cielo. 

Este es el premio, esta es la forma como Dios nos recompensará, nosotros le entregaremos todo nuestro tiempo a Dios, los momentos de angustias y sufrimientos, nuestro corazón libre de ataduras de bienes terrenales, y Dios a cambio nos saciará en abundancia, con riquezas de gran valor, de dones y gracia, con la alegría de su Reino, la recompensa grande estará en el cielo.

Recuerden que de esa manera trataron también a los profetas en tiempos de sus padres.

Porque ellos y sus antepasados han sido pobres, han puesto su esperanza en Dios. Si la sociedad les ha fallado, negándoles lo que en justicia necesitaban para vivir, algún día Dios se los dará. Han esperado y no se han equivocado. Hoy son testigos de que Dios cumple su promesa.

[24] Pero ¡pobres de ustedes, los ricos, porque tienen ya su consuelo! [25] ¡Pobres de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque después tendrán hambre! ¡Pobres de ustedes, los que ahora ríen, porque van a llorar de pena! [26] ¡Pobres de ustedes, cuando todos hablen bien de ustedes, porque de esa misma manera trataron a los falsos profetas en tiempos de sus antepasados!

En cambio, los que por tener mucho no esperaban nada, quedaron con las manos vacías. Han pasado los siglos y el hombre sigue igual. El pobre o el que tiene alma de tal, mira hacia Dios y todo lo espera de el. Le deja un lugar en su vida y con fe y confianza, busca dejarse guiar por él. No así el rico o el que tiene alma de tal. Acostumbrado a comprarlo todo, cree no necesitar de nada ni de nadie. Ni siquiera de Dios. Es esa actitud de autosuficiencia, la que lo va marginando del Reino y la que en definitiva, puede dejarlo fuera de él. En labios de Jesús, pobreza o riqueza no son términos abstractos, ligados solo a la economía, sino, apuntan y nos invitan a una actitud de vida.