Reflexión bíblica
“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena noticia” (Lc 4, 16-30)
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
Después de ser bautizado, Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu, y su fama corrió por toda aquella región, enseñaba en las sinagogas de los judíos y todos lo alababan y luego regreso a Nazaret, lugar donde se había criado, y el sábado fue a la sinagoga, como era su costumbre. La sinagoga, edificio destinado al culto judío, tenía una persona que presidía y dirigía el culto, vigilaba el orden y designaba al lector, el invitó a leer y explicar la lectura de los profetas a Jesús, esta sagradas escrituras estaban escritas en hebreo, por tanto no eran leídas por la gente del pueblo que hablaba en arameo, entonces la costumbre era que un traductor hacia simultáneamente la traducción de lo leído al arameo.
Así fue como, se puso de pie para hacer la lectura y le pasaron el libro del profeta Isaías. Jesús desenrolló el libro y encontró el pasaje donde esta escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena noticia; para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos; para dar libertad a los oprimidos y a proclamar el año de gracia del Señor»
Si reflexionamos sobre este párrafo, vamos a decir que nosotros siempre debemos hacer las cosas motivados por el Espíritu Santo, y nos dirigimos al Espíritu con ruegos de un modo que se exprese con claridad.
Dicen que Santa Teresita del Niños Jesús, sobre la acción del Espíritu Santo, expreso en una ocasión, “¡Que cosa tan maravillosa haría Dios en las almas, si las almas se dejaran hacer!”
Es eso lo que debemos hacer, dejar que el Espíritu Santo, obre, descienda y actúe en nosotros, olvidados de nosotros mismos y entregados plenamente al Espíritu del Señor, por que Dios también nos ungirá para llevar a los pobres la buena noticia a los hombres de hoy, y a ellos debemos transmitir la liberación de los oprimidos y a proclamar el año de gracia del Señor. No temamos sentirnos ungido por el Señor, pero obrando en todo tal como somos.
El evangelio de Lucas continúa diciendo que Jesús después enrolló el libro, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido ante ustedes está profecía».
Los asistentes a la sinagoga, escucharon luego el comentario de Jesús sobre el texto leído, aplicándoselo a sí mismo, escucharon la palabra de Dios, las enseñanzas de Jesús, y quedaron cautivos y entusiasmados, Todos le daban su aprobación y se admiraban de las palabras que había pronunciado.
Sabemos que de la eficacia de la Palabra de Dios, cuando llega al corazón sencillo, dócil, además esa es la condición y la obligación respecto a esa palabra, la oímos y le abrimos el corazón, no solo la recibimos, luego la meditamos y la profundizamos.
La gente sencilla, estaba llena de admiración por las palabras de gracia que salían de la boca de Jesús, pero luego los paisanos de El, se vuelven hostiles ante el anuncio de carácter universal de la misión de Jesús, la cual no esta al servicio de intereses particulares o de grupos, sino al designio de Dios de salvación universal.
Así fue como los asistentes comentaban: «¿No es éste el hijo de José?» Jesús les dijo: «Seguramente me recordarán el refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”. Lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún, hazlo también aquí, en tu pueblo».
Y añadió: «Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Les aseguro que muchas viudas había en Israel en tiempo de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en la región de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado sino únicamente Naamán el sirio».
Pero la actuación de Jesús desagradó sumamente a unos oyentes que no querían oír hablar de la buena noticia de su liberación dirigida a los pobres, a los cautivos, a los ciegos y a los oprimidos, de una amnistía general de Dios, del perdón otorgado a la humanidad entera, cancelando para siempre el léxico de la venganza de las relaciones humanas, por eso al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron; se levantaron, y lo echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta un barranco de la montaña sobre la cual estaba construida la ciudad, con ánimo de despeñarlo.
Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí. Jesús, resucitado, continúa hoy caminando en medio de la humanidad, especialmente entre los pobres con la buena noticia, anunciando la liberación a los cautivos y en la curación de los ciegos, como luz del mundo, dando libertad a los oprimidos y a proclamando el año de gracia del Señor
Por comprender todo esto, Gracias Señor.