Reflexión bíblica

" Alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo” Lc 10, 17-24

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

 

“Al volver los setenta y dos de su misión, dijeron a Jesús llenos de gozo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre". Él les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 

Al regresar esos setenta y dos que había enviado Jesús, no pudieron disimular la alegría de su corazón, su misión apostólica era un éxito, pero estos se alegraban más porque habían hecho milagros, que por haber sido destinados a cumplir una labor evangélica, entonces lo bueno habría sido que se alegraran por aquellos que se hubieran convertido. Es así como el Señor reprendió admirablemente el orgullo en el corazón de sus discípulos, recordándoles la perdición del maestro de la soberbia, para que en el autor de la soberbia aprendiesen lo que debían temer de ese vicio. Entonces les dice: "Veía a Satanás que caía del cielo como un rayo", esto es, desde la virtud más perfecta, hasta la debilidad más extrema. 

Antes de la venida del Salvador, Satanás había sometido todo el mundo a su dominio, así es como era adorado. Pero desde que el Divino Verbo bajó del cielo, cayó como un rayo, porque es pisoteado por los que adoran a Jesús. 

Jesús sigue:

Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. 

Hay diferencia entre las serpientes que atacan y dañan con la boca y los escorpiones los hacen con la cola, esto es las serpientes atacan abiertamente como por ejemplo en los homicidios y los escorpiones que acechan a escondidas, como sucede con los vicios espirituales.

Los discípulos evangelizaron y predicaron la Buena Noticia de la salvación, y la alegría colmo sus corazones, esto es legitimo, pues es el mensaje del Señor, sin embargo la alegría de estos setenta y dos, era mas bien vanidosa, pues se alegraban de haber sido elevados hasta hacerse temibles a los demonios y a los hombres, por esos Jesús les dice: 

No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; 

Arrojar los espíritus, así como obrar otros prodigios, no siempre es por el mérito del que obra, sino que por la invocación del nombre de Jesucristo. Porque todo lo que hicieron los discípulos, fue por el poder de invocar su nombre.

"En tu nombre se alegrarán todo el día?" (Sal 88,17). En este caso Jesús quiere elevarlos a un gozo mayor; por lo que dice: “alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo".

En efecto la alegría debe abundar más por ir al cielo que por humillar al demonio. El diablo cae de lo alto, pero los hombres, viviendo abajo, son inscritos arriba en el cielo.

“En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo,

Así como un buen padre se alegra de ver bien dirigidos a sus hijos, así se regocija Jesucristo porque los apóstoles se han hecho dignos de tantos bienes. Vio la adquisición de muchos (o la sumisión de muchos a la fe) por la operación del Espíritu que había dado a los santos apóstoles. Por eso dice Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, esto es, en los efectos que provienen del Espíritu Santo. Como amante de los hombres, consideraba como motivo de alegría la conversión de los pecadores, y de ella da gracias.

Jesús dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo mantenido ocultas estas cosas a los sabios y prudentes, las has revelado a los pequeños. 

Cuado menciona a los sabios, esta refiriéndose a los fariseos y a los escribas que eran los intérpretes de la ley, cuando habla de los prudentes, son aquellos que eran instruidos por los escribas. Así sabio se llama al que enseña y prudente al que aprende. El Señor llama pequeños o párvulos a sus discípulos, porque los eligió, no de entre los doctores de la ley, sino de entre la gente del pueblo y los pescadores; los cuales se llaman párvulos, pequeños o niños, porque no son hombre que tiene en su intención el hacer daño.

Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar".

Solamente el Padre puede entender y manifestar la profundidad del misterio de Jesús, y el ha querido abrir este secreto a los humildes (1 Cor 1,26). Jesús es el único que puede conocer al padre y solo el padre puede conocerlo a El. Jesús se coloca en una comunión con el Padre totalmente única.

El Hijo vino para dar a conocer al Padre, para esto el nos pide sencillez, humildad en el corazón, estar vacíos y despojados de nosotros mismos. El ha querido abrir este secreto a los humildes.

Bendito sea por siempre Señor, porque nos elegisteis a pesar de nuestra miseria espiritual, para darnos a conocer al Padre, entonces esta dignidad que nos disteis, nos debe hacer permanecer en humildad, a fin de continuar siendo dignos de ti Señor Jesús y nos sigas mostrando al Padre. Que esto sea un gran estimulo, para que el conocimiento del Padre sea en nuestras vida cada vez más intenso, por eso todo los días de mi vida quiero darte las gracias, por toda tu gran bondad. 


Por comprender todo esto, Gracias Señor.