Reflexión bíblica

Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo Jn 17, 1-11a 

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant 

 

 

A la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, orando así. Jesús aparece frecuentemente en los evangelios orando ante los momentos trascendentales. Y éste es culminante. Esta es la oración resumen de su vida pasada, de su muerte, de su glorificación, del futuro de su Iglesia. Juan la redacta — como parte de un todo — con plenitud de teología cristiana pospentecostal. Es la gran oración introductoria a su pasión.

Jesús ora dirigiéndose directamente a su Padre. Ninguna invocación mejor en labios de Jesús, en esta oración, que invocar a su Padre, por cuya revelación da su mensaje. El vino al mundo y va ahora a la muerte. Y Jesús, como hombre, pudo llamar a Dios, en sentido propio, su Padre

El motivo de dirigir esta oración es que llegó la hora. Varias veces en su vida alegó para obrar de determinada manera que aún no había llegado su hora --- San Juan 7:30-8:20 ---. Esta es la hora de su muerte, como se ve por el contexto, la hora que él había deseado tanto --- san Lucas 12:50 --- 

Jesús va a orar como hombre. En este sentido, él podía pedir al Padre que le concediese lo que era donación divina. La oración de Jesús en esta primera parte es la siguiente:

Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ¿Qué glorificación pide aquí Jesús?, Así la dice luego; la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera. Jesús pide esta glorificación suya para así glorificar El al Padre. Esta gloria que Jesús pide ahora e inminentemente es su resurrección, cuerpo glorioso irradiando la divinidad, había de estar tres días en el sepulcro. Y que esta glorificación que pide aquí es principalmente la resurrección, aunque con lo que ésta llevaba agregado, es lo que El mismo dice al salir Judas del cenáculo: Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre, y Dios ha sido glorificado en El. Si Dios ha sido glorificado en El, Dios también le glorificará a El, y le glorificará en seguida --- San Juan 13:31-32 ---. El Padre es glorificado en el homenaje de la muerte de Jesús, y le glorificó en seguida con su resurrección. Pues con ella verán que el mensaje de Jesús era verdad. Así lo comentaba San Agustín: Resucítame, para que seas manifestado a todo el mundo por mí.

El Hijo glorifica al Padre dando la vida eterna --- v.26.4 ---. Jesús invoca el poder que el Padre le dio sobre todos los hombres. Jesús, por razón de su unión hipostática y su misión redentora, tiene este poder, dado por el Padre, sobre todo el género humano. Y es lo que ahora invoca para poder cumplir su misión: que el Padre le glorifique, para que, acreditado ante los hombres en su resurrección, pueda El cumplir su finalidad redentora: para que él diera vida eterna 

Y ésta va a darla a todos los que tú les has dado refiriéndose a todos los hombres, dice que Jesús llevó a cabo la obra que el Padre le encomendó: Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste, anunciar el Evangelio. Unos lo aceptaron y otros no. Pero él no se limitó a exponerlo sólo a los judíos predestinados. A esto mismo lleva la invocación que hace Jesús Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad poder que el Padre le dio sobre todos los hombres, Sería incongruente hacer esta invocación de un poder universal para luego limitarse sólo a darlo — con voluntad antecedente — a solos los predestinados. Le hace falta su glorificación en la resurrección, para dar a todos la vida eterna.

¿Qué se entiende por vida eterna en el evangelio de San Juan y en este pasaje? Los sinópticos presentan el reino de los cielos o reino de Dios como el reino instituido por Jesús, pero destacando preferentemente el aspecto externo y de organización social del mismo. En cambio, en San Juan, tanto en su evangelio como en su primera epístola, el reino se presenta bajo el concepto de vida eterna, con lo que se acusa preferentemente el aspecto interno y vital del mismo en el alma, vinculado a la fe, junto con sus repercusiones religiosas sobre el mismo cuerpo --- San Juan 6:40 --- . Concepto que aquí se expresa bajo un doble acto de fe en el Padre y en Jesús.

Dice Jesús: Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo. Este conocimiento que aquí se dice constituir la vida eterna, es, en la enseñanza de San Juan, un conocimiento vital, íntimo y amoroso, no abstracto; es un conocimiento que es vida --- San Juan 3:14-21; 8:55; 10:15; 16:3 --- 

Luego Jesús ora al Padre por los apóstoles. Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, Comienza su oración presentando a los apóstoles, que, aun siendo de este mundo el Padre, por una elección, se los dio. Y El les manifestó su nombre, que está por persona, es decir, les enseñó el misterio de que, en aquel monoteísmo cerrado del Antiguo Testamento, había un Padre verdadero, del cual El es su Hijo.

Esta presentación tiene por objeto destacar los motivos que los recomiendan a la benevolencia del Padre en la oración que Jesús le va a dirigir por ellos.

Eran tuyos. Como criaturas y como piadosos israelitas que esperaban el Mesías. Y también lo eran por una elección que el Padre hizo de ellos para su misión apostólica --- San Juan 6:37.44.65 ---. Y me los diste. Estos hombres que así pertenecían privilegiadamente al Padre, se los dio a Jesús para que recibiesen de El su mensaje y fuesen sus apóstoles: los continuadores de su obra.

Dice Jesús: y ellos fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que tú me diste: Guardaron tu palabra. El mensaje de Jesús. Por eso Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, La frase quiere decir que todo lo que el Padre le dio: su filiación, su misión, sólo puede venir de El. Ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Este salí de ti no es ni la procesión eterna ni el simple venir como Mesías, sino, en el contexto de San Juan y en el de este mismo capítulo, es el salir del Padre por la encarnación.

Terminados los motivos que recomiendan al Padre a los apóstoles, por los que Jesús va a orar, comienza la oración propiamente dicha: Yo ruego por ellos, pero se añade que no ruego por el mundo, No es que lo excluya de su oración, pues por él muere --- San Juan 3:16 ---, sino que va a tener una oración exclusiva por sus apóstoles. Y alega también los motivos por los que ha de ser escuchada su oración, porque son tuyos, del Padre. Es el celo de Jesús en mirar con la solicitud máxima por todo lo que es del Padre. Y añade una frase que tiene una gran portada y un nuevo motivo para rogar por ellos: Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. 

Dice Jesús: y en ellos he sido glorificado. — El maestro es glorificado en los discípulos al reflejar éstos las enseñanzas recibidas. Tales son los apóstoles, máxime frente a la indiferencia u hostilidad del mundo y la deserción de sus enseñanzas de muchos discípulos --- San Juan 6:66 ---.

Dice Jesús: Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; Él va a la cruz; tan inminente, y yo vuelvo a ti, será que ya se considera fuera del mundo. Muy poco después será preso en Getsemaní. Pero ¡ellos se quedan huérfanos de su Pastor!

Jesús a rezado por nosotros, para que tengamos éxito en esta santificación propia, la oración de Jesús, será oída por el Padre, por tanto, no nos faltará la gracia, y con la gracia, todo resulta más fácil. Porque Jesús, pide que sus discípulos seamos santos, y ser santos, es pensar y amar como Jesús, y es vivir una lucha constante contra las inclinaciones que nos llevan al mal.

Oh Jesús, todo los que haces, nos maravilla.

La paz del Señor Sea con Ustedes

Por comprender esto, Gracias Señor