Reflexión bíblica

"Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas" Jn 12, 44-50

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

 

Nuevamente Jesús, nos da testimonio de que El no habla por sí, sino porque -- el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar -- así como también nos dice que: -- El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió --, de este modo es como Jesús quiere tengamos una profunda conciencia que el responde al Padre, así es como no deja de repetirnos la intima y estrecha unión que El tiene con el Padre. Jesús quiere hacernos ver que el vino hacer la misión que el Padre le ha encomendado.

Jesús nos dice el que cree en mi, como también el que me ve, cree en el que le ha enviado, ya que El se presenta como Enviado del Padre -- San Juan 1:18; 13:20 --. De este modo además, porque Jesús está en el Padre -- San Juan 10:38; 14:10ss; 17:21 --. Por eso, el que ve a Jesús ve en El al Padre (San Juan 14:7.9), ya que, donde está el Hijo, está el Padre, que le comunica su divinidad y le envía al mundo. Ver a Jesús con fe es ver al Padre en el Hijo.

Dice Jesús Yo soy la luz, porque vino al mundo como luz para que se pueda ver la verdad y no perezca el que crea en El -- San Juan 1:4; 3:19; 8:12; 9:5; 12:34; cf. San Juan 3:16b --; es la luz que llena y da la vida moral. A Los hombres no nos gusta vivir en las tinieblas, entonces buscamos con desesperación la luz, porque vivir en las tinieblas es vivir en el error y no divisar ningún resplandor, entonces el buen Jesús ha venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas. Como cristianos, queremos ser hijos y hermanos de la luz, caminar juntos y en la luz, recibir y dar la luz, es decir recibir con alegría la afirmación que nos hace Jesus para no permanecer en las tinieblas y aplicarla a nosotros mismos.

Dice Jesús: El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día. Entonces el nos expone cómo la palabra de El, en otras palabras el Evangelio, va a juzgar, y condenar al que no la reciba, pues hay que hacer la verdad, esto es, su verdad, -- San Juan 3:21 --. En el último día, escatología final, al que rechazó el mensaje de Jesús, su palabra, que es su verdad, la Buena Nueva será la que le juzgue y condene. La razón por que lo hará la palabra y no El, es porque no vino a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. En contraposición a lo que decían algunos judíos, que no veían en el Mesías más que un juez que, tomando al mundo tal como lo encontraba, sin hacerle intervenir en su salvación, lo juzgaba y condenaba, San Juan destaca en Jesús Mesías su misión salvadora.

Esta enseñanza judicial de la palabra no va contra otras enseñanzas en el evangelio de San Juan, en donde se dice que el que juzga es Jesús, puesto que el Padre le entregó a El todo el poder judicial sobre los seres humanos -- San Juan 5:22--. Jesús no condena sin más, pues vino a salvar. Pero es verdadero Juez del mundo. Si aquí se destaca la condenación por hacerse el juicio ante la palabra, es porque se quiere destacar el valor de ésta y lo que ésta significa para Jesús. Entonces es lo que expone el evangelista en el último grupo de ideas. La razón última de todo esto es como Jesús nos dice; Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó. Así, El no condena por sí mismo, sino por la palabra y ante su código, que es la voluntad del Padre. De aquí le viene este gran poder a la palabra -- San Juan 7:17; 14:10 --.

Se destaca, por último, el valor del testimonio del Padre: El sabe, presciencia de Jesús, que su precepto, es decir la palabra, es vida eterna, como ya lo había dicho anteriormente en San Juan 3:15.16.36; 5:24.40; 10:10.28. Así, este discurso de Jesús parece ser una síntesis de las enseñanzas fundamentales de Jesús. Este discurso es un programa esquemático, por qué se será condenado. Es la lucha entre la Luz y la ceguera voluntaria de los dirigentes de Israel.

Nosotros, desde muy pequeño hemos aprendido de donde venimos, y que somos de Dios, es decir venimos de Dios y vamos a Dios, en nuestro corazón de cristianos hemos atesorado esta verdad que nos ha hecho vivir con tranquilidad y paz, eso nos ha venido de luz que nos ha traído Jesucristo, eso es obra del amor. 

San Juan de la Cruz, nos ha enseñado que quien ha llegado a saborear la presencia de Dios en su interior y vive habitualmente en oración o atención amorosa, percibe en su vida los efectos de la obra que Dios va realizando en nosotros, porque muchas cosas suele Dios decir, enseñar y prometer, no para que entonces se entiendan ni se posean, sino, que cuando se consiga el efecto de ellas, porque es Dios el que va realizando la obra en el Alma.


Oh Jesús, todo los que haces, nos maravilla.



La paz del Señor Sea con Ustedes



Por comprender esto, Gracias Señor