Reflexión bíblica

"El Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas” Mc 12, 28b-34 

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

 

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: "¿Cuál es el primero de los mandamientos?".


Cuando leemos este fragmento del Evangelio en Mateo o en Lucas, el tono en que se hace la pregunta es muy diferente a Marcos, es cuestión de redacción, pero el tema en discusión es el mismo, el primer mandamiento. Marcos destaca el argumento en cual se afirma que Dios es único, por tanto exige la plenitud de amor y servicio. Pero en este amor a Dios va incluido el amor al prójimo, pero ampliado a todos los hombres, que entonces es algo distinto a lo que este concepto significaba hasta ese momento, en el cual para los judíos, el prójimo solo era el judío.

Se observa que se quiere ver la intención, resaltada, de una cuestión apologética contra el politeísmo del medio ambiente al que se dirige el evangelio de Marco y luego se hace ver que el amor al prójimo es mejor que todos los “holocaustos y sacrificios.” En esto, Marco se entronca con la línea de los profetas sobre la autenticidad del culto y la misericordia. A esta valoración del escriba que hace la pregunta, Jesús le responde que su rectitud moral le está aproximando al reino de Dios.

Dice el Evangelio que Jesús respondió: "El primero es: 'Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas'. 

Este es nuestro deber, “Amarás”, y con todo el corazón, sin ninguna restricción y con todo lo que nos da la vida, en efecto al decir con todo el corazón, es con todo lo nuestro, sin reservas, con todo tipo de sacrificios, con todo lo que nos hace vivir.

Al decir con toda el alma, es con toda la sensibilidad del amor divino, con toda el alma, es con el primer principio de nuestra vida, lo mas importante, la parte espiritual e inmortal, capaz de entender, querer y sentir, y que, junto con el cuerpo, constituye su esencia humana. 

Cuando dice con todas tus fuerzas, es algo ardientemente y no con tibieza, y añadimos para que no falte nada, con todo nuestro entendimiento, con toda nuestra mente, con la inteligencia y la reflexión, con la capacidad intelectual humana, con el pensamiento, mas allá de toda imaginación y voluntad. 

Esto es amar con todo lo que hemos recibido de Dios, por tanto con todo lo que podemos acercarnos a Dios y estar con El. Pero el amor divino no se aprende. En efecto, no aprendemos de otro a amar la vida, ni amar a nuestros padres, ni a nuestros amigos, ni mucho menos podemos aprender las reglas del amor divino. 

Hay en nosotros cierto sentimiento íntimo que nos inclina a amar a Dios. Todo el que obedece este sentimiento y practica la doctrina de los divinos preceptos, llega a la perfección de la divina gracia. Así entonces, amamos naturalmente el bien; amamos también a nuestros prójimos y parientes, y además damos espontáneamente a los hombres de bien, todo nuestro afecto. 

Así es, Dios es bueno, y todos deseamos lo bueno, lo que se perfecciona por nuestra voluntad reside naturalmente en nosotros. A El, aunque no le conozcamos, por su bondad y porque procedemos de El, tenemos obligación de amarle sobre todo. Este es nuestro más importante principio. Es también el mayor bien de todos los que se aman naturalmente. El primero y principal mandamiento es, por consiguiente, el del amor a Dios. El segundo, que completa al primero y es completado por El, nos manda amar al prójimo. Por eso decimos “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Recibimos de Dios las fuerzas necesarias para cumplir este precepto. Nada hay tan conforme con nuestra naturaleza como el comunicarse con los demás, favorecerse mutuamente y amar a los parientes y amigos.

Jesús, al ver que el escriba había respondido tan acertadamente, le dijo: "Tú no estás lejos del Reino de Dios". Como si le dijera conoces bien lo que debes hacer para salvarte. Pero nos basta con conocerlo en teoría para llegar a nuestra salvación, es preciso vivir lo que se conoce para llegar a la salvación.

El amor a Díos, y el amor al prójimo, sumados los dos, recopila y sintetiza toda la Ley, de estos preceptos las leyes restantes cobran mucho sentido.

Así es como Jesús, nos exige un amor total, El no aceptas un amor parcial o limitado, y lo mismo nos enseña y nos exige, la entrega y el amor, tanto a Dios como al prójimo. Eso quizás fue sorprendente para el escriba, Jesús puso al mismo nivel los dos mandamientos, y así lo aclara el evangelio de Mateo, cuando dice; “De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas".

Nosotros, los cristianos y seguidores de Jesús, debemos ser absolutamente contrarios a cualquier sentimiento acentuado de hostilidad, antipatía, rechazo y odio a los hombres, sin embargo es algo con lo que convivimos a diario, esta a la vista de cualquiera en la familia, en la amistad, con los vecinos, con los que piensan diferente, entre los políticos, entre las naciones y pueblos.

Esto es los que nos enseña Jesús, el hombre es imagen de Dios, y si tu amas a tu prójimo, amas a Dios, y si amas a Dios, lo amas también en el prójimo.

Estos preceptos son nuestros fundamentos de la vida cristiana, ambos basados en el amor, y por amor a Dios y al prójimo, juntos el mandamiento más grande de la Ley

Por comprender todo esto, Gracias Señor.