Mc 1, 12-15:
"El Espíritu llevó a Jesús al desierto, donde fue tentado por satanás durante cuarenta días"
1. DIOS DE BONDAD Y
MISERICORDIA AL HACER GRACIA A NOÉ PARA SALVAR A LA RAZA HUMANA.
Dios es el verdadero amigo del hombre, El no se olvida ni nos abandona, al
contrario, el hombre si le ha fallado en innumerables ocasiones, rompiendo la
amistad con Dios, como lo hizo en su momento Adán.
Sin embargo: “Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con
Dios" (G et S, 19), esto es desde la creación. Todo esto lo comprobamos a través
de los conmovedores diálogos que hay entre Dios y los hombres en Libro del
Génesis, y otros del Antiguo Testamento, y así disfrutar de los emocionantes
coloquios con un Dios que por sobre todo es Padre y que a pesar de hay relatos
trágicos, también los hay los que reflejan una profunda amistad con los hombres
que le son fieles.
"A mi parecer no es otra cosa oración sino tratar de amistad, estando muchas
veces tratando a solas con quien sabemos nos ama". (Santa Teresa de Jesús, Vida
8), esta es una de las definiciones que nos trae el catecismo sobre la
oración, (2709). En un leguaje nuevo podríamos decir también que es un
diálogo de amistad, o una conversación intima y personal con quien sabemos que
nos ama intensamente.
Dijo, pues, Dios a Noé:
“He decidido acabar con toda carne, porque la
tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he aquí que voy a
exterminarlos de la tierra.” (Génesis 6, 13)
La palabra carne tiene aquí el sentido de fragilidad y aun
de sensualidad: el hombre, bajo el pecado, se ha ido separando de Dios,
entregándose a las exigencias carnales de su cuerpo y olvidándose de sus valores
espirituales. Por eso Dios va a enviar el diluvio devastador.
(Comentario de la Biblia Nácar-Colunga).
Debemos fijarnos el modo tan cercano e intimo del diálogo
de Dios con Noe, “He decido”,
es una forma muy humana de expresarse, y además le confidencia su planes y que
se encuentra arrepentido de haber creado al hombre. Otro punto a destacar es la
justicia severísima de Dios para castigar la maldad humana. Sin embargo, a pesar
de todo, nuevamente se nos muestra un Dios de bondad y misericordia al hacer
gracia a Noé para salvar a la raza humana.
La humanidad había entrado por el camino de la maldad y todo sería exterminado,
pero como los animales habían sido creados para el hombre, serán parcialmente
salvados, todo esto por el amor que Dios tiene a los hombres.
2. YO ESTABLEZCO MI
ALIANZA CON USTEDES, CON SUS DESCENDIENTES
En un nueva Lectura del Génesis, (Gn 9, 8-15) Dios
dijo a Noé y a sus hijos: “Yo establezco mi
Alianza con ustedes, con sus descendientes, y con todos los seres vivientes que
están con ustedes: con los pájaros, el ganado y las fieras salvajes; con todos
los animales que salieron del arca, en una palabra, con todos los seres
vivientes que hay en la tierra.”
Adán, fue arrojado del paraíso, sin embargo Dios le
prometió un Salvador, Noé, salvado de las aguas que arrasaron a muchos mortales,
recibe de Dios la promesa: “Yo estableceré mi
Alianza con ustedes: los mortales ya no volverán a ser exterminados por las
aguas del Diluvio, ni habrá otro Diluvio para devastar la tierra”.
En este diálogo, Dios nos ofrece un gran pacto y como
señal nos ofrece: “Yo pongo mi arco en las
nubes, como un signo de mi Alianza con la tierra.”,
este es un arco de paz que une el cielo con la
tierra: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra
paz a los hombres en quienes él se complace.
(Lucas 2)
3. LAS AGUAS DEL
BAUTISMO DESTRUYENDO EL PECADO
Todo lo anterior, pasa a ser un símbolo de una
alianza superior, que será pactada en la sangre de Nuestro Señor Jesucristo. San
Pedro ( 1 Pt 3, 18-22), nos dice que: “Cristo
padeció una vez por los pecados –el justo por los injustos– para que, entregado
a la muerte en su carne y vivificado en el Espíritu, los llevara a ustedes a
Dios” y
luego recordando a los primeros cristianos “el
arca en la que unos pocos, es decir ocho personas, fueron salvados”,
explica: A ésta ahora corresponde el bautismo
que los salva. Las aguas del bautismo destruyendo el pecado —lo mismo que las
aguas del diluvio arrasaron a los hombres pecadores—, salvan al creyente
“por medio de la “Resurrección de Jesucristo”.
Más que Noé, es ciertamente el cristiano un
salvado por medio del agua; y no sobre la madera del arca sino sobre el madero
de la Cruz del Señor, en virtud de su muerte y resurrección.
La Cuaresma intenta especialmente despertar en el
cristiano el recuerdo del bautismo, que le purificó del pecado y le comprometió
a vivir con una buena conciencian, siendo fiel a la promesa de renunciar a
Satanás y servir a Dios solo. (Comentario de
Intimidad Divina, Padre Gabriel de SMM ocd.)
4. VIVÍA ENTRE LAS
FIERAS, Y LOS ÁNGELES LO SERVÍAN.
El relato Evangélico de la “tentación” según San Marcos, está reducido al
mínimum comparado con la amplitud de los relatos de San Mateo y San Lucas, hasta
se podría decir que es una insinuación al lo mismo. Sin embargo dos son los
puntos que interesan ante esta brevedad de este relato su especial descripción.
¿Qué significa este morar entre las fieras y que los ángeles le servían? Para
algunos sería un simple rasgo descriptivo de este relato, con el fin de
describir de este modo el lugar agreste donde Cristo moraba y se acentuaba su
soledad.
Por cierto, se sabe que en esta región del desierto del Jordán, aún se
encuentran bestias salvajes tales como víboras, cabras salvajes, gacelas,
águilas, y a la noche se oyen los aullidos de chacales y hienas. En tiempo de
Elíseo había en los bosques entre Jericó y Betel osos (4 Re 2:24). El mosaico de
Madaba (s. VI d.C.) pone en esta región leones. Y se observa que la fauna
selvática actual está muy empobrecida con relación a la de la época bíblica.
Otros lo presentan en una relación más lógica con las viejas experiencias de los
cuarenta años del desierto. La finalidad de estas tentaciones según San Mateo y
la de San Lucas, es manifiestamente mesiánica. Y era creencia en Israel que el
desierto sería lugar de acción mesiánica, y que de alguna manera se repetirían
en los días mesiánicos las experiencias las tentaciones del Éxodo. Por eso se
relaciona este morar entre bestias salvajes con las serpientes de fuego del
desierto (Dt 8:15; 32:10) y con la alimentación prodigiosa del maná (Dt 8:3;
29:5), llamado en la Sabiduría “pan de los ángeles” (Sal 78:24.25; Sab
16:20-21).
5. LA VICTORIA DE
CRISTO SOBRE SATÁN
Además se ha hecho ver que, en la tradición judía, la huida del diablo y el
dominio sobre las bestias salvajes son cosas unidas, como se revela en el
“Testamento de los doce Patriarcas”. Así, este rasgo del Evangelio de San Marcos
vendría a indicar la victoria de Cristo sobre Satán. Y con estos rasgos se
aludiría a las tentaciones mesiánicas de Cristo, relatadas con amplitud por San
Marcos y San Lucas: la victoria sobre Satanás y el “servicio” que los ángeles le
hicieron al terminar las tentaciones (Mt).
Se piensa también que, siendo Cristo el Mesías vaticinado por Isaías, en el que
se anuncia una creación nueva que implica la pacificación del reino animal,
pudiera también estar este rasgo de este relato evangélico, evocando esta
victoria mesiánica de Cristo y la ventaja de su restauración. Tanto más, que en
“la Escritura se unen y se evocan el anuncio de la nueva creación y la del nuevo
éxodo. Es lícito, pues, creer que, al mismo tiempo que en la estadía de los
hebreos en el desierto, el segundo evangelista piensa en la restauración de la
paz paradisíaca, cuando muestra a Jesús Mesías viviendo en compañía de fieras;
no hay lugar a temerlas, porque es una aserción bíblica constante, ilustrada
especialmente por el salmo 91, y que se aplica más aún al Mesías, que el ser
humano domina fácilmente al mundo inferior cuando se mantiene en amistad
perfecta con Dios y triunfa del mal moral. Situado como está en un contexto
escatológico, la fórmula evangélica “con las fieras” evoca especialmente el
pacto con las bestias salvajes que en Oseas (2:18) acompaña la restauración de
la Alianza.”
6. “EL ESPÍRITU
LLEVÓ A JESÚS AL DESIERTO, DONDE FUE TENTADO POR SATANÁS DURANTE CUARENTA DÍAS”.
Como ya había comentado, en este relato San Marco no nos
relata las diversas tentaciones que se relatan los otros Evangelios, tan sólo
nos narra que: “El Espíritu llevó a Jesús al
desierto, donde fue tentado por Satanás durante cuarenta días”.
Esto sucede inmediatamente después del bautismo en el Jordán: lo mismo que allí
Jesús quiso mezclarse entre los pecadores como si fuese uno más, necesitado de
purificación, también ahora en el desierto quiere hacerse semejante a ellos
hasta el límite máximo que permite su santidad, la tentación. Aceptando la lucha
con Satanás, de la cual ha de salir absolutamente victorioso, Jesús enseña que
ha venido a liberar al mundo del dominio del Maligno y al mismo tiempo merece
para todo hombre la fuerza con la que pueda vencer sus insidiosas tentaciones.
El cristiano, aunque bautizado, no está inmune de ellas; al contrario, a veces
cuanto más se empeña en servir a Dios con fervor, más procura Satanás trancarle
el camino, como hubiera querido trancársele a Jesús, para impedirle que
cumpliera su misión redentora.
Entonces, es necesario acudir a las mismas armas que usó
Cristo: penitencia, oración, conformidad perfecta con la voluntad del Padre:
“Está escrito: no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de
la boca de Dios” (Mt 4, 4). Quien es fiel a la palabra de Dios, quien se
alimenta constantemente de ella, no podrá ser vencido por el Maligno.
(Comentario de Intimidad Divina, Padre Gabriel de SMM
ocd.)
7. “EL TIEMPO ES
CUMPLIDO, Y EL REINO DE DIOS PRÓXIMO; HACED PENITENCIA Y CREED EN EL EVANGELIO.”
La “plenitud de los tiempos” (Gal 4:4) para el establecimiento del pleno reinado
de Dios, anunciado en las profecías, ya llegaba. Era la misión de Cristo al ir a
“sembrarlo” por toda Galilea.
La expresión “el tiempo es cumplido,” lo mismo que “el reino de Dios,” eran
frases teologales. En el ambiente judío evocaban, al punto, el mesianismo y las
maravillas a él anexas. Sin embargo parece que es discutido el sentido exacto de
la palabra, pues lo mismo puede significar que el reino de Dios “se aproxima” o
que ya “llegó.” En los evangelios, Cristo unas veces habla del reino como ya
llegado (lo identifica con su persona y sus actos) y otras lo deja ver como en
un próximo futuro.
Ante esta expectativa e inminencia, se nos piden dos cosas: “arrepentirse”, en
el sentido de cambiar de modo de pensar, dejando la mala conducta moral y lo que
pudiesen ser prejuicios de interpretación “tradicional” sobre el Mesías y “creed
en el Evangelio,” en la buena nueva que Cristo va a enseñar. Será la fe que
salva (Mc 16:16).
8. OREMOS
Consciente de cuán débil es el hombre, con el salmo (Sal 24, 4-5. 6. 7-9),
hacemos una súplica confiada al Señor para que nos enseñe sus caminos, a fin de
que guíe nuestros pasos, en especial por el camino de la paz.
Guía Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino
de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. Acuérdate,
Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. Por tu bondad, Señor,
acuérdate de mí según tu fidelidad. El Señor es bondadoso y recto: por eso
muestra el camino a los extraviados; él guía a los humildes para que obren
rectamente y enseña su camino a los pobres.