Mt 6, 1-6.16-18:
“Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas”
1.
JESÚS NO ENSEÑA CUALES SON LAS BUENAS ACTITUDES DE LOS CRISTIANOS Y CUALES SON
PROPIAS DE LOS FARISEOS.
Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de no practicar su justicia delante
de los hombres para ser vistos por ellos”: Estar atentos para evitar hacer
justicia con ostentosidad, es decir no se ha de practicar las buenas obras para
ser vistos por los hombres. La virtud se practica por amor a Dios. Sólo así se
tendrá “premio,” “recompensa” Pues “el que quiere hacer ostentación de su
virtud, no trabaja por la virtud, sino por la fama.” Por eso los que así obran
“recibieron” ya su recompensa.
2.
Y CUANDO DES LIMOSNA, NO LO VAYAS PREGONANDO
“Y cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los
hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres.”
El cuidado de los pobres era carga de la comunidad. En tiempo de Jesús, los
sábados se recogían en todas las sinagogas a la salida de las mismas las
aportaciones voluntarias. Este sistema era anónimo. Aparte de esta colecta
semanal se admitían dones voluntarios. Los fariseos solían dar limosna con gran
ostentación a los pobres encontrados en los caminos o reunidos en plazas con
motivo de alguna solemnidad. Y hasta parece que para excitar la generosidad se
había introducido la costumbre de proclamar los nombres de los donantes, sea en
las reuniones sinagogales, sea en las calles o plazas con ocasión de alguna
solemnidad especial, ante las gentes reunidas (Eclo 31:11).
“Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha,
para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te
recompensará.”
Rabí Eleazar (c.270 d.C.), decía: “Quien da limosna en lo oculto es más grande
que nuestro maestro Moisés.” No se trata de la “vida interior” frente a la
exterior. Es el “espíritu” de la obra lo que se destaca. El espíritu cristiano
de la enseñanza no exige naturalmente el cumplimiento material de lo que se
expresa. No es tanto la materialidad de la realización lo que se censura, sino
la intención con que se hace. En otro pasaje que recoge Mateos, Jesús hará ver
que el mérito de la limosna no está tanto en la cantidad de ésta cuanto en el
espíritu y amor a Dios que en ella se ponga (Mt 12:41-43).
3.
CUANDO USTEDES OREN, NO HAGAN COMO LOS HIPÓCRITAS
“Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de
pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los
hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando
ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo
secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.”
"¡Qué grande es el poder de la oración!.
Se diría que es una reina que en todo momento tiene acceso directo al rey y
puede conseguir todo lo que le pide." (Santa Teresita de Lisieux)
Jesús, censura y expone cuál ha de ser el espíritu cristiano de sus discípulos
en la oración. Todo judío piadoso varón había de orar tres veces al día, sobre
las nueve de la mañana, mediodía y sobre las tres de la tarde; Generalmente se
oraba de pie, pero también era frecuente orar de rodillas. Se solía orar
tendidos los brazos al cielo, e incluso vueltas las palmas de las manos, como
esperando el don que esperaba recibirse.
Mas para el fariseo —“hipócrita” — también la oración era motivo para su
vanidad. Les gustaba orar ostentosamente en las “sinagogas,” en el templo —
también estaba permitida la oración en cualquier lugar puro — y en los ángulos
de las plazas, probablemente para no ser interrumpidos en su exhibicionista
oración por los transeúntes y bestias de carga. Jesucristo los describe diciendo
el modo que oran “estando de pie.”Lo que se censura no es la posición, máxime
cuando generalmente se oraba de pie, sino el modo exhibicionista con que oraban,
es decir en pose. Con ello ya recibieron su recompensa al ser vistos por los
hombres, por quienes lo hicieron.
4.
LA ORACIÓN CRISTIANA EXIGE COMO CONDICIÓN LA SINCERIDAD Y SENCILLEZ
Nuestra actitud cristiana de orar, en contraste con el estilo de los fariseos,
la hacemos dentro de la “habitación y, cerrada la puerta, oramos al Padre,
intimamente, El ve en lo secreto, el siempre nos oirá. Lo que Jesús censura es
la oración público-exhibicionista farisaica, y el contraste se presenta en el
retiro privado del hogar. No se trata de censurar la oración pública — no es
éste su objetivo —, que Jesús mismo recomendó en otras ocasiones. Se busca a
Dios, que está en todas partes, no la exhibición.
También la oración cristiana exige como condición la sinceridad y sencillez, sin
la “charlatanería” en la oración, esto es diciendo cosas vanas o inútiles, sea
pretendiendo recitar unas fórmulas largas o calculadas, como si ellas tuviesen
una eficacia mágica ante Dios. No es ésta la actitud cristiana en la oración,
pues Dios conoce las cosas de las cuales tenemos necesidad antes de que se las
pidamos.” Porque la oración no es locuacidad, sino el corazón volcado en Dios.
"No poseo el valor para buscar plegarias hermosas en los libros; al no saber
cuales escoger, reacciono como los niños; le digo sencillamente al buen Dios lo
que necesito, y Él siempre me comprende." (Santa Teresita de Lisieux)
No pretende Jesús con esta enseñanza condenar la oración larga. No es éste el
propósito de su enseñanza. La censura va contra la mecanización formulista o
semimágica de la oración. Ni va contra la extensión de la oración. El mismo, en
Getsemani, dio ejemplo de oración larga, al permanecer en la misma “una hora” de
oración (Mt 26:39.42.44, par.), lo mismo que al pasarse, en ocasiones, la noche
en oración.
5.
SOBRE LA ORACIÓN
Santa Teresa de Jesús nos dice “quien ha comenzado a hacer oración, no la deje,
pues la oración es el remedio para tornarse a remediar y sin oración será mucho
más difícil.” (V 8, 5).Y luego nos define que la oración como: tratar de amistad
estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama (V 8, 5) y Santa
Teresita de Lisieux nos dice que: "Para mí, la Oración es un impulso del
corazón, una simple mirada dirigida al cielo, un grito de agradecimiento y de
amor, tanto en medio del sufrimiento como en medio de la alegría. En una palabra
es algo grande, algo sobrenatural que me dilata el alma y me une a JESÚS."
6.
JESÚS NO HABLA DEL ESPÍRITU CRISTIANO A PROPÓSITO DEL AYUNO
Dice Jesús: “Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los
hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. Les
aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.”
Otro de los casos en que Jesús no habla del espíritu cristiano es a propósito
del ayuno, de tanta importancia en el judaísmo y cristianismo.
En aquel tiempo los judíos tenían prescrito un ayuno obligatorio para todos en
el día de Kippur, día de la gran expiación (Lev 16:29), día del ayuno por
excelencia (Act 27:9). Pero había también otros ayunos supererogatorios, que
vinieron a incorporarse a la práctica colectiva de la vida piadosa. Algunos
fariseos ayunaban todo el año. En los días más severos estaba prohibido saludar,
y por eso se caminaba con la cabeza baja y, a veces, velada. En otros ayunos
secundarios se prohibía trabajar, tomar baños, ungirse con perfumes y llevar
calzado. En este ambiente, todavía había quienes, deseosos de ser vistos por los
hombres y cobrar fama de virtuosos por sus ayunos, querían acusar esto en la
cara, ensombreciendo ésta y presentándose “entristecidos.” Este ayuno era total
hasta la puesta del sol.
Nuevamente ante este cuadro exhibicionista de los fariseos, Jesús nos presenta
el espíritu del ayuno cristiano. Y lo presenta con las hipérboles orientales de
contraste, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno
no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu
Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Hecho sólo por Dios, El lo verá y
“premiará.”
Jesús nos ha enseñado a través de este evangelio, un principio importante, no
debemos buscar la recompensa en la opinión de los hombres, El lo repite
insistentemente, por tanto, nuestra buenas obras la hacemos por amor a Dios, sin
preocuparnos si los demás la aprueban o no. Obramos por Dios, por amor y por
fidelidad a EL, si lo hacemos así en conciencia, podremos esperar la recompensa
del Padre por nuestro buen actuar.
Nuestro Buen Padre, esta presente en toda nuestra vida, el sabe lo que hacemos y
por que lo hacemos.