Reflexión Bíblica

“Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre” Mc 10, 1-12 
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

 

Comienza este capitulo. “Partiendo de allí, vinieron a los confines de la Judea y de la Perca, Después de una breve indicación geográfica, san Marcos, recoge la escena en que los fariseos le preguntan, “tentándole,” sobre la licitud del divorcio. Pero omite lo que el Evangelio de san Mateo resalta: si se puede hacer por cualquier causa. Era tema discutido en las escuelas rabínicas de aquel tiempo, sin embargo san Marco lo omite. Sólo le interesa enseñar la absoluta indisolubilidad del matrimonio.

Además, san Marcos trae como propio las preguntas que sobre el tema le hacen los discípulos en casa. Igualmente plantea el divorcio desde el punto de vista de la mujer, parte del derecho greco-romano, que también estaba algún tanto en uso, mientras que san Mateo se atiene a la iniciativa del hombre, conforme a la ley judía.

Dice el Evangelio que: “Llegándosele fariseos, le preguntaron, tentándole.” Los fariseos, que se caracterizaban por su rigor y austeridad en el cumplimiento de la letra de la ley y en la atención a los aspectos externos de los preceptos religiosos se acercaron a Jesús para ponerlo a prueba, entonces le preguntaron:"¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?".

Como vemos la escena surge presentada a Jesús por un grupo de fariseos y sabemos que sus intenciones eran, ya muy de antes, manifiestamente hostiles contra El. Y esto mismo se declara aquí, querían ponerlo a prueba. Le van a presentar, con el fin de enemistarle, una cuestión que era entonces muy debatida.

En la Ley se leía lo siguiente: “Si un hombre toma una mujer y es su marido, y ésta luego no le agrada, porque ha notado en ella algo indecoroso le escribirá el libelo de repudio. Una vez que salió de la casa de él, podrá ella ser mujer de otro hombre” (Dt 24:1-2).

Este texto de la Ley era sumamente discutido en las escuelas de interpretación judía. Para algunos bastaba cualquier motivo, incluso el más intrascendente o caprichoso, como el no haberle preparado bien la comida. El mismo hecho de encontrar otra mujer más hermosa, era a veces motivo de divorcio, se decía “que se podía divorciar” incluso si halló una mujer más hermosa, pues en el Deuteronomio se dice: “Si ella no encuentra gracia a sus ojos” sin restricción alguna. Josefo repudia a su mujer, madre ya de tres hijos, porque no le agradaban sus costumbres. Acaso estos fariseos, reflejando este ambiente y buscando tentarle, le presentan la cuestión de si es lícito repudiar — verdadero divorcio — a la mujer por cualquier causa. Literalmente, “darle libelo de repudio,” el llamado “escrito de divorcio” 

Cuando hablamos de algo lícito, es porque esta permitido por la ley, pero aquí esta pregunta la orientación es, si es justo desde el punto de vista de la razón o de la moral, la pregunta es hecha de manera que no se refiera al divorcio simplemente, sino al divorcio y como se dice en san Mateo “por cualquier causa”, queriendo obligar a Jesús a que opine sobre la disputa entre si permitía el divorcio literalmente por cualquier razón o causa, o sólo por causa de adulterio.

Pero Jesús los desconcierta exponiendo una vía distinta, que era la de la revelación primitiva. En el Génesis se expone claramente la creación de los dos sexos y la unión inseparable de ellos. “De manera que ya no son dos, sino una sola carne” en el sentido de una persona; “y una sola carne” no se puede dividir sin matarla. Y Así es como Jesús afirma categóricamente sobre lo indisoluble del vínculo matrimonial, revalidando la dignidad del matrimonio, rechazando la teoría del repudio, y restaura el derecho en su sentido original, sin dejar de recordar que Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón, pero al principio no era así. 

De este modo, Jesús pronuncia una sentencia definitiva, restituyendo el matrimonio a su indisolubilidad primitiva: “Lo que Dios unió, no lo separe el hombre.” La palabra de Jesús situó la verdad de las cosas. Moisés, en efecto, “permitió” el repudio, no lo “mandó.” Pero “en un principio no sucedía así.” El matrimonio, aludiendo al Génesis, se enseña que es de institución divina. El matrimonio en su institución creadora, por su naturaleza, era indisoluble. Y si Moisés hizo esto, sólo lo permitió, fue una concesión que se autorizó, como una dispensa temporal, a causa de la dureza del corazón y del carácter duro. Pero aquel paréntesis de concesión ya terminó. 

El amor que nos prometemos al casarnos, es un amor para siempre, de lo contrario no estaríamos siendo honestos y sinceros, por tanto el amor tampoco seria verdadero. Como humanos, por lo general somos inconstantes, y tenemos facilidad para el cambio, en especial con el carácter de persona, y esta forma de ser voluble, es una amenaza para la permanencia del amor. Entonces la intervención de Dios en nuestra unión como esposos, es garantía de indisolubilidad de este sacramento. Esta es una obra de la creación, es obra de Dios, en la que los hombres no podemos intervenir.

Sin embargo, muchas veces concientes que la unidad y la indisolubilidad del matrimonio son dos cualidades establecidas por Dios, se le exige intervención a la Iglesia e incluso se le hace ver que es demasiado terca, firme, perseverante o excesivamente tenaz en este propósito, pero con lo que nos dice Jesús, significa que ni la misma Iglesia puede intervenir, por tanto, lo que debemos comprender que lo que esta haciendo es ser fiel a lo mandado por Dios.

Vueltos a casa, de nuevo le preguntaron sobre esto los discípulos; y El les dijo: El que repudia a su mujer y se casa con otra, adultera contra aquélla; y si la mujer repudia al marido y se casa con otro, comete adulterio. Jesús quiere devolver a la ley divina, su primitivo vigor. La respuesta de Jesús al tema de la indisolubilidad del matrimonio fue tan tajante, que causó verdadera sorpresa en los discípulos.

Es cierto que muchas veces el matrimonio no es algo fácil, en otras palabras tiene su cruz y en ocasiones muy pesada, más aún si se mira como algo del cuerpo y de sus instintos, o relacionado con ellos, esto es carnal, pero si al contrario, si lo miramos con algo más de espíritu, y tomamos conciencia de que es un gran sacramento, descubriremos la riqueza del matrimonio.

Por comprender esto, “Gracias Señor