Reflexión Bíblica

“Pues el que os diere un vaso de agua en razón de discípulos de Cristo, os digo en verdad que no perderá su recompensa” Marcos 9, 41-50

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

 

Este relato comienza con esta frase hermosa en su contexto: “Pues el que os diere un vaso de agua en razón de discípulos de Cristo, os digo en verdad que no perderá su recompensa”; El amor a Cristo trae premio en las acciones más pequeñas hechas a uno “porque sois de Cristo,” es decir “discípulos de Cristo.” Se contenta el Señor con esta frase al decirnos que le pertenecemos, como debe alegrarse ver que sus discípulos seamos capaces de dar un vaso de agua a quien lo necesita, o cualquier gesto humanitario, más se debe contentar si lo hacemos como El, con natural inclinación a la bondad. 

El ideal de Dios es que seamos todos hombres buenos, nada cuesta hacerlo. Pero, si la caridad hecha por Cristo trae premio, este amor al prójimo que “cree” en El, en su misión y en su reino, exige evitar el escándalo, por eso nos dice: “y el que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen, mejor le sería que le echasen al cuello una piedra de molino o una muela asnal y le arrojasen al mar” Estos pequeñuelos no es preciso que sean los niños, sino los desvalidos o humildes, la gente sencilla, esa una forma aramaica para indicar lo menor, al contrario del castigo que merece, que es una formulación amplificada o hiperbólica, y sólo quiere indicar la gravedad del escándalo.

La gravedad del escándalo se expone con el grafismo oriental. El amor al prójimo exige desearle el bien, y el escandaloso lo empuja al mal. Sapiencialmente hablando, esto le condena. Por eso, le valía más que lo arrojaran al mar — con el grafismo descriptivo que utiliza, y que eran formas usuales de decir, que no a la gehenna (infierno). Dada la enorme gravedad del escándalo, se expone la necesidad de prevenirse contra él. Lo que se expone con unas hipérboles (amplificaciones) que sugieren, con su extremismo didáctico, el verdadero pensamiento. Si a una persona la escandaliza el “pie,” la “mano” o el “ojo,” vale más cortarlos y echarlos de sí que entrar con todos los miembros en el infierno. 

Naturalmente, no quiere decirse que esto se realice materialmente. Si escandaliza un ojo y se lo corta, queda el otro para seguir escandalizando. La comparación está hecha sobre un principio de la ley natural: hay que sacrificar la parte por el todo. Aquí, con este aviso, se alerta sobre la gravedad del escándalo, y el castigo que le corresponde en orden a evitarlo, en otras palabras es decir los más grandes sacrificios. En efecto, todo aquello que es ocasión de pecado hay que suprimirlo radicalmente. De mismo modo es una invitación a tomar conciencia que debemos erradicar y romper con cualquier obstáculo para entrar al Reino de los Cielos.

El lugar del castigo es el infierno o “gehenna de fuego.” Era el concepto judío del lugar y castigo de los pecados. En el lenguaje evangélico, la gehenna vino a ser el símbolo del infierno de los condenados.

Dice el Evangelio al final del relato: “Porque todos han de ser salados al fuego. Buena es la sal; pero, si la sal se hace sosa, ¿con qué se salará? Tened sal en vosotros y vivid en paz unos con otros” Estos versículos, son propios de san Marcos, presentan dificultad de comprenderse al compararlos con lo que se dice en Mateo (5:13), los discípulos son “sal de la tierra” por el condimento que van a aportar con la doctrina de Cristo. Pero aquí el sentido es distinto.

No se puede pensar en un sentido peyorativo, que “todos han de ser salados al fuego,” como castigo en el infierno, porque en lo que sigue se habla bien de esta sal: “buena es la sal.”

“Salar por fuego” es purificar. Puestos estos versículos en función del contexto que terminan, indican una prolongación, un poco sapiencial, de evitar el escándalo. Posiblemente esta sal y fuego evoquen los elementos sacrificiales complementarios del templo, que se ofrecían a Yahvé, entre ellos la sal (Lev 2:73). Así preparados los sacrificios, eran gratos a Dios. Así, el discípulo de Cristo ha de saber ofrecer su sacrificio en sí mismo, ”sal de la tierra”, con mortificación y renunciación. Del mismo modo, para aclarar más el concepto, si alguien tiene que ser la sal del mundo, hemos de ser nosotros, nuestra razón de ser es precisamente eso, “Purificar al Mundo”, que es lo que nos hará tener paz entre todos. Paz, como en el sentido semita, que es sinónimo de todos los bienes, que aquí es el gran bien mesiánico. Todo es poco para no impedir la entrada o la estancia en el reino. O acaso tenga un sentido más amplio y menos alusivo: como la sal hace agradable la comida, se exige del discípulo de Cristo, en su vida social, tener todo eso que sea necesario para tener la paz y con todos, es decir vivir en paz los unos con lo otros, y si es el caso de que no tenemos paz con alguien, no esperemos que el venga, vayamos nosotros a dársela.

Por comprender esto, “Gracias Señor