Reflexión Bíblica
¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? Mc 6, 1-6
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
En aquel tiempo, fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga de su pueblo, Nazaret. Jesús se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados, sin embargo de entre sus mismos coterráneos, celosas palabras de admiración escandalosa brotan de ellos; ¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? Esto que sucede en esta escena sigue siendo habitual, no concebimos posible que alguien que convive con nosotros pueda ser mejor o que tenga cualidades extraordinarias.
Siempre habrá grandes cualidades que admirar en las personas que nos rodean, y no tiene sentido escandalizarse y entristecerse porque son mejores, ya que no podemos ser nosotros los mejores en todos los aspectos, admirar cualidades de los demás es un hermoso sentimiento, y para los envidiosos una amargura.
Si nosotros vemos en esta expresión ¿de donde le vienen?, incomprensión, especialmente porque conocemos a Cristo, hagamos un esfuerzo por captar lo bueno y positivo que hay en quienes nos rodean, y así, buscar que en nosotros haya capacidad de admiración por la gente a la que conocemos.
¿No es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón?, se preguntan sus paisanos, como queriendo decir que los que son hijos de un artesano, no pueden mostrar sabiduría. Es conocido como sufre aquel que siente celos y envidia porque uno de condición mas humilde es mas alabado, seguramente porque piensa que la gloria que se le tributa se la están robando a él, entonces sus mal corazón intenta calmar este dolor despreciando el origen de quien sobresale mas que él.
Y Jesús era para ellos fue un motivo de escándalo. Entonces les dijo: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro; sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos.
Jesús, estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Así fue como Cristo, dejo a los suyos y se fue a predicar a otro lugar, y esto para nosotros hoy debiera entristecernos mucho, que EL no abandone por nuestra falta fe, es así como pongamos todo lo necesario de nuestra parte para que el Señor nunca nos deje, y para que esto no ocurra nuestra fe debe ser honesta y sincera.
También nos esta enseñando este Evangelio, que no podemos amar al Señor, si sentimos desprecio por algún hermano, especialmente si en el miramos su condición social, económica o racial.
Hagamos un esfuerzo para no juzgar a los demás por las apariencias, y sepamos ver en otros su coherencia de vida, la rectitud de su espíritu, su calidad humana, capacidad de justicia, su sabiduría y que sea para nosotros un ejemplo su camino de santidad.
En este Evangelio, Jesús nos hace ver como nuestra ceguera espiritual no nos deja ver sus obras salvadoras, que el nos esta mostrando su voluntad y no somos capaces de verla, ¿esta contrariando nuestros gustos?, ¿nos esta delatando nuestra soberbia?.
Mi papa carpintero y obrero de su parroquia
Como vivencia personal, mi padre fue carpintero, el oficio de san José, el aún vive con ochenta años de edad y junto a mi madre ya 57 años casados, tuvo seis hijos, el siempre ha participado en la celebración de la Eucaristía cada domingo. Me imagino que cuando esta sentado en el templo, observa el trabajo que se dejo hacer a través de sus manos en bancos y altares que hay en la parroquia, la misma en la cual se caso, bautizo a sus hijos y vio casarse a otros y donde me enseño amar a la Iglesia y enardecerme de amor por Jesús, me enorgullece su calidad humana, su carácter afectuoso, su inclinación a hacer el bien, la fuerza de su fe, y su amor al Señor. Me siento feliz de que mi papa haya sido carpintero.