San Mateo 7, 21. 24-27:
“No todo el que me dice “¡Señor, Señor!” entrará en el Reino de los cielos”Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
1. NO BASTA “CREER” LO QUE JESÚS ENSEÑA, HAY QUE PONERLO POR “OBRA.”
Si se comprenden los profetas verdaderos y falsos, también se pueden entender los cristianos falsos y verdaderos. No basta “creer” lo que Jesús enseña, hay que ponerlo por “obra.”
La doctrina que aquí se enseña afecta a toda la obra del Reino. ¿Quién “entrará en el Reino de los cielos” “El que hace la voluntad de mi Padre”. El plan que trazó el Padre sobre el Reino tiene creencias y exige obras. No basta un ingreso idealista y soñador. No basta decir: “¡Señor, Señor!”
En su momento histórico estas palabras de Jesús deben referirse a algún tipo de cristianos que ya había ingresado en el Reino, pero cuyas obras no respondían a su fe, o si no es un aviso programático para los que fuesen a ingresar, para que supiesen que su “justicia” tenía que “superar a la de los escribas y fariseos” (Mt 5:20), porque de ellos dice: Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. (Mateo (SBJ) 23,3).
2. LO QUE EVANGELIZA AL HOMBRE ES EL EVANGELIO
Lo que evangeliza al hombre es el Evangelio, porque evangelizar es convertir, cristianizar, reconciliar, enseñar y así nos lo pidió Cristo: "Id y enseñad a todas las naciones" (Mt 28,19) ,¿pero enseñad que? El Evangelio de Jesucristo. La salvación, llega a través de la Revelación comunicada al mundo por Cristo, El es Verdad y Luz que da Vida Eterna. (Jn 14,6-10). El es el Pan de la Vida, la Luz del Mundo, la Puerta, la Resurrección, el Camino, El glorifica al Padre. Jesucristo le da un sentido nuevo a nuestra vida, vino a salvarnos, se quedó con nosotros, "Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos, me serviréis de testigos hasta los confines de la Tierra" (Hech 1,8).
3. EL CRISTIANO AUTÉNTICO
La autenticidad cristiana en el Reino está en las obras. “Aquel, pues, que escucha mis palabras y las pone por obra” es el cristiano auténtico. Ni vale como excusa el haber “profetizado en tu nombre” o el haber exorcizado “demonios” o el haber hecho “milagros” (v.22). No sólo los apóstoles, sino también otros “discípulos” habían recibido estos poderes “carismáticos” (Lc 10:1-9.17-20). Entonces debe de tratarse de algunos discípulos que estuvieron unidos a El, pero que no tuvieron una entrega plena al mismo (Jn 6:60-64).
4. “LA FE SIN OBRAS ES FE MUERTA” (SANT 2:17; 2:14-26)
A quien se dirige este relato?, en el versículo 22 relata “Muchos me dirán aquel Día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" , pero también a la hora de la composición del evangelio, la sentencia debe de estar recogida para censurar además, concretamente, a grupos cristianos que, dotados de “carismas” - profecías, exorcismos, o milagros -, confiaban en ellos como garantía de su auténtico cristianismo. Podían ser grupos o personas al estilo de los “carismáticos” de Corinto (1 Cor c.12-14). San Pablo dirá que si uno tuviese profecías, o actos heroicos, milagros, y no tuviese caridad, “nada soy” (1 Cor 13:1-3). Ante la perspectiva de estos cristianos idealistas de la Iglesia primitiva, Mateo trae esta sentencia del Señor con una oportunidad excelente. Como dirá la carta de Santiago: “La fe sin obras es fe muerta” (Sant 2:17)
5. MI PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO.
Y así es como Jesús no enseña, “No todo el que me dice “¡Señor, Señor!” entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Jesús llamó a su Padre “mi Padre” en sentido excepcional. Cuando habla para otros dice “vuestro Padre,” o “tu Padre,” pero, al contraponerle con El, es “mi Padre.” Mt, que confiesa en su evangelio la divinidad de Jesús (Mt 12:6.8; 11,), con esta expresión habla de su filiación divina.
6. UNA PARÁBOLA EN DOS IMÁGENES ENCONTRADAS
Jesús ilustra y confirma la enseñanza propuesta. La descripción de Mateo no sólo es literariamente bella, sino que refleja exactamente el medio ambiente palestino. Su descripción tiende a ilustrar genéricamente la idea central de los que, “oyendo” la palabra de Jesús, luego no la practican o no la ponen por obra. Aparte que Jesús dice: “El que escucha mis palabras y las pone por obra, se puede comparar”. Por eso toda precisión o matiz en este sentido no pasa de ser una alegorización subjetiva por “adaptación,” como los que veían en la “lluvia” las tentaciones carnales, en los “ríos” la avaricia, en los “vientos” la vanagloria y soberbia, etc.
7. IMÁGENES MÁS O MENOS SEMEJANTES
En la literatura rabínica se encuentran imágenes más o menos semejantes para tratar la siguiente cuestión: “¿Qué es más grande, el estudio (de la Ley) o la práctica (de la misma)? Rabí Tarfín: la práctica es más grande. Rabí Aqiba: el estudio es más grande” Y Elíseo bar Abuya decía que el que hace muchas obras y estudia mucho la Ley se podría comparar a un hombre que da a su obra un cimiento de piedras y encima construye con ladrillos; por eso cuando sobreviene una gran inundación no le conmueven las piedras. Pero el que estudia mucho la Ley es como el que pone por cimientos ladrillos y construye encima con piedras; a esto basta una pequeña inundación para que todo se derrumbe. (Comentario Biblia Nacar-Colunga).
8. EL QUE “OYE” Y “PRACTICA” LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS
El que “oye” y “practica” las enseñanzas de Jesús es semejante a una persona sensata, es decir prudente. No se trata en este contexto bíblico del hombre inteligente o intuitivo, con un gran sentido práctico, sino del que cree y obedece estas enseñanzas del Señor y, en general, el que hace esto con el Evangelio. Este término se contrapone al insensato o necio y significa aquí ligero, en la práctica de su vida religiosa.
La conclusión es clara: la vida cristiana está sólidamente construida, como el edificio bien cimentado, si la fe se traduce en hechos, no en expresiones de deseos. En ello va la condena de una cierto inacción religiosa; posiblemente bastante acentuada en ciertas comunidades cristianas: ¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: Tengo fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? (Santiago (SBJ) 2,14), Porque así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta. (Santiago (SBJ) 2,26)
Jesús nos dijo: Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la Practican (Lc 11, 28)
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
(Nota: Para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, SBNC y/o Biblia de Jerusalén