Reflexión Bíblica
No son los que me dicen: Señor, Señor, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo
Mt 7, 21-29Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
Jesús dijo a sus discípulos: No son los que me dicen: Señor, Señor, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Si se descubren los profetas verdaderos y falsos, también se pueden distinguir los cristianos falsos y verdaderos. No basta creer lo que Jesús enseña, hay que ponerlo por obra. En los hombres justos, la justicia tenía que superar a la de los escribas y fariseos (Mt 5:20), porque de ellos dice: Haced y guardad lo que os digan. Pero no los imitéis en las obras, porque ellos dicen y no hacen (Mt 23:3). El control de autenticidad cristiana en el Reino está en las obras. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, es el cristiano auténtico. Ni vale como excusa el haber profetizado en su nombre o el haber exorcizado demonios o el haber hecho milagros.
San Pablo dirá que si uno tuviese profecías, o actos heroicos, milagros, y no tuviese caridad, nada soy (1 Cor 13:1-3). La epístola de Santiago dice: La fe sin obras es fe muerta (Sant 2:17; 2:14-26) 27.
Nuestro Señor Jesús, nos advierte en este fragmento del evangelio, como reconocer a aquellos que aparentan llevar una buena vida en las palabras, pero en los hechos y en sus obras no son ejemplos de nada. Esto, porque los hechos y las palabras son necesarias de cumplir por igual a los que sirven al Señor. Y aún hay más exigencia, una y otra cosa son necesarias, pero estas deben ir acompañada de de la aceptación y del cumplimiento de la voluntad de Dios.
Es necesario entonces estar atentos para distinguir de los buenos y los malos maestros. Debemos en otras palabras, cuidarnos de nos ser engañados por los que hablan en nombre de Cristo, pero entienden mal las verdaderas enseñanzas y las acomodan a su manera y sus estatus de vida.
Así es, como si confesamos nuestra fe, debemos vivir nuestra fe, es decir vivir según la palabra de Jesucristo, si no es así, no entraremos al Reino de los Cielos. El camino del Reino de los Cielos, incluye aceptación y obediencia a los propósitos y planes de Dios, y no se esta caminando por El, por el solo hecho de repetir sus nombre.
Jesús vino a cumplir la voluntad del Padre. No es otra la voluntad del Hijo que la del Padre que esta en los cielos, son palabras que hemos oído con mucho énfasis de Jesús. Pongamos nosotros el mismo empeño, el mismo interés y esfuerzo en imitar a Jesús, aceptando y haciendo la voluntad del Padre en los hechos y las palabras. Pero no dejemos de tener presente, que para pertenecer al Reino, no basta con invocar al Señor, auque sintamos que lo hacemos con fe viva, es indispensable cumplir la voluntad de Dios y hacer una vida coherente a los principios y enseñanzas de Jesucristo.
Jesús ilustra y confirma la enseñanza propuesta. La imagen es una parábola, la descripción que hace san Mateo, no sólo es literariamente bella, sino que refleja exactamente el medio ambiente palestino. Su relato tiende a ilustrar genéricamente la idea central de los que, oyendo la palabra de Jesús, luego no la practican o no la ponen por obra.
Dice Jesús; Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, porque estaba construida sobre roca. Esto es frente a muchas dificultades, nuestra fe y nuestros principios no han de caerse y nuestra Iglesia permanece firme. La lluvia, representa el elemento que al unirse con la arena arrastra nuestros principios, pero si cae sobre roca, no le hace mella, los torrentes, representan los impulsos de avaricia, los vientos las soberbias. Estamos expuestos a encontrarnos con muchas dificultades, toda clase de peligros contra nuestra fe, pero el que se funda sobre Cristo, permanece en pie y ninguna adversidad lo derriba.
Nos dice Jesús: Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica puede compararse a un hombre sensato--- Es decir el que oye y practica sus enseñanzas, es semejante a un varón prudente. Pero no se trata de alguien inteligente o intuitivo, con un gran sentido práctico, sino del que cree y obedece sus enseñanzas, el que pone en práctica los Evangelios, el que lleva en la práctica de su vida una vida religiosa.
La conclusión es clara: la vida cristiana está sólidamente construida, como el edificio bien cimentado, si la fe se traduce en hechos, no en expresiones de deseos.
Pongamos entonces el Hágase tu voluntad que rezamos cada día en practica y disposición de cumplirla, viviendo siempre conforme a ella y para que no nos sea tan difícil, alimentemos nuestro corazón de la Palabra de Dios con la lectura y comprensión de los Evangelios, para que sepamos bien lo que nos dice el Señor y que es lo que nos pide.
Jesús nos dijo: Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la Practican (Lc 11, 28)
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, la multitud estaba asombrada de su enseñanza, porque él les enseñaba
En varias ocasiones los evangelios recogen la admiración de las gentes ante las obras o dichos de Jesús: su palabra, que acusa la autoridad que tenía para expulsar demonios (Lc 4:36); pero aquí el motivo es por su doctrina y por el modo como la enseñaba: como quien tiene autoridad y no como sus escribas.
El procedimiento didáctico de los escribas y doctores era todo lo opuesto a la enseñanza de Jesús. Para enseñar oficialmente hacía falta haber sido discípulo de algún rabino y haber sido autorizado oficialmente, mediante la imposición de manos, para enseñar en Israel. Jesús, que no había sido discípulo de ningún rabí, ni había recibido esta investidura oficial de la Sinagoga (Jn 7:15), se presenta como verdadero Maestro y con autoridad propia. En este discurso san Mateo, sintetiza el poder y grandeza magisterial de Jesús en su vida docente.
En la conversación de Jesús con la Samaritana, le dirá a El: “Yo sé que el Mesías está para venir y que, cuando El venga, nos hará saber todas las cosas” (Jn 4:25)
¡Oh! Jesús, todo los que nos enseña, nos maravilla.
La paz del Señor Sea con Ustedes
Por comprender esto, Gracias Señor