Santa Dorotea o el cesto de manzanas (6 de febrero)

Autor: Adolfo Carreto 

 

 

     Sobre las manzanas todos tenemos experiencia. La manzana se convirtió, a partir del paraíso, en fruta exótica, en fruta de tentación, de llamada para intimidades, también de propaganda. Más que una insinuación se ha convertido en empuje hacia lo ya insinuado. Manzana y rosas van unidas a lo femenino, es más, a la comercialización de lo femenino. Esta joven Dorotea utilizó precisamente el cesto de manzanas ataviadas con las rosas oportunas no precisamente para el estímulo masculino hacia su hermosura sino para la conversión de aquellos que no creían en la metáfora del huerto de su amado.

     Cuenta la leyenda que justamente en el momento en el que iba a ser degollada por empeñarse en continuar creyendo en lo que creía y no cambiarse al lado contrario, que era el del Emperador y sus dioses, el abogado Teófilo, con sorna, se acercó a ella y le dijo:

-         ¿Me harías el placer, cuando entres en el jardín de tu esposo, de mandarme de aquellas manzanas y rosas de que siempre hablas?.

-         Con muchísimo gusto te las enviaré.

      Y se las envió. De la mano de un niño llegaron las manzanas y las flores en un cesto. Y el verdugo no tuvo más alternativa que ceder. Aunque el verdugo se convirtió no fue suficiente para que la joven Dorotea fuera decapitada un tres de febrero del año 304.

     Por no querer dar su brazo a torcer, por ser fiel a su creencia, por no renunciar a su convicción, por dejar constancia de que la fe es más fuerte que el poder, que los halagos, y que las burlas.

     Y es que en todos los tiempos, todas las persecuciones se valen de lo mismo; primero del halago, luego de la presión, después de la prisión, y cuando nada se ha conseguido, de la muerte. No hay ideología que no utilice estos mecanismos para poder sobrevivir. Y es curioso, porque precisamente este nombre, Dorotea, que proviene del griego, significa eso: regalo, don, obsequio. Lo que el imperio quiso hacer con ella terminó ella haciéndolo con el imperio.

     Se trata de una santa a la que habría que promocionar como mujer contra los fanatismos religiosos, tan en boga en estos tiempos, tan modernamente resucitados, tan crueles como los de entonces, tan insensibles, tan absurdos. Fanatismos que se dan a flor de piel y como excusa para defensa de lo sagrado por la fuerza, cuando a lo sagrado es imposible vencerlo por la fuerza y cuando la fuerza tampoco puede lograr que sea sagrado lo que es profano.

     Las ideologías, las idolatrías, los fantasmas, la fuerza para doblegar, en cualesquiera de sus manifestaciones pareciera que han encontrado en la mujer su carne débil. Y resulta que no: que si hay perseverancia en la creencia, cuando se trata de creencia de verdad, esa perseverancia es protagonista en la mujer.

     Un cesto de manzanas, un ramillete de flores, aunque se trate de leyenda metafórica, puede trocar la vida de una persona hacia otros derroteros. Por eso me gusta la manzana, porque puede servir para lo contrario de lo que creemos que sirve. Por eso me gusta la mujer: porque sirve para lo contrario de lo que pensábamos Así que tendremos que acostumbrarnos a ver a Santa Dorotea como la donadora de flores y manzanas para que la creencia no se mustie.

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