Zenón, el Santo de Pez (12 de abril)
Autor: Adolfo Carreto
Llegué a donde Zenón de la mano del pincel de Andrea Mantenga. Los pinceles de los pintores me han trazado muchos caminos y siempre me han conducido a buen puerto. El pincel de este italiano del Quatricento es experto en delinear caminos, en conducirte hasta donde el misterio, en plasmar lo asombroso sin la bruma de lo escondido. Pues en el templo de Zenón, santo, plasmó todo su colorido. Llaman a ese retablo La Pala y desde allí ya todo queda claro.
Es el caso de que Zenón tiene muy poca literatura en su entorno pero Mantenga lo ha dejado inmortalizado en los lienzos, igual que el santo pinto a la fe, a la esperanza y a la caridad como a la trinidad de las virtudes, tres en una, una y tres, inseparables, imposible de darse la una sin la otra. Lo dijo en sus sermones, de los que se han recogido cien.
Fue este un santo que anduvo por la vida por el sendero de lo práctico, tanto en lo espiritual como en lo material. Lo práctico es remediar la necesidad inminente pero también el trabajo para que la necesidad no se perpetúe. Y es aquí donde entra a jugar la figura del pez.
Dicen que el santo decía: ¿Tienen hambre? ¿Pues vayan a pescar al río, que allí es donde se encuentra la comida? Que es como decir: no alarguen solamente la mano, conduzcan la mano para que se esfuerce en coger lo que necesita. Se trata, a mi manera de ver, de un estupendo concepto de la caridad. No se trata de dar por dar, sino de enseñar el camino para que cada cual se procure su sustento. Y volvemos a lo del pez: dar de comer y a la vez enseñar a pescar.
Digo que Andrea Mantenga me condujo hasta el relicario donde se encuentra San Zenón. Y eso es el templo de Verona, un relicario. Un relicario artístico pero también un relicario espiritual. Allí suenan todavía muchos de los sermones del Santo, que es de lo poco que de él perdura, además de la devoción que le profesan los veroneses. Y allí, contemplando La Pala, fluye la predicación de Zenón: “Quita la esperanza, y se paralizará la humanidad entera; quita la esperanza, y cesarán todas las artes y todas las virtudes; quita la esperanza y todo quedará destruido”. Así de rotundo suena mientras uno se extasía en la Crucifixión, por ejemplo, o en la conversación de todos los personajes del retablo. ¿De qué hablan? De eso: de la fe, de la esperanza, de la caridad. De las tres virtudes. De la virtud.
Y una vez que Zenón nos condujo hacia el riachuelo y hacia el mar para capturar al pez, nos condujo también a la cabaña del agricultor, para hablarnos de la esperanza: ¿Qué agricultor esparcirá la semilla, si no piensa que recogerá la cosecha como premio a su sudor?
La esperanza es, por lo tanto, eso: el trabajo, el sudor, la siembra, lo que se consigue con esfuerzo, la dedicación. La esperanza no es esperar a que te den sino en sembrar para que recojas. La esperanza no es una virtud para estar sentado sino un camino a transitar para lograr lo apetecido. La esperanza no es un consuelo de tontos, sino el premio de los decididos. La esperanza es una virtud, no una excusa.
Todo esto me dijo el santo en su templo de Verona, frente a La Pala, pintada por el maestro del Quatricento, Andrea mantenga.