Juventud es Espíritu

Autor: Fundación Nueva Cristiandad

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Ante el deleite de una lectura tan rica en expresiones como en verdades, quisimos compartir con Uds. el siguiente texto recibido vía e-mail en homenaje a nuestro querido Papa, Juan Pablo II y extensivo a todos nuestros ancianos.

EL PAPA ESTÁ VIEJO 
Por: Juan Manuel de Prada - Artículo del diario ABC de Madrid 

-“De unos años acá, se ha desatado un debate mediático sobre la salud del Papa Wojtyla. Aprovechando cada una de sus comparecencias públicas, nos obsequian con primerísimos planos de su rostro golpeado por el cansancio, de sus manos agitadas por el parkinson, de sus andares torpes y vacilantes. Se han filmado, con intachable obscenidad, sus desvanecimientos súbitos, sus incursiones en la somnolencia, sus dificultades para articular un discurso en voz recia y elocuente. Las cámaras pertrechadas de «zoom» y teleobjetivo se han dedicado a explorar con tesón topográfico el mapa pobladísimo de sus arrugas, la palidez exhausta que a veces asoma a su rostro, el vitíligo que infama su piel, el brillo herido de su mirada. En toda esa avalancha de imágenes uno no descubre sino pornografía y vileza, casi tanta como en las observaciones malévolas o jocosas que algunos exegetas de esas mismas imágenes deslizan, regodeándose en la endeble salud del Papa, en su ancianidad esquilmada y casi moribunda. Parece que, por debajo de toda esta audaz insolencia, se estuviese insinuando: ¿qué signos de vitalismo podemos esperar de una institución que confía su jefatura a un viejo chocho? 
Cada uno de sus viajes pastorales, se convierte en una excusa renovada para que esta legión de carroñeros lancen sus dichos hirientes; el último tropezón del Papa en Polonia, saldado con una brecha que condecora su cráneo, ha desatado un nuevo cafarnaúm de comentarios chistosos e ignorantes. 
Prescindiendo de adhesiones religiosas, quisiera hoy mostrar mi admiración por ese viejo que agota sus días en el cumplimiento de la misión que le ha sido asignada. Como el soldado que siente una y otra vez el beso cruento de la espada pero se niega a abandonar el campo de batalla, Wojtyla merece el aplauso y la reverencia que se profesa a los héroes, esa especie en peligro de extinción. Que, en pleno desprestigio de la vejez (una edad que la agresividad analfabeta de nuestras sociedades ha desterrado a un arrabal de piadosa desidia), un hombre decida exponer al escrutinio público las heridas minuciosas que los años le han ido dejando y se levante cada mañana, sobreponiéndose al reúma y a las cicatrices del alma y de la carne, para seguir pronunciando su verdad refractaria a las modas, me parece un espectáculo de incalculable belleza. Esa vejez fecunda que se inmola ante las multitudes constituye uno de los emblemas más esperanzadores de una civilización que ya agoniza. 
Quizá no creamos en el evangelio que propaga, ni en la jerarquía que lidera, ni en la raíz divina de su mandato, pero la valentía de un viejo que carga con la cruz de una existencia extenuadora, para seguir ejercitando su vocación, no puede ser despachada con una sonrisita sarcástica. Hay demasiada abnegación en su gesto, hay demasiado heroísmo en su figura desvencijada, hay demasiado entusiasmo en la actitud de un viejo que prefiere el polvo y los abrojos del camino a la molicie de su palacio vaticano. 
Los griegos, que fueron los progenitores de nuestra cultura, cantaron la cólera de Aquiles, pero también la elocuencia de Néstor. Sin los discursos de Néstor, no hubiese sido posible la conquista de Troya, porque las palabras de aquel anciano inclinado sobre su bastón supieron templar las pasiones que agitaban los pechos aqueos. Hoy, cuando tantos politicastros y titiriteros de la demagogia se esfuerzan por preservar un aire juvenil, temerosos de que los sondeos de popularidad anuncien su declive, se agiganta la figura de Wojtyla, ese viejo fatigador del atlas. No se me ocurre imagen más enaltecedora y vitalista que la de un anciano queriendo morir con las sandalias puestas y los labios bautizados de palabras”-

Titulamos este artículo “Juventud es espíritu”, afirmación que habíamos expresado en un anterior artículo llamado “Cuando se siembra amor...” y que valora la sabiduría de nuestros queridos ancianos.
Hoy día en que se promueve una cultura de la muerte donde el lugar para los ancianos, para los que poseen capacidades diferentes, para los niños por nacer es el olvido y la indiferencia, nosotros tenemos la responsabilidad de cambiar el rumbo difundiendo la Cultura por la Vida. La que lucha por los derechos fundamentales de la persona humana, respetando su vida desde el instante mismo de la concepción hasta su muerte natural.
Una sociedad que sabe amar al prójimo es sabia. El Amor es la solución a todos los problemas humanos.
El corazón delicado y las arrugas de la misión heroica de la Madre Teresa de Calcuta sembraron vida; el cansancio, las dolencias físicas y la arrugas de nuestro Papa, también sembraron vida.


“Benditos los que no me hacen sentir de más y me demuestran su afecto con delicadeza y respeto”