Obediencia ciega y operante

Autor: Rafael Angel Marañon

Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 

Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda trasgresión y desobediencia recibió justa retribución. ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? Hebreos 2. 1-4

La batalla ruge noche y día con espantosas pérdidas por ambas partes.

En el Estado Mayor japonés, cuyos mandos están acostumbrados a continuos triunfos, reina la confusión por la inesperada marcha desfavorable de la campaña.

El coronel Kiyono lchiki, hombre valiente y con notable capacidad y experiencia, no consigue obligar a los americanos a reembarcarse y abandonar la isla a pesar de su profesionalidad y de los denodados esfuerzos de sus colaboradores y su tropa.

Sus hombres perecen a centenares, a miles, en el curso de los encarnizados ataques que acometen, pero los americanos resisten, obstinados y bien pertrechados. ¡lchiki se suicida! Su honor de samurai le obliga ante su fracaso.

En el cuartel general japonés, cada uno de los generales japoneses expresa su opinión basada en su gran experiencia desde el comienzo de la, hasta entonces, victoriosa guerra.

Uno de ellos, el general Kawaguchi lanza una lacónica opinión sobre el fracaso de los denodados esfuerzos de las tropas japonesas. Se limita a decir: ¡Falta de interés! Y esto, a pesar de los fanáticos ataques y las tremendas bajas sufridas por sus valientes soldados.

¡Falta de interés! 

Esta frase nos puede hacer pensar a todos sobre la situación de los cristianos en la época actual. ¿Quien está dispuesto a defender su fe con la misma decisión o haya hecho esfuerzos tan heroicos y abnegados como aquellos japoneses que luchaban y morían de buen grado por su patria y su emperador? No solo unos pocos japoneses, sino millones de ellos. 

Hay toneladas de tinta trazada en páginas muy eruditas y bien documentadas, (de toda tendencia y filosofía) que dan toda clase de explicaciones y dictámenes sobre la situación de gran parte del cristianismo actual. Pero mi criterio responde a una diagnosis sencilla y, lamentablemente, evidente: el denominador común de muchos males que soporta el cristianismo es... ¡Falta de interés!

No quiero que se me interprete como una generalización: ¡faltaría más! Ciertamente conozco cristianos que son ejemplos de como el interés por Cristo, su vida y sus palabras está patente en sus vidas, y siendo de seria emulación para mí mismo. Pero es evidente que hay falta de interés por la persona de Cristo y su obra. Y es que uno y otra no se aprecian en lo que valen, ni siquiera por aproximación. Es innegable

Falta, sin duda y lastimosamente, la valoración real y viva de la grandeza de la soberanía de Dios: por lo cual, ésta no se capta con la necesaria intensidad, ni la necesidad y la obvia conveniencia del sometimiento a su voluntad. Hay dejadez y descuido. Decimos que creemos que ni un pajarillo está en olvido de Dios, pero actuamos como si nosotros fuéramos menos para Dios que cualquier pajarillo. 

Muchos piensan, conscientemente o no, que cuando hacen algo que ellos creen de valor espiritual, le están haciendo un favor a Dios. Olvidamos que siervos inútiles somos Lucas 17:10. El cumplimiento de las ordenanzas de Dios es para nuestro bien. 

Se trata de conocer su voluntad, que Cristo nos comunicó, hacerla fielmente y comprobar su fidelidad y poder. De lo que se trata es de no sólo hablar a Dios, sino “escuchar atentamente” y... ¡obedecer! Deuteronomio 15: 5.

Dios es autosuficiente y no necesita nada de nadie. Sólo desea nuestro bien porque nos ama. Por ello nos salva. Hasta la misma oración es obra de Él, que la pone en nuestro corazón y nuestra boca por el Espíritu Santo Lucas 1:67

¡Falta de interés! ¡Qué alto sentido de la entrega completa tenía el general japonés Kawaguchi! ¡Todo! fijémonos bien, todo, era poco para entregar al emperador y a la patria. Todo era poco para poder cumplir con su deber y, en consecuencia, con su vocación!.., y así pensaba cuando añadía: “Ante el deber hacia el emperador y la patria, la vida tiene el peso de una pluma”. Este concepto y su consecuente curso de acción lo sostenían y lo mantuvieron hasta la muerte, sin reticencias ni resentimiento, millones de hombres por fidelidad a sus principios y creencias.

Posteriormente, cuenta la historia y tras la derrota, esta actitud se mantuvo prendida en el corazón de los japoneses con admirable abnegación. No se quejaron; no hubo autocompasión; sus palabras tras la derrota sufrida en la más cruenta y devastadora de las guerras, son estremecedoras: “Perdónanos, ¡oh emperador!. Nuestros esfuerzos no han sido suficientes”. Ni un reproche. Ni una queja.

¡Ah, cristianos! ¿Os atrevéis a pensar lo que sucedería si, unos pocos cristianos de éste ánimo llenaran sus mentes y sus corazones de esta fidelidad, dedicación y obediencia a Cristo? ¿Quién empieza primero? ¿Sobre quién se revelará el brazo de Dios? Isaías 53:1

¿Es que ya no hay solución? ¿O va a acercarse el día terrible de la solapada, pero total apostasía? ¿Seremos nosotros los elegidos para demostrar al mundo que la obediencia a Dios es lo único que nos mueve y puede, por el divino poder d Cristo, trastornar los designios de las naciones y establecer el reinado de justicia de Dios? Tendremos que perder la esperanza? No por cierto porque tenemos con nosotros a Cristo y no dejará caer a la Iglesia que es su santa esposa. ¡Ánimo! ya queda poco y el que ha de venir vendrá. Démosle cobijo amoroso ¡ya! en nuestros propios corazones y en ellos reinará.