A Don Francisco Rienda (Respuesta)

Autor: Rafael Ángel Marañón  

 

 

Estimado señor: reconozco, tal como me dice, (de una manera tan desconsiderada) que no soy el que tiene toda la verdad y yo le digo que sí, que tiene usted razón. No la tengo; porque la verdad es Jesucristo; Él me tiene a mí, y yo hacia Él aspiro con toda mi alma. Dicho esto voy a sus preguntas, rogándole que si me suscita más temas, lo haga enviándome la autorización para dar a conocer su carta o parte de ella, como algunos amigos me solicitan, acompañando lo que yo escribo, para así hacerse una mejor idea de la pregunta o afirmación a la que respondo.

Que Dios es padre, es algo que en la antigüedad los escritores decían porque en aquellos tiempos los varones protegían a sus familias y les proveían de sus necesidades. El padre, era una figura protectora y vindicadora también así como una referencia de autoridad. Esa imagen de la antigüedad se trasladaba a los escritos, que eran entendidos perfectamente por los que los leían o escuchaban. Dios no tiene sexo. Es por tanto incorrecto el llamarlo padre-madre. 

De mis éxtasis espirituales, no le puedo decir nada, sino que yo los experimento con mucha felicidad, y que es imposible explicárselo a personas, que por lo que sea no tienen esos momentos. Si a mí no me gusta una obra de arte en la que otro sí se extasía, es cosa de apreciaciones o perspectivas que en la libertad y características personarles cada uno tiene. 

En cuanto a María, la madre de Jesús, es cierto que es según la carne… y el Espíritu, según estoy seguro que se dice en su Biblia, con lo cual ya voy intuyendo que usted es hombre enterado de las cosas religiosas. Pero sin entrar en teologías y para no caer en herejía, le digo solamente que amo a María por muchos motivos y porque es la madre de mi Señor, lo cual es ya un título imborrable de dignidad y de merecimientos de todas las alabanzas habidas y por haber. A veces se cae en la exageración o se roza el exceso, pero es que en poesía, si no se excede uno es que no es poeta. 

En lo que respecta a la fe, le puedo decir que ya puse mi corazón en Jesús y por ahí he ido durante toda mi vida. Las caídas, solo han hecho más robusto mi carácter por lo que doy gracias a Dios, por mis flaquezas que Jesús convirtió en fortaleza y alegría. Soy hombre feliz y bien abastado de experiencias espirituales, así como de periodos de secano, por lo que también mi fe no se basa solo en éxtasis y regalos de Dios. 

El nacimiento de Jesús de una madre virgen es de poco discutir; o se cree o no se cree. Ahí cabe poca discusión, aunque Dios no tiene por qué limitarse a lo que nosotros concebimos, del mismo modo que nosotros no podemos limitarnos a lo que piense un ratón o un mosquito que haya en nuestra casa. En eso ya no lo veo a usted tan espiritual; más bien le veo religioso, y más aún, político. 

En estos asuntos de la fe, hay mucho que comprender, aunque estas cosas hay que tratarlas con sumo cuidado, porque si cada uno que lee la Biblia se constituye a sí mismo en teólogo, será discrepante de lo que muchos hombres formados y preparados han erogado como verdadera interpretación, ya molida y cernida de pensamientos y aplicaciones humanas. 

En cuanto a mi flaqueza en estos temas y la conveniencia de que me dedicara a otra temática más acorde con mis conocimientos, le diré que ya caí en ello, pero si escribo es para edificar y no para destruir. Jamás se me pasó por la cabeza, dedicarme a otro tipo de literatura que no fuese esta. De vez en cuando, he hecho algo en temática sin relación con mi vocación cristiana, pero de forma esporádica y sin convicción. Y a veces me he preguntado, que es lo que hago derivando mis pocas capacidades hacia algo que no me satisface. 

Ya le he dado respuesta a lo más gordo, con lo que espero haberle respondido adecuadamente. Yo no soy la persona que busca, pues hay gente mucho más preparada que yo, a la que puede acudir en busca de aspectos de la fe que no conozca. Y si es por polemizar, tampoco soy su hombre. No obstante, no debo rehusar estos temas, pero sin ánimo de sentar doctrina que ya está más que afianzada. 

Rafael Marañón   

AMDG