Vicios dialécticos

Autor: Rafael Ángel Marañón   

 

 

Hay una viciosa costumbre, que es contestar a los argumentos con muletillas y frases hechas. Es toda una “argumentación” aplicada metódicamente en todo caso y tema. Es el “venga de donde venga” que ya se sabe de donde viene, o la de que todo lo que se dice ajustado a razón es de la “derecha cavernaria” O decir: “algunos”, y tantas bobadas como se dicen, por personas que por su “responsabilidad” (bueno eso es discutible), deberían darnos muestras de equilibrio y alguna objetividad.

 

Conectar el aborto con el hambre es algo falaz, porque no tienen nada que ver; y además uno se puede evitar y lo otro parece que no. Un servidor de ustedes, que no llego a mileurista, tengo que ser objetivo y relacionar todo con la visión cristiana “venga de donde venga” (¿ven que fácil?) O como dijo Jesús: bienaventurados si así hiciereis. Y, no ir más lejos de lo que está escrito, como también Pablo apóstol decía.

 

Por tanto, no quiero depender de la situación política, para tener las convicciones cristianas que me empujan a la verdad. Y después proclamarla “caiga quien caiga”. Así que cuando se hable de la misión cristiana, debe saberse que es hacer discípulos y predicar el Evangelio sin imposiciones, ni tratar de demostrar a nadie lo mucho que sabemos.

 

El fruto vendrá de “quien corresponda” y así no nos damos pisto indebido, ni dejamos a nadie defraudado, porque tenemos que reconocer que hemos a veces intentado a veces, meter a la gente una maravilla como es el Evangelio como si fuera una purga. Y una purga no gusta a nadie, aunque sea muy eficaz para la curación.

 

Es bastante claro que el llamamiento y elección no depende de hombres, sino que proviene de Dios mismo. Los que evangelizan, dirigen, o tienen otras clases de dones trabajan con los que tengan para proclamar el evangelio y darlo a conocer a todos sin discriminación, y el Espíritu Santo hace su trabajo de conversión y salvación.

 

De ahí que no podamos tener el menor orgullo por la tarea que hacemos, sino entender que solo somos herramientas en manos de Dios para que llevemos a cabo su plan para la humanidad. Con la humildad propia del que hace las cosas para alguien tan superior, vayamos a la cancha para luchar la buena batalla de la fe. ¿De que podemos ocuparnos mejor que de guardar nuestra fe, trasmitírsela a otros y conservar una esperanza vivificadora que Dios da a los que le aman, y son amigos de Jesús?

 

En este pensamiento podemos regocijarnos de que seamos elegidos para una misión divina y, que sin méritos por nuestra parte, porque nada tenemos nuestro, hayamos sido elegidos entre multitudes para la gloriosa tarea de decir a todos: allegaos a Cristo, que os llevará directamente a su Padre. ¡Hombre, no estás perdido! tienes a Cristo y al que a Él se acerca no le echa fuera. Vivid con alegría, porque Dios quiere nuestro bien. Y si Dios está por nosotros ¿Quién contra nosotros? Hagámoslo saber a todos. Lo demás no es cosa nuestra.

AMDG.