Respecto al budismo.

Con todo respeto, desde la discrepancia

Autor: Rafael Ángel Marañón  

 

 

Me hablaba un amigo sobre la relación que el budismo tiene con el cristianismo, como si cualquier dirección nos llevara a la buena meta, o la que deseamos. En realidad ese es su pensamiento, y solo puedo hacerle algunas consideraciones. La acción del Espíritu de Cristo, no la puede sustituir nadie ni de lejos. Por tanto yo no respondo como teólogo, (que no tengo base para ello) sino tratando de ser lógico y consecuente.

 

Se dice que el budismo no impone creencias. Si eso es verdad  ¿Qué es el budismo? Algo tiene que tener para que se acerque uno a él, y eso son creencias y dogmas al fin y al cabo. A mí me agrada la meditación de los misterios de Cristo, y puedo comprender el desprendimiento y todo eso. Es pues, también, una moral como otra cualquiera.

 

Ahora bien, Jesús fue perfecto, y creo que Él es el que dijo que era. Nadie puede artificialmente formular una fábula como los evangelios, aun admitiendo (que no es así), alguna mixtificaciones, exageraciones y deseos de que las cosas fueran como las cuentan. Basado en su condición de que es uno con el Padre Creador, yo sostengo una esperanza bien concreta. El budismo no tiene dios, por lo que tanta meditación y tanto esfuerzo no lleva a nada. Es preferible la vida loca, y por tanto de gozar de tantos placeres como uno pueda y al final, si va mal la cosa, con un disparo de revólver se soluciona todo. Ya reencarnaremos, o algo así.

 

¡Poner todo el potencial espiritual de la Creación, sobre los débiles hombros de los seres humanos! ¿Es que no sabemos lo que somos los seres humanos, tan tendentes a la corrupción? ¿Y en estas manos vamos a dejar el destino humano? Permítanme que lo dude; yo no me fiaría de tamaña temeridad. Hay quien dice que la carga que el cristianismo (catolicismo), había puesto sobre sus hombros se la quitó mediante la meditación. ¿Qué meditaba? Cuando en el cristianismo existe el perdón, hasta que los bueyes cebados se acaban, que es nunca. ¿Qué sabría esa persona de la misericordia de Dios?

 

¿Qué el budismo no obliga a nada? Pues no le veo la graciasi no hay orientaión sobre el bien y el mal. Existen preceptos que también son imposiciones que llevar a cabo. O sea igual que el teísmo. Este es tan lógico, como que las galaxias están encima (o debajo) de nosotros. Y el sufrimiento o un dolor de muelas, no se superan con meditar. Son realidades que están presentes en cada lugar donde hay humanos. Una esperanza puede amortiguar y hacer pasables o soportables, los dolores comunes, aunque estos están ahí como el alimento, el agua o la gravedad.

 

Simplemente existen. Y existen también sobre el que medita; y como dice la Biblia: Todo acontece de la misma manera a todos; un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno, al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al que jura, como al que teme el juramento. (Eclesiastés 9:2).

 

Porque la vida transcurre al margen de nosotros, y ella pone los datos de nuestra vida. Hay sabios que apenas pueden alimentarse con lo que obtienen, y hay rufianes o fantoches que llegan a los más altos lugares de la vida. El asunto no depende de nosotros, sino en una muy limitada parcela: y así dice también La Escritura con inmejorable criterio sabiduría y experiencia: Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos. (Eclesiastés 9:11).

 

La compasión, la libertad, la tolerancia y el amor a los demás, figuran como primeras condiciones del cristianismo por lo cual no veo ventaja budista alguna. El desarrollo de la razón, se puede hacer desde el cristianismo auténtico. Normalmente, cuando se contempla un cristianismo de «guardarropía», claro está que el budismo te parece algo exótico y bonito

 

¿Que desarrolla la persona? Es un buen método, pero en su propio lugar. No se pueden contemplar ambas religiones, desde la perspectiva frívola de la búsqueda de cosas nuevas y exóticas. En definitiva y con el mayor respeto a cualquiera que quiera ir por sus propios caminos, yo me quedo con Jesús y con su persona, presente siempre en mi espíritu y mi mente.

 

Cuando te introduces en Cristo como hermano, como  amigo, y vives tu existencia junto a la suya, las demás cosas quedan tan diminutas, que la comparación aparece ridícula.

 

En fin; cada cual.