Pabilo humeante

Autor: Rafael Ángel Marañón 

 

 

A medida que avanzan los tiempos, se establece por medio de la técnica un estado de inquietud por poseer todas las cosas que nos ofrece la vida moderna en cuanto a comodidades que, lejos de ser un oprobio para la humanidad es un aliciente de vida para todos.

Desdichadamente estas cosas que la técnica ofrece a nuestro vivir se constituyen un género nuevo de viejos dioses. Los lujos antiguos y las horribles diferencias ente los hombres están cada vez más arrinconadas, y los prohombres ya no son tan inasequibles al conocimiento de las gentes a causa de las libertades y de los abundantes y evolucionadísimos medios de comunicación. Hoy día existe una sociedad de clases medias, que dan estabilidad a la sociedad entera.

A las personas que son jóvenes esta situación les parece normal, y hasta mejor que las antiguas formas de vivir; a los mayores o claramente viejos, nos produce casi la sensación que le produciría a un Neandertal, el que alguien de otra tribu encendiese un mechero para dar fuego al grupo.

De manera que los mayores estamos atrapados entre dos culturas. La cultura del «guárdalo todo» y la del «tíralo y compra uno nuevo». Esto último nos suena escandaloso. La realidad es que el mundo avanza en conocimientos vulgarizados, y las universidades fabrican continuamente, un número mayor de graduados que, como dice el viejo dicho, «no saben hacer una «o» con un canuto».

Abundan los pequeños aparatitos con técnicas avanzadas, que los viejos no acabamos de digerir; nos asombramos de la habilidad y la naturalidad con que se manejan hasta por los niños los teléfonos móviles, los aparatos de sonido, fotos, música, etc. cuando nosotros ya no damos pie con bola en el manejo de estos.

Esto a la vez que ayuda al desenvolvimiento de la nueva cultura que llamamos «cosista», es un handicap dificultoso para los jóvenes que tienen demasiados artilugios, que les impiden ocuparse del estudio serio en libros y clases habladas. La cultura les parece inútil, porque por la televisión, etc. se les enseñan multitud de historias y documentales, donde se pueden ver con toda perfección lugares exóticos, históricos, hechos y batallas con toda documentación, y las tesis de las distintas escuelas del saber.

No podemos determinar que esto es malo en sí, sino una evolución de la búsqueda del bienestar por el humano (por lo menos en lo que llamamos el Occidente), y una manera nueva de pensar. Obviando las hambrunas, hoy existen unas agitaciones y la inquietud por la seguridad, así como por el temor de el famoso «Papá Estado» no pueda (y se nota), dar lo que la familia a duras penas proporcionaba en seguridad, compañía, y solidaridad, aun necesariamente precaria.

Antes, «la familia, era la familia», pero actualmente, excepto en los países latinos, la familia se va diluyendo en una especie de «sopa boba» de forma que la soledad se apodera de las personas en los países que han hecho de la familia otra forma peculiar de vivir. A pesar de que la religión aun está presente en el colectivo, sobre todo en los ritos y manifestaciones públicas, es despreciada individualmente, porque entre la dispersión de la fe llamada protestante, y el tan llevado y traído «monolitismo» de la católica, las cosas se han llevado a las interpretaciones personales y formas de aplicar la doctrina de Cristo, de tal manera, que en muchos lugares no hay una forma creíble y constante de fe.

Y no vayamos a creer, que la excelencia que se buscaba en las antiguas universidades, importa a las autoridades políticas o académicas. Simplemente se fabrican licenciados que salen al palenque de la «expansión y el crecimiento», a ver lo que sale, con lo que es cada vez más difícil a los titulados abrirse camino en la vida con su carrerita terminada por los pelos, y eso si es su vocación.

Hoy hay un sesenta por ciento de jóvenes con carreras terminadas que viven aun con sus padres. Hacen vida matrimonial de forma peculiar, porque cada uno de la llamada «pareja» vive y duerme en casa de sus padres. Y ya nadie se escandaliza de ello. Los padres están más tranquilos con que sus hijos vivan con ellos, y los hijos encuentran comodísimo tener un techo en el que vivir sin demasiadas complicaciones y en absoluta libertad.

Y así se vive actualmente una forma de creer que está influida por los acontecimientos de cada día, que suministran abundantemente en competencia los medios de comunicación. Estos dicen las cosas como el dueño de la publicación quiere y de forma sesgada según a él le parece, por lo que tampoco es fiable esa información. Las ideologías se han visto castradas, porque los experimentos sociales han fracasado, como ahora se tambalea el sistema liberal, y no digamos el socialismo que en cuanto se vuelve real, es el desastre para los pueblos en donde ya no hay libertad ni iniciativa; y sus habitantes viven confinados y solo pueden saber lo que sus autoridades quieren que sepan.

Siempre se culpa a la religión de todos los males, pero lo cierto es que en cada país las personas que lo componen se adhieren firmemente a su religión o tradición. Es cierto que en casi todos, es solo costumbres y supersticiones, pero allí permanecen y nadie quiere que se pierda. Son las llamadas señas de identidad de cada cual, pero la trascendencia no es tenida en cuenta y se vive prácticamente mirando lo inmediato como los animales, como si solo en esta vida se resolviese todo el misterio de la existencia.

Lamentable es que la fe de Cristo, que es la excelencia a muchas millas sobre cualquier otra clase de doctrina, está tan poco valorada por los que debieran ser sus paladines en costumbres, palabras y hechos. Sin despreciar todo lo que estas costumbres o religiones no cristianas pueden tener de bueno, sí podemos decir que solo la cristiana basada en la vida, muerte, y resurrección de Jesús, el Cristo de Dios, es la que da de modo completo una pauta a seguir que, de ser llevada a cabo medianamente por los pueblos que dicen profesarla, sería la fuente de paz, solidaridad y hermandad entre ellos; y además, de tal manera que no faltaría a nadie nada de lo que necesitara.

Es por eso que insisto en que solo abriéndonos a la palabra de Cristo podemos pensar en construir paz, armonía y abundancia. Todos tienen su teoría particular e interesada, y es por ello que la conclusión de este estado de cosas se aproxima como los aviones cuando caen, que lo hacen cada vez con más velocidad cuanto más se aproximan al suelo donde se estrellarán. No sea así para nosotros que creemos de corazón, y que nos hemos adherido de forma irreversible a la fe cristiana con todas sus consecuencias. No pasemos ansiedad, porque otros se ocuparán de airear por todos los medios, las minucias y vaciedades que constituyen el alimento intelectual de la inmensa mayoría. No hay nada más que mirar los medios de comunicación modernos.

Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones; y sed agradecidos. La palabra de Dios more abundantemente en vuestra boca… Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

 

 AMDG