El deleite mundano y la fe

Autor: Rafael Ángel Marañón 

 

Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.

(Filipenses 1:21)

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí;

y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios,

el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

(Gálatas 2:20)

Viviendo entre las tinieblas de este miserable y cambiante mundo en donde todo es incertidumbre y temor, es vanidad tratar de captar hasta la extenuación los placeres y falsas alegrías de este mundo. Ni el rico come lo que quiere, porque si lo hace, el estómago opila, y le causa molestias y enfermedades graves. El pobre nace y vive la servidumbre como si esta fuera la libertad porque tiene arbitrio para hacer algunas bellaquerías. 

Los israelitas cundo iban por el desierto querían volver a Egipto en cuanto que se presentaron las primeras dificultades. Es por eso que cuando el faraón creyó que Moisés era lerdo, por llevarles por el camino del desierto ignoraba (¿Qué no llegan a ignorar los ignorantes? que Dios había dispuesto que fueran por ese camino en vez de por el camino de los filisteos y así dice la escritura: Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca; porque dijo Dios: Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y se vuelva a Egipto. (Éxodo 13:17). 

Esa es la tendencia fatal del pueblo de Dios que se queja de las contradicciones o de la propia persecución y en cuanto adquiere libertad. Quejosos y siempre pensando que nuestros propios designios son  mejor que los de Dios y así nos va, siempre rebeldes y quejitas, que parece que nadie pasa malos ratos, sino solo nosotros. 

Y como los israelitas deseaban comer los melones de Egipto en vez de valorar lo que habían conseguido, así nosotros que hemos recibido una salvación inimaginable también retranqueamos a la hora de poner nos en la marcha que Dios no marca por el solo y maravilloso camino de Jesucristo.

Pero amigos, simpatizantes,  creyentes pasivos y cicateros, así como creyentes firmes en la fe, y también los indiferentes. Tened en cuenta lo que dice la Escritura, que pone los pelos de punta a quien de verdad se toma en serio el camino de salvación: Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que resbalemos.

Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda trasgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? (Hebreos 2: 1 y ss.) 

Esas continuas quejas, reproches, y esos deseos de volver al Egipto mundano, parece que son reproches al Dios de la salvación, porque no nos ha permitido las iniquidades que destruyen a los pueblos, y llenan los corazones de desconsuelo, hostilidad y desgracia. Es por eso que dice la Escritura: Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones.  

No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero,  ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti.  

Perfecto serás delante de Yahvé tu Dios. Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Yahvé tu Dios. (Deuteronomio 18: 9 y ss.). 

Una pregunta que si lo reconocemos resulta necia de toda necedad (a pesar de que es comprensible humanamente) es la que muchos se hacen... o nos hacemos a veces ¿”por qué aquel tiene riqueza bienestar y muchos dones, y yo, que soy adorador de Dios, estoy en esta precaria situación”?

Bueno, podemos escribir varios tomos sobre esto con razonamientos argumentos y refutaciones más o menos parciales, pero si lo que creemos injusticia del Creador nos lleva a mirar con malos ojos la obra de Dios, entonces podemos decir sin temor a dudas, que somos personas que sufrimos y desesperamos, pero no diremos que somos hombres y mujeres de fe. Precisamente por ello sufrimos más. 

Tratar de pasar todo lo que el Creador, en su sabiduría y poder hace en su creación por nuestra pequeña y a menudo loca cabecita, es querer meter el agua del mar en un sombrero de paja. No seamos necios. 

Por el contrario seamos severos en nuestra forma de hacer puntualmente las cosas que Dios manda para nosotros y notaremos que, muchas de las cosas que antes nos atraían y al no poder tenerlas nos afligían, ya han dejado de ser algo ante el divino propósito de Dios para nuestras vidas. 

Nos gozamos de los pecados y nos alegramos en nuestras vanidades, descansando en las tinieblas de este mundo que tanto amamos servilmente por que no gustamos de los bienes eternos. Simplemente no creemos. El hombre natural se guía por lo que ve pero el espiritual por la unción y por la esperanza firme creyendo sin vacilación todo lo que el Señor manda para su vida. 

Recordemos el verso del D. De Rivas que decía:  

¡Que carga tan insufrible

 Es el ambiente vital

Para el mezquino mortal

Que nace en signo terrible!

¡Que eternidad tan horrible

La breve vida! Este mundo

¡Que calabozo profundo

Para el hombre desdichado

Al que mira el Cielo airado

Con su ceño furibundo!

 

Es la voz del que sufre por que no comprende nada más que los bienes de otros y los males propios

Decía otra gran poetisa antigua llena de anhelo por tocar las fronteras del Cielo. 

Esta divina prisión
del amor con que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a mi Dios prisionero
Que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta  vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero
que muero porque no muero.
 

¿Es esto algo así para nosotros?