Ignorancia o descuido

Autor: Rafael Ángel Marañón 

 

El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo:

Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos,

el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.

Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís.

¿Podéis beber del vaso que yo he de beber,

y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?

Y ellos le dijeron: Podemos.

El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis,

y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados;

pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo,

sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.

Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos.

   Entonces Jesús, llamándolos, dijo:

Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas,

y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.

Mas entre vosotros no será así,

sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,

   y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;

   como el Hijo del Hombre no vino para ser servido,

sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

( Mateo 20:21 y ss.)

 

No sabéis lo que pedís dijo Jesús. Y es cierto que la mayoría de nosotros no sabemos lo que estamos pidiendo, porque pedimos mal. Así dice el santo apóstol: Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. (Santiago 4:2 y ss.) Las peticiones no se han de hacer para lograr un capricho o una ventaja carnal.

Si sabemos pedir, el Señor da abundantemente, pero si pedimos para ser más favorecidos del mundo, nos constituimos a nosotros mismos enemigos de Dios. No que Dios sea nuestro enemigo, sino que nosotros nos hacemos amigos del enemigo de Dios y, por tanto, luchamos contra Dios. Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna. (1ª Juan 5:19).

¿No hemos comprendido lo que esto significa en orden a nuestra correcta relación con Dios? ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (1ª Corintios 6:19). Ignoramos las cosas importantes o las pasamos por encima, y nos dedicamos a las cosas segundas, irrelevantes, dejando de lado el meollo de la palabra de Dios, que es rigurosa y no admite las mal llamadas interpretaciones.

Somos templos vivos del Espíritu Santo y, por tanto, todo nuestro empuje, toda nuestra atención, ha de ser ir tras el que nunca defrauda, y jamás ha mentido. Cristo Jesús que no cesa de llamar tiernamente: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. (Mateo 11:28, 29,30)

Nosotros detestamos cualquier yugo, pero admitimos el yugo del pecado, como si no fuera este mucho más tirano y horrendo de todos los yugos. Sin embargo despreciamos el yugo de Cristo, ligero y compartido con Él, porque se pone en el otro lado del yugo, para tirar de las vidas de todos hacia el eterno descanso y premio.

Un yugo compartido con el que es todo poder, todo amor y todo bien, pero al que sin embargo, si no despreciamos, sí que tenemos por cosa ligera. ¡Soy cristiano! Dicen muchos con denuedo, pero el Espíritu de Cristo, El Espíritu Santo no les llena. Es muy arriesgado dejar la fama y la posición en el mundo para seguir lo que a muchos les parece una entelequia, y un riesgo demasiado grande solo por una promesa de Jesús.

Se dice muchas veces: bueno, es muy hermoso el evangelio pero no hay que ser tan exigentes porque la vida también nos da derecho a muchas cosas, que no están determinadas con exactitud en el Evangelio. Falta de luz, falta de fe. Eso no es más que duda y poner en cuarentena, la vida, las promesas y admoniciones del Cristo de Dios.

Eso no es agnosticismo escondido en palabras. Es ateísmo, puro y duro. No se cree, y por tanto se hacen buenas cosas “por si acaso”, pero no hay entrega; las pasiones siguen viviendo a su placer en nosotros, y la vida de Jesús no mora en los que le tienen como cosa no primerísima, ante cualquier aprieto o cualquier prueba.

Si esperamos que el Señor nos dé lo que queremos, como a niños caprichosos, y no aceptamos su voluntad como dueño que es del universo, y por tanto de nuestras vidas, hemos de dejar de nuevo a la Santa Escritura, que hable por sí, con palabras maravillosas que no dejan lugar a dudas, y que si Cristo es alguien para nosotros nos deben mover a penitencia (metanoia).

Hacer de nosotros lo que Dios quiere que seamos; hijos suyos, compañeros de los santos, y del mismo Jesucristo: los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará. (Mateo 10:37 y ss.)

   Y, Bien. Podemos terminar, invitando a todos a que escuchen las palabras de Jesús, porque estas apean a muchos de sus pedestales y de sus “interpretaciones”. La cosa es clara; o somos o no somos. No hay términos medios, ni Jesús se conforma con un culto almibarado, o con unos rezos muchas veces dichos al desgaire.

La salvación eterna, y morar con Cristo en el seno de Dios, son cosa que supera las más hermosas expectativas del ser humano. O se está enfermo o se está sano; no hay nada de medio sano o medio enfermo. Y ahora saquemos todos nuestras conclusiones, antes de que nos digan ¡ven! y nos pidan la vida. ¿Yo, y ahora? podemos preguntar en estas postrimerías. Se nos dirá: ¡Sí, tú, y ahora! y no habrá más apelación y hasta algunas o muchas veces, no habrá lugar para hacer preguntas por lo rápido de la llamada.

Así que cada uno haga lo que quiera en el orden espiritual, pero que no se engañe, por que esa actitud tiene muy malas consecuencias.  Ignorar la verdad, no es solución.