La mentira mundana y la integridad cristiana

Autor: Rafael Ángel Marañón 

 

 

El prevaricar y mentir contra Yahvé,

Y el apartarse de en pos de nuestro Dios;

El hablar calumnia y rebelión,

Concebir y proferir de corazón palabras de mentira.

   Y el derecho se retiró, y la justicia se puso lejos;

Porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir.

   Y la verdad fue detenida, y el que se apartó del mal fue puesto en prisión;

y lo vio Yahvé, y desagradó a sus ojos, porque pereció el derecho.

(Isaías 59:13, 14,15).

 

 

Es algo corriente y generalizado en todo hombre o mujer, poner una cara y presentar un aspecto, distinto del que verdaderamente es su condición y personalidad.

Todo eso no es más que mentir de manera constante, por tratar de hacer ver que son otras personas distintas de lo que realmente son. Hoy día existen empresas que se dedican a la “imagen”, es decir, de presentar a las personas de modo que gusten en su ámbito comercial, o de otra clase de actividad que necesite la aprobación popular.

Y esto hacen las personas que fingen un aspecto, cuando en sus corazones tienen otras intenciones y propósitos engañando al público crédulo que, sin el menor espíritu crítico, los admiran dándose casos de casi adoración.

Toda esa mentira, es originaria del diablo que es padre de la mentira. Y con blandas palabras seducen a quien quieren destruir como vemos en los siguientes versículos: Entonces Joab dijo a Amasa: ¿Te va bien, hermano mío? Y tomó Joab con la diestra la barba de Amasa, para besarlo. Y Amasa no se cuidó de la daga que estaba en la mano de Joab; y éste le hirió con ella en la quinta costilla, y derramó sus entrañas por tierra, y cayó muerto sin darle un segundo golpe. (2 Samuel 20:9,10).

La primera mentira que conocemos bien es la de la serpiente a Eva, cuando les dijo: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y también mintió Eva al decir que no lo tacaran según mandato de Dios, siendo así que solo le había mandado que no lo comieran del fruto.

Y así dice Jesús hablando del demonio: cuando habla mentira de suyo habla, por que es mentiroso y padre de la mentira. (Juan 8:44). Imita al demonio quien quiere presentar hipócritamente una personalidad o aspecto que engaña, pues no es lo que realmente significa él mismo.

En política, comercio, religión, etc., abunda este tipo de individuo y también corifeos, que le dan la razón por temor, por lucro, o cualquier clase de conveniencia. Son corresponsales del diablo, pues el mismo Jesús dijo claramente: Vosotros tenéis por padre al diablo y los deseos de vuestro padre queréis hacer.

Las gentes mienten, faltan a su palabra y se quedan tan tranquilos, por que con una impudicia maciza mienten, sabiendo que los demás saben que mienten. Por lo menos la serpiente engañó a Eva con zalamerías y torciendo algo el mandamiento de Dios, pero hoy se miente con todo descaro. Dice el poeta: “se miente más de la cuenta por falta de fantasía. También la verdad se inventa”. A. Machado.

Jesús admitió a los que padecían de tendencia o vicios, como Magdalena, la samaritana, Mateo que era exactor de impuestos, Zaqueo igual de codicioso, y hasta a Pedro que le negó. Pero jamás concedió tregua a los mentirosos, porque la boca que miente mata al alma. Es algo insólito como mienten muchas personas, y fingen ser lo que realmente no son, por que como Ananías y Safira morirán por su mentira. (Hechos 5:1, 2,3). El alma de los hombres muere constantemente a causa de la mentira.

Esta muchas veces se disfraza de conveniencias sociales, y otros motivos de cortesía, cuando no es ni más ni menos que engañar a la persona que adulan o alaban. El amalecita que se jactó pensando ser premiado por David por la muerte de Saúl perdió la vida al mentir y jactarse en su mentira. (2º Samuel 1:16).

Pocos quedarían en el mundo si como dice la Biblia: por cuanto no se ejecuta enseguida el castigo sobre la mala obra, el corazón del hombre está siempre dispuesto al mal. (Eclesiastés 8:11). El creyente debe de caer en la cuenta de que cualquier forma de presentarse ante los demás, que no sea la de la sincera y prudente espontaneidad, es engañar y hacer que otros crean que es otra persona distinta de la que realmente es. Imitemos a Jesús  cuando fueron a prenderle y preguntó a quien buscaban, les dijo a sus captores con determinación y serenidad: Yo soy. (Juan 18:8).

La forma de hablar de los hombres, está cuajada de mentira: Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso; (Romanos 3:4) dice la Escritura. Y el cristiano tiene que huir como del diablo, de esta costumbre tan generalizada en todos. El que parece más sincero, ese es el que te engaña mejor. El que parece tu mejor amigo, es el que primero te niega o traiciona. Esto es corriente (que no normal) entre paganos e incrédulos pero en una iglesia cristiana la sinceridad y el valor exacto de cada persona ha de resaltar por virtudes sentidas y sinceras y no como algunos, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. (2ª Timoteo 3:5).

El que más cerca está de ti es el que más te envidia, y quisiera verte hundido Los hombres se inclinan hasta doblarse ante personas que quisieran ver en desgracia o muertas. No hay verdad, no hay sinceridad, no hay misericordia ni comprensión en la tierra. Es curioso que cuanto más se miente por todos, una de las cosas que más se aprecian de la persona que nos ha de acompañar es que sea sincero.

Díganlo si no, las chicas que son cortejadas, si no prefieren un hombre (el hombre igual), que sea sincero, antes casi cualquier otra cualidad que se valore en él o en ella.

La mentira campa por sus respetos en el mundo corrompido, con enorme poder y eficacia. La palabra de Dios dice taxativamente: Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. (Efesios 4:25). No hay cosa que, a pesar de esta mentira tan generalizada, se estime más que el hombre honrado y veraz, que cumple su palabra y que es seguro y fiable.

El creyente no debe dar pábulo a que se le sorprenda en mentira. No por que la esconda o disimule, que eso lo hacen todos los mundanos, sino por que saben todos que realmente es hombre verídico y de palabra. Cristiano integral en suma. Fiable, constante en la verdad, y que siempre tiene palabra justa para cualquier ocasión.

Puede equivocarse que es cosa de hombres, pero no lo hace a sabiendas, sino por defecto de información y ¡atención! por que no se ha documentado profundamente, y ha emitido una opinión que no era necesaria.

La prudencia cristiana y la parquedad en el hablar puede ayudarnos mucho a no caer en lo anteriormente dicho, es decir no hablar nada más que lo necesario de lo que estamos suficientemente documentados: de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. (Mateo 12:36).

Tengamos esto en cuenta, pues haciendo todo delante del Señor estaremos seguros de acertar siempre. No demos tanta importancia a las cosas presentes, por que todo ha de pasar. La vida eterna no es intercambiable por cualquier cosa, por muy valiosa que nos parezca.