Dinero versus promesas

Autor: Rafael Ángel Marañón  

 

 

!!Ay de los que juntan casa a casa, y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo todo!

¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?

!!Ay de los que se levantan de mañana para seguir la embriaguez;

Que se están hasta la noche, hasta que el vino los enciende!

    12 Y en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas y vino,

Y no miran la obra de Jehová, ni consideran la obra de sus manos.

    13 Por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento;

y su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed.

(Isaías 5:8 y ss.)

 

Somos el colmo de la ignorancia o de la desidia a veces cuando miramos alrededor y no vemos lo que está pasando cada día.

Soy partidario de que en cualquier tierra se trabaje y se tengan ambiciones justas, de procurarnos aquello que somos capaces de obtener con el trabajo constante, descansado y sin extremos ni de esfuerzo que rebaja al hombre, ni descuido y pereza que lo disminuye. Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo; Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado. (Proverbios 6:9).

No es la molicie lo que necesita el hombre sino el trabajo bien realizado y dosificado de modo que tome propiedad sobre él y la codicia le haga esclavo de lo que debería ser su criado. Siempre se ha dicho que el dinero es muy buen servidor, pero muy mal amo.

De esta manera vemos naciones casi infértiles, que son prósperas por que agudizando el ingenio y mediante el trabajo metódico y bien calculado, han conseguido hacerse para ellos, de una moral correcta de respeto a los demás y además a una mística del trabajo.

Cuantos dicen que cualquier persona dotada es mala, por que ha conseguido prosperar, lo que hacen es demostrar su incompetencia moral y su desidia al juzgar a quien con desvelos y trabajo honrado, ha conseguido su casa y sus ingresos, entre multitud de gentes que todo lo esperan de la subvención de gobiernos y particulares.

Todo lo dicho tiene una matización tan interesante que puede volcar el hilo del razonamiento en la parte opuesta, es decir en la situación que la Biblia nos muestra en las primeras lineas de este trabajo.

Hay un dicho entre las empresas que figura en muchos anuncios de los que buscan trabajo o los que requieren trabajadores. Es el siguiente que se repite machaconamente: sana ambición. Esta ambición de que hablan los paganos, no es ni más ni menos que la avidez del hombre por tener una casa medianamente provista (trabajando no se hace mucho capital), y obtener un horizonte para sus hijos y el resto de la familia.

No critiquemos el bienestar, por que el hombre fue creado con inteligencia para hacer que la tierra le entregue sus riquezas y sus posibilidades. Lo que no es de recibo es contemplar como unos pocos tienen de todo, lo tiran literalmente, y banquetean matándose a trabajar a maquinar, y robando literalmente en negocios que, por su solo nombre, dejan de ser lícitos cuando los beneficios no afluyen de forma natural por causa del trabajo, sino por circunstancias como la especulación, la explotación, el engaño, y tantos otros pecados que claman contra el hombre desde la tierra y desde el Cielo.

He visto hombres que tiraban el dinero en cosas no solo inútiles sino perjudiciales, y he visto la esclavitud a la que se somete a criaturas que ni siquiera pueden presumir de buena salud, y he visto como se prostituyen hombres y mujeres por causa de necesitar un dinero para su sola subsistencia.

¡Y nos atrevemos a juzgar a los pobres! Países enteros perecen de inanición, y gentes como todos nosotros, con sentimientos, con dolor, con rabia, han de ver a sus hijos e hijas prostituidos en manos de gentes sin conciencia, que hacen del dinero instrumento de injusticia y de dominación de la peor especie.

Nosotros, los que somos cristianos y conocemos las ordenanzas de Dios para ejercer justicia, es cierto que tal vez no podamos hacer gran cosa por remediar tales situaciones, pero si hemos de conocer que el hombre que no posee el Espíritu de Dios o mejor dicho no es poseído por dicho Espíritu, no es capaz de dar al dinero el uso correcto que debería tener para todos, y ser instrumento de hermandad y justicia. No arma de Satanás, para realizar los más inicuos actos contra Dios y los hombres. Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra.  (Eclesiastés 11:2).

Midamos siempre nuestro dinero, y sepamos nosotros emplearlo con rectitud: el que reparte con liberalidad. (Romanos 12:8). Todos sabemos en determinadas ocasiones capaces de tirar el dinero, si el Espíritu no guía nuestras acciones cuando lo tenemos.

Seamos prudentes con el uso del dinero, y con la manera de ganarnos la vida. Podemos parecer los más pobres (de hecho en cuestión de dinero, solemos serlo), pero llevamos en nuestras personas la riqueza más grande imaginada, con limpia conciencia y la esperanza del galardón, cuando llegue la bendita hora de la resurrección.

Entonces ocurrirá como dice el profeta: Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Yahvé de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama. Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada. Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Yahvé de los ejércitos. (Malaquías 4: 1, 2, 3).

El dinero y el trabajo han de dominarse y nunca dejarse dominar por ellos, ya que así se convertirían en dueños de nosotros que somos llamados a dar ejemplo de cómo  se domina todo, incluyendo algo tan pegajoso y peligroso como es el dinero.

¡Que bien nos amonestaba Jesús cuando decía!: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!  (Lucas 18:24). Y podemos añadir sobre el mismo texto: ¡que difícil es tener dinero y no emplearlo en maldades y en injusticias! No se puede servir a dos señores a la vez. (Mateo 6:24).

El dinero es el Dios de este siglo, y él da mucho poder ante el que nadie se resiste, sino aquel que en el temor de Dios, lo usa con el tiento y la prudencia con que se maneja un escorpión. Es Mammón, el dios de este siglo, e instrumento de Satanás para manchar nuestro testimonio y nuestra alma.

Mas de uno podrá decir ¡Quién pudiera tener mucho más del que apenas puedo obtener para subsistir! Pero Dios no es Dios de miserables espirituales, ni de pobres de pacotilla, sino de ricos en fe, esperanza y amor. Lo demás, tiene su valor en su lugar y su momento, pero la diferencia no admite comparación.

¿Queremos riquezas? Yo os propongo la promesa y la bendición: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor

Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,  en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia. (Efesios 1:3 al 14).