Divino Paráclito

Autora: Noris Capín

Sitio Web:  ¡Mujer, levántate!,

Autora del libro: ¡Mujer, levántate!

 

 

“Pero el Espíritu Santo, el Defesor
que el Padre va a envíar en mi
nombre, les enseñará todas las
cosas y les recordará todo lo que
les he dicho.” Juan 16:26

No podemos separar a Dios de Su Santo Espíritu, porque Dios es Todopoderoso:
Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Dios es la primera persona que se ensancha a través de Su Hijo, Jesucristo; y
el Espíritu Santo por otro lado, es la tercera persona que es común a Dios.
Es la fecundidad del don, quien establece ese lazo, porque el Santo Espíritu
jamás se apróxima por sí mismo; sino que está vinculado y presente en la
Santísima Trinidad; quien es la que compone esa alianza.
Las Escrituras nos dicen: “Yo le pediré al Padre que les mande otro Defensor,
el Espíritu de la verdad, para que siempre esté con ustedes.” Juan 14:16
El Espíritu Santo permanece en la Palabra, así como lo reveló Jesús en Su
Evangelio. Él es el guía de nuestra vida espiritual, porque Su sabiduría nos
conduce a vivir una vida plena; motivado por el llamado amoroso del Padre.
El Espíritu Santo donante de diversos carismas, nos regala los dones que
embellecen nuestra vida con Sus incontables frutos. El mismo produce
amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, humildad y dominio propio.
Esos carismas, son que hacen que seamos seres dotados de todo lo bueno que
Dios regala a Sus hijos.
La persona que posee ciertos carismas, es porque el Espíritu Santo ha querido
distribuir esa Gracia que capacita y predispone al ser humano, a asumir obras
que beneficien el Reino de Dios.
Regalos que obsequia el Señor, para poder brindar edificación a otros; a través
de la sabiduría que Él ha concebido a Sus fieles.
Por medio del Espíritu Santo, respondemos a la voluntad de Dios con obediencia
y solemnidad; para que en nuestra peregrinación hacia el Padre, experimentemos
todo lo que viene de Su Santidad y Sabiduría.
Recordemos que todo lo que viene de Dios, vuelve a Él y en Él permanece. Así
como Su Espíritu se instaló en los ámbitos desiertos de nuestra vida, así quiere
Él residir en nosotros; para purificar nuestros pecados, mejorar nuestras
actitudes y Reinar por siempre hasta la eternidad. En la carta de San Pablo a los Gálatas, podemos leer el siguiente mensaje:

“Si ahora vivimos por el Espíritu,
dejemos también que el Espíritu
nos guíe.” Gálatas 5:25


Noris Capín
Autora del libro ¡Mujer, levántate!
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