Carta a los cristianos

Oren así

Autor: Padre Gerardo Moreno

 

 

            Jesús sabía la necesidad de orar y enseña a sus amigos cómo hacerlo. En varias oportunidades les dice: “Cuando ustedes oren no imiten a…” Lo dice claramente: No imiten. Les enseña una nueva manera de orar que hasta los momentos nadie conocía. No olvidemos que las personas oraban dirigiéndose a Dios, pero a un Dios lejano, de los ejércitos, destructor de los enemigos de Israel. A un Dios que premia o castiga, según el comportamiento que se tenga. Si nos portamos bien, la recompensa es el premio, ¿y si nos portamos mal? La respuesta ya la conocemos, pero esa era la manera de orar de la gente: de ayer y de hoy. Este es el Dios que existe para muchos, ese Dios ante quien unos hablan de las grandes maravillas que realizan  y para completar no son como los pecadores, y otros en cambio, se limitan a decir: Perdóname, Señor.  

             Jesús, enseña a sus amigos a orar a un Dios que es Abba, Papá misericordioso, cercano a nuestros sufrimientos, a nuestras vidas, a nuestra realidad. Ustedes, pues, oren así:  

Padre Nuestro: De católicos y no católicos, que perdona, ama y nos da nuevas oportunidades.

Que estás en el cielo: Pero también en la tierra cuando hacemos el bien y buscamos la justicia.

Santificado sea tu Nombre: Y ante él toda rodilla se doble y te adoremos en espíritu y verdad.

Venga a nosotros tu Reino: Ayúdanos a no olvidar nuestro compromiso con tu majestad desde nuestra realidad.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo: Y no olvides, Papá Dios,  que a veces nos cuesta hacer lo que tú quieres.

Danos hoy nuestro pan de cada día: Sí, Padre, ese pan que también tenemos que compartir con los más necesitados, con los más pobres que no tienen lo que tenemos nosotros.

Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden: Papá Dios, perdónanos cuando guardamos rencor, perdónanos cuando dudamos de ti y de tu amor para con nosotros, perdónanos cuando herimos, perdónanos cuando no tenemos la humildad para pedir perdón, perdónanos cuando el odio habita en nuestro corazón, perdónanos cuando maltratamos, perdónanos cuando se nos olvida tu perdón…

No nos dejes caer en la tentación: La que viene del diablo (que está derrotado, pero se empeña en hacer el mal) y la que viene del poder y busca que hipotequemos nuestra conciencia, nuestra dignidad, nuestro honor, nuestro credo, nuestra fe, nuestros ideales y hasta nuestro corazón.

Y líbranos del mal: De donde quiera que venga.

Amén: Porque creemos en ti, Papá Dios,  en tu Hijo, en El Espíritu Santo, en el bien, la justicia, la fraternidad, un mundo mejor y el prójimo. Padre Nuestro.  Para esta reflexión, leer Mateo 6, 9 – 15.