Novena a María, “la que desata los nudos” Fátima

Autor: Gerardo García Helder           


(Esta novena puede ser rezada por una o varias intenciones.

Aunque no es obligatorio, es conveniente comenzarla 10 días antes del día 8 de diciembre o de cualquier otro mes, de modo que el noveno día coincida con el día 7.

Lo ideal sería que se concluya la novena participando de la Santa Misa el día 8.)

 

Todos los días:

 

Puestos en la presencia de Dios, ante quien siempre estamos, en quien somos y por quien vivimos hacemos con calma y fe la señal de la cruz:  

“En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.”  

Oración para todos los días:  

Santa María, llena de la Presencia de Dios,

durante los días de tu vida aceptaste

con toda humildad la voluntad del Padre,

y el maligno nunca fue capaz de enredarte con sus confusiones.

Ya junto a tu Hijo intercediste por nuestras dificultades y,

con toda sencillez y paciencia, nos diste ejemplo

de cómo desenredar la madeja de nuestras vidas.

Y al quedarte para siempre como Madre nuestra,

pones en orden y haces más claros los lazos que nos unen al Señor.

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra,

tú que con corazón materno desatas los nudos que entorpecen nuestra vida,

te pedimos que nos recibas en tus manos

y que  nos libres de las ataduras y confusiones

con que nos hostiga el que es nuestro enemigo.

Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo,

líbranos de todo mal, Señora nuestra,

y desata los nudos que impiden nos unamos a Dios,

para que, libres de toda confusión y error,

lo hallemos en todas las cosas,

tengamos en él puestos nuestros corazones

y podamos servirle siempre en nuestros hermanos. Amén

 

(Se pasa al día correspondiente de la novena)    

 

Primer día:

 

“Santa María, llena de la Presencia de Dios,

durante los días de tu vida aceptaste

con toda humildad la voluntad del Padre,...”

Lectura bíblica:

“...el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: ‘¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo’.”

(Lc. 1,26 –28)

Reflexión:

Los cristianos explicamos la existencia del mal en el mundo hablando del pecado original.

Es esta una verdad de fe que encontramos presentada en forma de historia en el capítulo 3 del Génesis (el primer libro de la Biblia ). Allí se nos dice que nuestros primeros padres, desobedeciendo a Dios, perdieron el equilibrio original, se alejaron del Creador y se sometieron a las creaturas.

Basados en esa verdad de fe podemos decir con Ireneo de Lión, santo Obispo del siglo III, que “Eva, por su desobediencia, ató el nudo de la desgracia para el género humano; en cambio, María, por su obediencia, lo desató”; ya que la salvación nos viene por Jesucristo, Hijo de Dios e Hijo de María.

Oración:

María, mujer feliz, llena de la gracia divina,

desata los nudos que nos mantienen sometidos al pecado y alejados de la gracia,

concédenos comprender que sólo en Dios está nuestra felicidad.

Ayúdanos a aceptarnos tal como somos

y haz que nos abramos a la gracia vivificante y transformante.

Te lo pedimos a ti, la que desata los nudos,

para que presentes a Dios nuestra oración.    (Se dice la oración conclusiva de la novena, la final )

 

Segundo día:

“...y el maligno nunca fue capaz de enredarte con sus confusiones.”

 

Lectura bíblica: 

“María dijo al Ángel: ‘¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?’. El Ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño (que concebirás) será Santo y será llamado Hijo de Dios’.” (Lc. 1, 34 - 35)

Reflexión:

Muchas veces los seres humanos no somos capaces de ver la realidad y nos dejamos engañar por las apariencias, cayendo en el desánimo o la desesperación. Eso no viene de Dios, sino del pecado.

Jesús decía que el maligno “es mentiroso y padre de la mentira” (Jn. 8, 44) y el apóstol Pedro recomendaba: “Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quien devorar.” (1 Pe. 5, 8).

Aunque las apariencias (la enfermedad, el dolor, la inseguridad social o laboral) pudieran hacernos pensar que Dios se ha olvidado de nosotros o nos tiene descuidados, la fe nos asegura que Dios es un Padre bueno que siempre nos ama y nos protege.

Oración: 

María, mujer de fe, vencedora del maligno,

desata los nudos que nos mantienen enredados en las apariencias,

y enséñanos a descubrir y a experimentar el amor de Dios,

el Padre que cuida de las flores del campo y alimenta a los pájaros del cielo,

el que hace salir el sol para buenos y malos, y el que envía la lluvia

sobre los campos de los justos y de los pecadores.

Te lo pedimos a ti, la que desata los nudos,

para que presentes a Dios nuestra oración.  (Se dice la oración conclusiva de la novena, la final )

Tercer día:

“Ya junto a tu Hijo intercediste por nuestras dificultades y,

con toda sencillez y paciencia, nos diste ejemplo

de cómo desenredar la madeja de nuestras vidas.”

 

Lectura bíblica: 

“El Ángel le dijo: ‘No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin’. ” (Lc. 1, 30 – 33)

Reflexión: 

Los cristianos creemos que tanto la vida natural, como la sobrenatural nos vienen gratuitamente de Dios. La existencia es, al mismo tiempo, un don, una gracia inmerecida y una tarea. Dios nos ha hecho humanos, pero necesita de nuestra cooperación libre para que nos desarrollemos como hombres.

Muchas veces experimentamos dificultades en nuestro caminar, nos enredamos y caemos en faltas que nos detienen o paralizan. Otras veces nos desorientamos y no sabemos qué camino seguir.

Los santos, los ángeles y, de modo particular, María, , interceden por nosotros, como un hermano o una madre lo hacen por sus seres queridos. Ellos interceden y Dios, sólo Dios, nos concede su gracia.

Oración: 

María, mujer paciente, poderosa intercesora y abogada nuestra,

desata los nudos que nos detienen en el camino y no nos dejan avanzar,

presenta a Dios nuestras inquietudes y limitaciones,

y aliéntanos para que no desfallezcamos,

ya que el Señor nos espera al final de la vida

y, aunque no lo veamos, camina a nuestro lado.

Te lo pedimos a ti, la que desata los nudos,

para que presentes a Dios nuestra oración.  (Se dice la oración conclusiva de la novena, la final )

 

Cuarto día:

“Y al quedarte para siempre como Madre nuestra,

pones en orden y haces más claros los lazos que nos unen al Señor.”

 

Lectura bíblica:

 “Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre (...). Al ver a su madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba , Jesús le dijo: ‘Mujer, aquí tienes a tu hijo’. Luego dijo al discípulo: ‘Aquí tienes a tu madre’. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.” (Jn. 19, 25 – 27)

Reflexión:

 Los católicos siempre hemos entendido y experimentado que María es nuestra Madre. A ella acudimos con confianza de hijos y le rogamos de continuo que nos consiga del Señor las gracias que necesitamos.

Tanto es el amor que por ella tenemos y tales son nuestras muestras de cariño que algunos hermanos nuestros de otras religiones nos acusan de haber hecho de María un ídolo y de darle el culto que sólo se debe dar a Dios.

Tratando de evitar los excesos que pueden llevar a esa confusión, renovamos nuestro amor y nuestra confianza en aquella que cariñosamente llamamos nuestra Madre, la más tierna herencia que Jesús nos dejó, y nos dirigimos tomados de su mano a Dios, autor de todo bien.

Oración:

María, Madre de Jesús y Madre nuestra,

desata los nudos que nos apartan del Padre Dios,

muéstranos tu corazón compasivo y cariñoso de Madre.

Ordena nuestros afectos y nuestras pasiones,

ya que el Señor nos creó a su imagen y semejanza

y, en su gran misericordia, quiso que fueras Madre de su Hijo y de nosotros.

Te lo pedimos a ti, la que desata los nudos,

para que presentes a Dios nuestra oración.  (Se dice la oración conclusiva de la novena, la final )

 

Quinto día:

“Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra,

tú que con corazón materno desatas los nudos que entorpecen nuestra vida,

te pedimos que recibas nos en tus manos

y que nos libres de las ataduras y confusiones

con que nos hostiga el que es nuestro enemigo.”

 

Lectura bíblica:

“(El Ángel dijo a María: )‘También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios’. María dijo entonces: ‘Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho’.” (Lc. 1, 36 – 38)

Reflexión:

El hombre es un ser curioso al que le llama la atención todo lo que no es común. Como nos hemos acostumbrado a que el sol salga todas las mañanas o a que no falte pan en nuestras mesas, esto ya no nos admira y dejamos de considerarlos “milagros”.

En realidad a nuestro alrededor se operan de continuo un sinnúmero de milagros; nuestra existencia, sin ir más lejos, es un maravilloso e inexplicable milagro.

Muchas veces acudimos a Dios en busca de nuevos milagros, como si no fuera suficiente todo lo que ya hace por nosotros. Incluso hay quienes desearían torcer, a fuerza de oraciones y novenas, la voluntad divina. Dejemos a Dios ser Dios, confiémonos a él y pidamos que se haga en nosotros su voluntad.

Oración:

María, mujer obediente y fiel, tú que nunca te apartaste de la voluntad divina

desata los nudos que nos enceguesen

y no nos dejan ver que lo mejor que nos puede pasar

es que en nosotros se cumpla la voluntad de Dios.

Concédenos siguiendo tu ejemplo, someternos confiadamente a los designios de Dios,

y haz que las contrariedades de la vida no nos hagan desconfiar de su amor.

Te lo pedimos a ti, la que desata los nudos,

para que presentes a Dios nuestra oración.  (Se dice la oración conclusiva de la novena, la final )

 

Sexto día:

“Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo,

líbranos de todo mal, Señora nuestra,...”

 

Lectura bíblica:

“...se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: ‘No tienen vino’. Jesús le respondió: ‘Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía’. Pero su Madre dijo a los sirvientes: ‘Hagan todo lo que él les diga’.” (Jn. 2, 1 – 5)

Reflexión:

La vida del hombre es una fiesta en la que a veces “se acaba el vino”. Diversas circunstancias nos entristecen, nos perturban o llegan a hacernos perder las ganas de vivir. Es que, como dijo San Agustín de Hipona, el corazón del hombre está inquieto y no encuentra sosiego hasta que no descansa en Dios.

Si nos detenemos de modo obsesivo en las contrariedades y perdemos de vista lo fugaz que es la vida, si le damos demasiada importancia a lo que sólo son cosas que pronto pasan, perdemos perspectiva y se agúa la fiesta de nuestra vida.

Pongamos en Dios nuestra mirada y, pase lo que pase, no dejemos de agradecerle lo que somos y tenemos. 

Oración:

María, virgen de la alegría y de la fiesta,

desata los nudos que nos entristecen

y no nos permiten disfrutar de la vida.

Tú que con toda delicadeza presentaste al Señor

las necesidades de los novios de Caná, y evitaste que se arruinara su fiesta,

pídele a Jesús que cambie el agua de nuestros males en vino generoso

para celebrar la vida en abundancia que Dios nos regaló.

Te lo pedimos a ti, la que desata los nudos,

para que presentes a Dios nuestra oración.  (Se dice la oración conclusiva de la novena, la final )

 

 

Séptimo día:

“...y desata los nudos que impiden nos unamos a Dios,

para que, libres de toda confusión y error,...”

 

Lectura bíblica:

“María dijo: ‘Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mi grandes cosas: ¡su Nombre es santo!. Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que le temen’. ” (Lc. 1, 46 –49)

Reflexión:

No siempre el ser humano se contenta con su condición limitada: hay quienes quisieran ser todopoderosos, inmortales, eternamente jóvenes... No es esto lo que Dios pensó para nosotros.

Uno podría tener salud y no aprovecharla, o dinero y no conformarse, o amigos y no cuidarlos. Uno podría confundirse y equivocarse queriendo ser lo que no es y tener lo que no tiene, descuidando al mismo tiempo lo que sí se tiene y lo que en realidad se es.

El conocerse y aceptarse a sí mismo es una tarea que nos lleva toda la vida y que no siempre estamos dispuestos a enfrentar, porque preferimos la dispersión o le damos más valor a las apariencias que a la realidad.

Hoy pedimos a Dios, por intercesión de María, que nos libre de toda fantasía o ilusión y que nos ayude a vivir con los pies en la tierra y la mirada en él “que hace grandes cosas en los que le aman”.

Oración:

María, mujer prudente, tú que meditabas en lo profundo de tu corazón,

desata los nudos que nos someten a las apariencias,

nos confunden y hacen caer en el error.

Que sepamos descubrir que es lo que Dios pensó para nosotros,

y nos contentemos con los límites de nuestra humana condición,

no ambicionemos bienes pasajeros, ni perdamos de vista los verdaderos ideales.

Te lo pedimos a ti, la que desata los nudos,

para que presentes a Dios nuestra oración. (Se dice la oración conclusiva de la novena, la final )

 

Octavo día:

“...lo hallemos en todas las cosas,...”

 

Lectura bíblica:

“Jesús regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres.” (Lc. 2, 51 –52)

Reflexión:

Algunos hombres por ir tras lo temporal pierden de vista lo eterno, ansiando las creaturas se olvidan del Creador y se enredan en una maraña de preocupaciones que los distraen de lo esencial y los entretienen con lo efímero.

Hay que aprender a vivir como peregrinos, hay que tomar conciencia que la vida del hombre es un soplo y que muchas de las cosas que nos quitan el sueño son vanidades y puro viento.

Quien experimenta la fragilidad de su vida suele ser menos rencoroso, limita sus ambiciones, se contenta con lo necesario, perdona con rapidez, olvida las injurias, no cae en el consumismo y encontrando a Dios en las pequeñas cosas, lo alaba y es feliz.

 

Oración:

María, sencilla virgen de Nazaret,

desata los nudos que nos esclavizan a las creaturas

y nos apartan del Creador.

Enséñanos a vivir con sencillez un día a la vez,

ayúdanos a superar la sensación de miedo e inseguridad

y a ser capaces de vivir de modo extraordinario las cosas cotidianas.

Te lo pedimos a ti, la que desata los nudos,

para que presentes a Dios nuestra oración. (Se dice la oración conclusiva de la novena, la final )

 

Noveno día:

“...tengamos en él puestos nuestros corazones

y podamos servirle siempre en nuestros hermanos.”

 

Lectura bíblica:

“María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: ‘¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor’.(...) María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.” (Lc. 1, 39 – 45. 56)

Reflexión:

Quien dice que ama a Dios a quien no ve y desprecia a su hermano a quien ve, es un necio y un mentiroso. Quien cree que Dios vive sólo en los templos se equivoca. Quien piensa que a Dios lo único que le importa son los rezos se engaña y no puede considerarse cristiano.

Cuando María se enteró que su prima Isabel esperaba un hijo, se olvidó de su propio embarazo y salió corriendo para ayudarla.

Al árbol se lo conoce por sus frutos y al cristiano se lo conoce por su amor al prójimo y por su actitud de servicio.

Cuando el Verbo de Dios se hizo hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar la vida por los demás hombres.

El mejor resultado de esta novena será una renovada conciencia de la necesidad de ponernos al servicio de nuestro prójimo y la capacidad de descubrir a Dios presente en él.

Oración:

María, dulce sierva de los siervos del Señor,

desata los nudos que nos impiden servir a los hermanos

y no nos dejan encontrar a Dios en los demás.

Ayúdanos a imitar a tu Divino Hijo quien, siendo Maestro y Señor,

la noche antes de su pasión quiso darnos muestra de su amor,

lavando los pies de sus discípulos.

Te lo pedimos a ti, la que desata los nudos,

para que presentes a Dios nuestra oración. . (Se dice la oración conclusiva de la novena, la final )  

 

 

Oración conclusiva para todos los días:

Luego de un momento de profundo silencio, se dicen con calma un Padre nuestro, tres Ave María, un Gloria al Padre... y la ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN A MARÍA:

 

Señora y Madre mía,

Virgen Santa, María, la que desata los nudos;

a tus pies me encuentro para consagrarme a ti.

Con filial afecto te ofrezco en este día

cuanto soy y cuanto tengo:

mis ojos, para mirarte;

mis oídos, para escucharte;

mi voz, para cantar tus alabanzas;

mi vida, para servirte;

mi corazón, para amarte.

Acepta, Madre mía el ofrecimiento que te hago

y colócame junto a tu corazón inmaculado.

Ya que soy todo tuyo,

Madre de misericordia, la que desata los nudos

que aprisionan nuestro pobre corazón,

guárdame y protégeme como posesión tuya.

No permitas que me deje seducir por el maligno,

ni que mi corazón quede enredado en sus engaños.

Enséñame a conformarme con mi limitada condición humana

y a agradecer siempre a Dios por mi existencia.

Ilumíname para que no deseche al Creador por las creaturas,

ni me aparte del camino que él pensó para mí. Amén.