Ser cristianos en esta España
nuestra
(La España de ZP) Máximo Álvarez
Rodríguez
Estos artículos han ido apareciendo en la prensa a lo
largo de los últimos meses. No cabe duda que la aparición de un nuevo
gobierno laicista está teniendo una enorme incidencia en la Iglesia Española.
No es una situación deseable, pero debe ser un estímulo para que los
cristianos espabilemos y despertemos del letargo. Espero que estos artículos
ayuden a reflexionar sobre la situación.
Día de
reflexión sobre el triunfo terrorista
¿Dialogará
Zapatero con la Iglesia?
Cristianismo y socialismo. Advertencias a Zapatero Constitución, monarquía e Iglesia Barra libre. La Iglesia invita ¿Sexo y marihuana como alternativa a la religión? Encuentro con unas amigas de Dios Alianza de civilizaciones por navidad Índice
Día de reflexión sobre el triunfo terrorista En las democracias la alternancia en el poder no sólo no es mala, sino que es necesaria, para que nadie se perpetúe en el mismo. En este sentido es preciso asumir con normalidad los cambios políticos. Otra cosa muy diferente es que éstos se produzcan en circunstancias que podríamos llamar extrañas u oscuras. En efecto, todos sabemos que, en vísperas de las recientes elecciones, un grupo terrorista ha sembrado de dolor y muerte la ciudad de Madrid. Ha sido un golpe perfectamente calculado y diseñado para cumplir sus objetivos: hacer daño y matar cruelmente y sin compasión a cientos de personas, y conseguir que el partido con mayor expectativa de ganar las elecciones las perdiera. Decía un miembro del PSOE que lamentaba que su victoria electoral no se pudiera celebrar tan efusivamente, debido a la situación de luto que estamos viviendo. Pero lo más triste, aunque parezca duro decirlo, es que sólo gracias a esas muertes ha sido posible esa victoria socialista. ¡Oh felix culpa! Curiosamente, uno de los primeros en condenar el atentado fue el Lendakari vasco que, como todo el mundo pensaba, no dudó en atribuirlo a quien durante décadas ha venido sembrando muerte y horror en toda España: ETA. Teniendo en cuenta el escaso favor que Carod Rovira hizo al PSOE, al pactar con la banda terrorista la tregua para Cataluña, todo apuntaba a que este lamentable acontecimiento del tren de la muerte sería un espaldarazo, ciertamente triste, pero merecido a la mayoría absoluta del PP. Pero tan pronto como se apuntó que la autoría podía proceder del integrismo islámico, los presuntos perdedores de las elecciones manifestaron, sin disimularlo demasiado, un enorme interés por la nueva hipótesis, pudiendo así culpabilizar al PP del atentado, por haber apoyado a los EEUU en la ofensiva, tal vez discutible, pero sincera, contra el terrorismo. Por eso para muchos el malo de la película ha sido el Gobierno y no los terroristas, a quienes en el fondo se trata de comprender, como si tuvieran algunas razones (por culpa de Aznar) para cometer el atentado. Parece monstruoso el argumento, pero no deja de estar subyacente en muchas mentes. Aunque en teoría se dijo que quedaba suspendida la campaña electoral, en la práctica nada ha habido más ajeno a la realidad, sobre todo por parte de algunos que no respetaron ni siquiera el llamado día de reflexión, dando un espectáculo bochornoso y sin precedentes, orquestados por una impresionante cruzada mediática en la que el grupo de Polanco ha trabajado con uñas y dientes. Nunca unos asesinos habían tenido un éxito tan grande e inmediato como es el cambiar en pocas horas la decisión de miles de votantes. Si en el resto del mundo este cruel invento funcionara con tanta eficacia como en España, no sé a qué esperan los terroristas para patentarlo. Así mismo, se ha producido un acontecimiento sorprendente, que ETA ha dejado de ser verdugo pasando a convertirse en víctima, en víctima de la calumnia de los mal pensantes que le han atribuido la masacre madrileña. No cabe duda que esta cuaresma ha producido importantes frutos de conversión en la banda asesina, que tan sólo unas semanas atrás estaba decidida a cometer atentados parecidos en otros trenes de la muerte, en la estación de Chamartín., si no fuera por los continuos éxitos del “Gobierno asesino de Aznar”, con el apoyo de Francia y EEUU, en la lucha contra el terrorismo. Pero ahora ya se ha hecho buena y los malos somos nosotros, que la creemos capaz de tanta crueldad. Sabemos que ha sido muy mala, pero no es posible que lo sea tanto.... Escribo estas líneas como ciudadano de a pie que siente tristeza y vergüenza ajena por todo lo ocurrido, no tanto porque ganara uno u otro partido, sino por el triunfo de los terroristas, da lo mismo que sean unos u otros o todos a la vez ¿Dialogará
Zapatero con la Iglesia? A raíz de los últimos resultados electorales, un amigo socialista me dijo en broma: “A partir de ahora ten cuidado con lo que escribes”. A lo que respondí con cierta ironía: “Gracias por la advertencia, ya sé que habrá menos libertad de expresión”. Él intentó rectificar, pero le respondí de nuevo: “No disimules, te ha traicionado el subconsciente”. Es sólo una anécdota. En todo caso no vamos a caer en la tentación de halagar al poder, como algunos están haciendo ahora, ni en el miedo a manifestar nuestras discrepancias, aunque ello pudiera comportar sus riesgos. En principio, es de agradecer al que será nuevo Presidente del Gobierno su ofrecimiento para gobernar con humildad y con actitud dialogante. Bienvenido sea. Pero ello no nos dispensa de preguntarnos si esta prometida actitud de diálogo servirá sólo para algunos o también para las relaciones con la Iglesia Católica. La Iglesia no es un club de aficionados ni un grupito de gentes que buscan privilegios, sino el colectivo más numeroso de la sociedad española, mayor que ningún partido político, sindicato o cualquier otra asociación. En ella hay gentes de toda clase y condición, y con las más diversas preferencias políticas; ciertamente no se identifica con ningún partido. ¿Ejercerá el nuevo Presidente de todos los españoles esa disposición al diálogo con este importante colectivo, dejando a un lado sus posibles convicciones particulares en el terreno religioso? Por una parte, tenemos motivos para la confianza, si nos atenemos a sus promesas de concordia; pero tampoco ocultamos nuestras dudas y temores, a juzgar por diversas afirmaciones vertidas por el candidato a Presidente en el período preelectoral. Zapatero tiene derecho a discrepar de la doctrina de la Iglesia y respetamos que en algunos asuntos pueda no comulgar con ella. Pero el tono despectivo y la ligereza con que ha abordado algunas cuestiones relacionadas con el tema eclesiástico nos parece preocupante. Baste recordar sus juicios en temas puntuales como la familia, las relaciones entre ciencia y ética, la educación en general y la enseñanza de la religión, etc... Ya hemos señalado en su momento que sus palabras nos parecían, cuando menos, poco prudentes para quien aspira a ser un hombre de Estado. A pesar de todo, no hablemos del pasado, sino del futuro. Olvidemos unos comentarios hechos en un ambiente preelectoral, no exentos de la presión de sectores cargados del más rancio anticlericalismo. Sin duda, el realismo del gobernante deberá llevarle en muchos campos a actuar olvidando algunos planteamientos hechos desde la oposición y a emplear esa cualidad propia de los sabios que es saber rectificar. Esperemos que con prudencia política el presidente Rodríguez evite el enfrentamiento con la Iglesia, que es tanto como decir con una inmensa mayoría de españoles, y acepte con humildad y gratitud tantos elementos positivos y constructivos que aporta la Iglesia en su servicio a la sociedad española, a favor de una sociedad más justa y solidaria, de una juventud más sana, de un ambiente familiar menos deteriorado, de una inequívoca defensa de la vida humana y de la dignidad de todas las personas... Me atrevo a sugerir humildemente a mi paisano y ahora presidente José Luis Rodríguez Zapatero que su deseo de mejorar nuestras condiciones de bienestar material no le lleve infravalorar las cuestiones que hacen referencia al sentido de la vida, que no confunda la legítima laicidad del Estado con la obsesión laicista, beligerante o despectiva contra lo religioso. Detrás de él hay una gran mujer, déjese aconsejar en este terreno por la sensatez de su esposa. Finalmente, no olvide que la Iglesia es sabia y eterna, mientras que los gobiernos siempre son caducos y pasajeros. No tenga miedo a la sabiduría del Evangelio que tan positivamente ha influido en la humanidad y en Europa en particular. Ni olvide la sabia frase del Quijote: “Amigo Sancho, con la Iglesia hemos topado”. De veras, por su bien, y por el bien de España, no tope inútilmente con Ella. Puede estar completamente seguro que su respeto a la Iglesia le podrá acarrear reproches, pero jamás le quitará votos, sino todo lo contrario.
Estos días son noticia las
relaciones de la Iglesia Católica con el Gobierno que, según algunos medios,
prepara una “hoja de ruta” contra los “privilegios” de la Iglesia. En
realidad ya hace tiempo que nos hemos dado cuenta de que estos gobernantes no
miran con simpatía a la Iglesia. Sin embargo, de acuerdo con la Constitución
Española, los poderes públicos deberán mantener especiales relaciones de
cooperación con la Iglesia Católica. La razón es obvia: sigue habiendo una
inmensa mayoría de españoles que son católicos y la misión de la Iglesia es
de servicio a la sociedad. Veamos. Soy cura de tres pueblos, con unos
cinco mil habitantes, en una cuenca minera, que han votado siempre de manera
mayoritaria a la izquierda, primero al PCE, después al PSOE. Pero ello no impide
que aún sea mayor el número de quienes se consideran católicos. Se bautizan,
comulgan, se confirman, van a clase de religión, se casan por la Iglesia o
piden exequias cristianas, asisten a los actos de culto, con mayor o menor
frecuencia, y, por supuesto, son creyentes la práctica totalidad. La relación
con las autoridades locales, de izquierdas, es francamente buena, y su trato
a la Iglesia es exquisito, de respeto y gran colaboración. No entiendo por
qué a nivel nacional no ha de ocurrir lo mismo. En efecto, de todos es
conocida esa obsesión de acoso a la Iglesia por parte de algunos de nuestros
gobernantes actuales, que nos trae a la memoria los peores recuerdos del
período anterior a la Guerra Civil. Sin embargo sería injusto achacarlo sin
más al Partido Socialista. Me explico. Mentiría si dijera que Felipe González
o Alfonso Guerra han sido santos de mi devoción. Pero, viendo lo que ahora se
ve, me doy cuenta de que eran personas inteligentes y con un sentido de
estado que ahora otros parecen no tener. Alguien vendrá que bueno te hará.
Por tanto que no se den por aludidos todos los socialistas, sino solamente
aquellos que pretenden arrinconar a la
Iglesia. De veras que no entiendo el por qué de esta fobia, tal vez odio, a la Iglesia Católica, tanto si entendemos por Iglesia el pueblo como los curas y obispos. Vamos a ver: hoy día, un cura es una persona que desempeña una función al servicio de los demás. Sería falso y absurdo pensar que uno se hace cura por dinero. El sueldo normal de un cura es poco mayor que el de un pensionista de la agraria. Para ser cura se exigen un montón de años de estudio. Ahora, tras hacer bachillerato, hay que hacer una licenciatura de seis años, civilmente reconocida. Quién sea capaz de hacerla es capaz de hacer otra carrera o encontrar otro trabajo mucho mejor remunerado. Todos los compañeros curas que han querido hacer otra carrera u oposición lo han conseguido sin problemas. Se supone que quien llega a cura no es más torpe que otros compañeros de Seminario que lo han dejado y que están muy bien situados. Si además de no ser un chollo económicamente hablando, supone otras muchas renuncias, se entiende que uno se hace cura por servir a los demás. Para ser cura lo primero que hay que hacer es estudiar un montón de años; en primer lugar varios años de filosofía, para aprender a pensar y razonar, así como un montón de asignaturas que ayudan a tener una formación bastante completa: historia, literatura, idiomas, derecho, psicología, música... además de otros estudios serios, de nivel universitario, que hacen referencia más directa al tema religioso. En casa de un cura hay algo que nunca falta: montones de libros, porque además nos gusta seguir estudiando toda la vida. Aunque sólo sea desde un punto de vista meramente humano, lo que dice la Iglesia merece un respeto. La iglesia, entre otras cosas, es sabia. Ahora que están de moda los comités de sabios, no vendrá mal contar con ella. Nuestro objetivo no es hablar para contentar a la gente y obtener unos votos. En este sentido tenemos una libertad que ya otros quisieran para sí. Nuestra obsesión es ayudar a los demás, estar presentes allí donde hay un anciano o un enfermo, donde nos necesitan. Somos de hecho verdaderos asistentes sociales. Atendemos a muchas personas que necesitan que alguien les escuche, nos piden consejo sobre los asuntos más dispares. La gente con necesidades materiales, comida, ropa.... las personas con problemas, casi siempre acuden a nosotros, sea para ayudar a salir a los chicos de la droga o para buscar solución al problema de un anciano o un discapacitado... Incluso los organismos oficiales nos piden que les ayudemos a resolver muchos casos. Cuando se cometen atropellos en la vida social y laboral ahí nuestra palabra crítica para denunciar las injusticias. Nos acusan de estar siempre pidiendo. Tienen razón, porque mendigamos en nombre de los más pobres de la tierra. Gran parte de la ayuda internacional al hambre y al subdesarrollo pasa por nuestras manos. Nos preocupa la cultura, la enseñanza, la educación de niños, jóvenes y mayores, la formación de la conciencia moral para que las personas y la sociedad no vayan al caos. Somos cuidadores de una buena porción del patrimonio artístico, velando por la conservación de los templos. Con mucha frecuencia el sacerdote es animador sociocultural, organiza excursiones, obras de teatro, convivencias, campamentos... Si, además de todo esto, se ayuda a la gente a descubrir el sentido de la vida y a cultivar la fe y la esperanza, el servicio a la sociedad es de incalculable valor. Hay unos momentos en los que la vida humana corre más serio peligro, me refiero a la vida de los más indefensos: niños, mayores y discapacitados.¿Acaso sólo tienen derecho a vivir los que no tienen defectos ni limitaciones? ¿Es que mete algo en el bolsillo la Iglesia por defender la vida humana desde el comienzo hasta el final? Agradecidos tenían que estar muchos en esta época en la que todo vale a una institución que tiene valor para ir contra corriente, sin importarle ser criticada, para defender valientemente la vida, sea la del no nacido o la del enfermo o anciano que ya no parece rentable. ¿Por qué llaman carca a la Iglesia, cuando es más progresista la defensa de la vida? La Iglesia sabe que, independientemente de las creencias de cada uno, la familia es muy importante en la vida de las personas, y tiene todo el derecho a criticar una ley de divorcio que banalice el matrimonio. ¿Por qué no se buscan las causas y remedios ante los problemas familiares, en lugar de dar al matrimonio menos consistencia que a la compra de un televisor, que puedes devolver en el plazo de unos días? ¿Por qué en lugar de regular las uniones homosexuales se les quiere equiparar en plano de igualdad al matrimonio? ¿Acaso no es una manera de devaluar el verdadero matrimonio entre hombre y mujer? ¿Por qué si el ochenta por ciento de los padres piden la clase de religión para sus hijos, de acuerdo con su derecho constitucional, se les quiere privar de ello? La Iglesia siempre fue perseguida, desde sus mismos comienzos, empezando por su fundador. Pero siempre ha sobrevivido persecuciones, dictaduras, y crisis de todo tipo. Sinceramente, lo que más me preocupa en este momento no es la situación personal de los curas, que con la gracia de Dios podremos con todo, sino el enorme daño que se le hace a la propia sociedad a la que la Iglesia trata de servir desinteresadamente.
Advertencias a Zapatero Un día, hablando del Islam con un compañero de claustro, le dije que El Corán había copiado bastantes cosas de la Biblia, a lo que él me respondió que por qué no al revés. La respuesta es obvia. Es como si dijéramos que Cervantes copió de Camilo José Cela. El Islam surgió en el siglo VII después de Cristo. Algo parecido ocurre con las relaciones entre cristianismo y socialismo. Guste o no guste, hay que decir que cuanto de positivo pueda tener el socialismo en lo referente a la defensa de la igualdad, de la solidaridad o de la libertad, está tomado del cristianismo. No olvidemos que la modernidad ha empezado con Jesucristo. Dicho esto, deseo citar a continuación algunas frases escritas por un conocido político de izquierdas: - “Cristianos y socialistas podemos hacer muchas cosas juntos. Nuestra pasión por la igualdad, por la justicia o por la libertad tienen correspondencia con la búsqueda de la solidaridad o del amor al prójimo que está incorporada a las creencias religiosas del cristianismo... Cristianismo y socialismo no son dos mundos contrapuestos”. - “El cristianismo es una realidad entremezclada con el partido socialista que no conocemos bien. Es más, a veces la distorsionamos porque la vemos por apariencias que no son reales, por prejuicios heredados o por pretendidos intérpretes de lo que es el colectivo de cristianos y cristianas en España, que no refleja la realidad. En el PSOE hay muchos miles de afiliados que son a la vez cristianos y millones de votantes socialistas que se declaran cristianos”. - “Se ha mostrado en la práctica aquello que se decía en el congreso del PSOE de 1967: Socialismo y cristianismo, en tanto que religión de amor al prójimo, son absolutamente conciliables”. - “Es de justicia reconocer el hecho y la calidad del compromiso de tantos cristianos socialistas en el pasado y en el presente del partido”. - “Lo cristiano socialista forma parte de nuestra entidad. Así hemos de reconocerlo. El cristianismo constituye una de las culturas sociales que apoyan el socialismo en España... Como dice F. Pons, si fuese incompatible el apoyo al socialismo y la condición de católico en España, tendrían que cerrar la mitad de las iglesias o tendría que cerrar el partido socialista”. - “Sé cómo ha evolucionado la expresión social del cristianismo. Recuerdo especialmente la decisiva contribución de tantos cristianos en la oposición al franquismo y en la transición democrática. Y, mirando hoy a la sociedad, es obvio que ese suelo común de valores de solidaridad y dignidad de la persona tiene en el cristianismo una de las más importantes matrices culturales. Es más, en el trabajo de base que realizamos en barrios, pueblos y ciudades, vemos cómo numerosas asociaciones y movimientos sociales que trabajan por la paz y los derechos humanos, contra la exclusión social y por la solidaridad Norte-Sur, se reclaman de origen e iniciativa religiosa, en particular, cristiana. Es de gran interés para un partido socialista colaborar con este mundo de cristianismo social... El cristianismo es un colectivo pluriforme que necesitamos para conformar esa mayoría social que nos permite gobernar. Es un desafío para nosotros ser interlocutores y referentes del mismo, que nos vean como los mejores aliados para traducir políticamente sus demandas”. - “Podemos diseccionar estas prácticas éticas respecto de sus motivaciones religiosas. Sin embargo algo me dice que esta no es honrado con la realidad. La expresión social de este mundo no puede ser reducida con planteamientos materialistas o neopositivistas... Reivindicamos y defendemos un Estado aconfesional. Sin embargo la laicidad en este nuevo contexto no puede convertirse en el argumento para un dogmatismo antirreligioso. La defensa del pluralismo y de la democracia no puede hacerse sobre la indiferencia o el rechazo a la religión. La religión puede ser un complemento valioso de la democracia. Y la democracia es el mejor marco para el ejercicio de las religiones”. - “La creencia religiosa no es ajena a la esfera pública... En cuanto hecho compartido por una amplia ciudadanía con indudables efectos en la vida cotidiana, en las referencias éticas, incluso en el comportamiento político, es preciso tomar la religión como un asunto público. Un asunto que es preciso examinar desde los valores constitucionales. En este sentido han de apoyarse aquellas formas religiosas que contribuyan a un desarrollo de la ciudadanía democrática y a una sociedad justa”. - “La relevancia pública del cristianismo, para los socialistas, radica en la capacidad para inculcar en la conciencia humana valores comunes que también han constituido, desde hace siglos, el objetivo de la lucha social de la izquierda”. Hasta aquí me he limitado a copiar al pie de la letra una serie de frases escritas por un socialista. Perdónenme que aún no haya citado el nombre de su autor. Ello no obsta para que me atreva a recomendarle al Presidente del Gobierno Sr. Rodríguez Zapatero que las tenga en cuenta; que si tan importante es el cristianismo no se niegue al diálogo con él, ni impida que todos los estudiantes tengan la posibilidad de conocerlo en la escuela, ya sea desde una perspectiva confesional, o desde una opción no confesional. Pues es muy grave ignorar algo que en España tiene tanto peso ético y sociológico. Finalmente quiero dar las gracias al autor de las frases que acabo de citar. No vendría mal que otros muchos socialistas, entre otros los que tanto atacan a la Iglesia o a la asignatura de religión, las tuvieran en cuenta. Si desean saber el nombre del referido autor les diré que es un tal José Luis Rodríguez Zapatero, en las páginas 11 a 15 de un libro escrito en el año 2001 bajo el título: “Tender puentes. PSOE y Mundo Cristiano”. De nuevo recomendamos al nuevo Presidente socialista que lea y lleve a la práctica lo escrito por Zapatero. Constitución,
Monarquía e Iglesia Obran en mi poder dos preciosos libros, rescatados en casa de mi abuelo, editados en 1932 y 1933: “El niño republicano” y “Lecturas de oro”, que es una edición escolar de la Constitución de la Segunda República (1931). No me extraña que tanto en esa casa como en otras del pueblo hubiera tantas simpatías republicanas, aunque mi abuelo (casualmente apodado el Rey) no llegara a hacer lo que el tío Miguel, que en las mullidas de las vacas puso como iniciales las letras V R, que para nada se correspondían con las suyas propias, sino que significaban “Viva la República”. No obstante, mi abuelo se jugó el tipo, ocultando y alimentando en el pajar, en plena guerra, a algún rojo perseguido. Con más o menos razón, en los últimos siglos muchos españoles han achacado los males de España a los abusos o negligente actuación de los reyes. Ello provocó la aparición de la Primera República, la cual, a pesar de las buenas intenciones de muchos republicanos, fue un rotundo fracaso que culminó con el golpe de Estado del General Pavía, el cual entró en las Cortes, siendo un claro precursor de Don Antonio Tejero. A continuación se restauró la monarquía. Pero ni con república ni con monarquía parecía posible evitar el deterioro y división de la sociedad española. Incluso en la primera guerra mundial (1914) España estaba dividida, sin participar ella, unos con el bando aliado y otros con el germano. No es tampoco casual el hecho de que en torno a esta época fueran asesinados varios presidentes del Gobierno (Canalejas, Cánovas, Eduardo Dato), claro síntoma de inestabilidad. Bien entrado el siglo XX, de nuevo se trató de poner remedio a los males de España, agravados con la miseria y el terrorismo, con la solución militar, implantándose (quién lo diría, desde la sensata Cataluña) la Dictadura de Primo de Rivera. Nadie parece dudar que desde el punto de vista de las obras públicas y del florecimiento cultural, fue ese paréntesis una época gloriosa en la historia de España; y la figura del General golpista no trae malos recuerdos. Pero, inevitablemente, la falta de democracia generó corrupción y abusos. De nuevo surgió el malestar y no sólo hubo de terminar la dictadura sino que con ella se fue la monarquía. Aunque se pensaba restablecer la Constitución de 1876, ya no fue posible. Muchos españoles pusieron, entonces, las esperanzas en la solución republicana. El triunfo de la izquierda (sólo en las ciudades) en unas elecciones municipales hace que el 14 de abril de 1931 España se acueste monárquica y amanezca republicana. Mas pronto las esperanzas se desvanecieron, y muchos de los que acogieron con entusiasmo el movimiento republicano comenzaron a sentirse defraudados. Una fecha de muy triste memoria fue el 11 de mayo de 1931, día en que comenzaron a arder en Madrid cientos de Iglesias y conventos, ante la pasividad de los gobernantes. Esta vorágine anticlerical se extendería por toda España, con el lamentable balance de veinte mil iglesias y conventos quemados y más de seis mil curas y religiosos asesinados. En la zona de Fabero, por poner un ejemplo, desde Guímara a Sancedo, no quedó prácticamente ninguna Iglesia en pie y los sacerdotes vivieron meses de verdadera angustia. Ciertamente no hay ninguna razón que justifique semejante atrocidad, por muchos que fueran los fallos de la Iglesia. Concedamos que la Iglesia hubiera tenido mucho poder y riqueza, que fuera conservadora o estuviera de parte del poder monárquico. Pero ello no justifica semejantes atrocidades. Y menos en un régimen democrático. Por todo esto, mis familiares, republicanos, sí, pero civilizados y creyentes, y otros muchos españoles desencantados comenzaron a desconfiar de la República. Creo, sinceramente, que la Constitución de 1931, en sus artículos 26 y 27, manifiesta con claridad meridiana su talante antieclesial, favoreciendo muy poco la concordia pacífica entre españoles, una gran mayoría católicos. No es de extrañar que ante el insostenible deterioro de la situación surgiera de nuevo un levantamiento militar y que la Iglesia, tan duramente acosada, viera en él un rayo de luz y de esperanza para ella y para España. Desgraciadamente ello degeneró en una guerra civil en cuya crueldad participaron no solamente dirigentes militares y políticos, sino también el odio, la venganza y la envidia fratricida de muchos españoles. La propia Iglesia fue consciente de que era preciso restablecer en España la normalidad democrática y desempeñó un importantísimo papel en la transición. El Régimen de Franco, apoyado en un principio por el natural instinto de supervivencia de la Iglesia, terminó resultando inaceptable. Recuerden la dolorida queja de Carrero Blanco sobre la “ingratitud” de la Iglesia, o la cárcel de Zamora que estaba llena de curas, o el discurso de Tarancón al nuevo Rey en la Iglesia de los Jerónimos, o las reuniones clandestinas de sindicalistas y opositores al Régimen en locales eclesiásticos. La doctrina del Vaticano II jugó un papel decisivo. Ciertamente también la Monarquía, restaurada, o más bien instaurada por el propio Franco, ha sido otra pieza fundamental en el cambio a la democracia. Un momento muy importante ha sido la nueva Constitución de 1978, nacida del consenso y que sentó las bases de la convivencia entre los españoles, no complaciendo plenamente a nadie para que así pueda servir para todos. Pero hete aquí que hubo un momento en que en el Parlamento parecían revivirse los fantasmas del pasado, llegando ser Congreso de los Diputados, en palabras de Carrillo, “una jaula de grillos”. El misterioso intento de golpe de estado del 23 F, de dos generales “monárquicos”, afortunadamente no acabó con la democracia. Pero sostienen muchos que le hizo un gran favor, poniendo un poco más de orden y respeto en medio del caos parlamentario. Como quiera que sea, nadie parece dudar que la Monarquía puso a salvo la democracia. El breve espacio de éste artículo no nos permite profundizar en el tema. Pero, partiendo de las enseñanzas de la Historia, debemos mimar la Constitución de 1978 y no romper el consenso que permitió su nacimiento y posterior convivencia pacífica durante un cuarto de siglo. Parece que en España los movimientos antimonárquicos, anticlericales, o separatistas no han dado buenos resultados. El artículo 16 de la actual Constitución Española (de 1978), con muy pocas palabras, en bastante menos espacio que el que la Constitución de 1931 dedica a la Iglesia, sienta las bases para una armónica relación entre la Iglesia y el Estado: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Cualquier gobernante que se precie de sensato y prudente, sea del partido, que sea, por su bien y por el de España, en este terreno, deberá mantener la letra y el espíritu de la actual Constitución Española, sin resucitar ideas de otras épocas, que “huelan a naftalina”. Barra libre. La Iglesia invita Bajo el título “Barra libre para la Iglesia Católica” aparecía recientemente un artículo en esta misma sección, abogando por la eliminación de la religión en la escuela para evitar que la Iglesia transmita “sus ideas discriminatorias a todo el alumnado”. No vamos a escribir ahora sobre el tema de la enseñanza religiosa escolar por haberlo hecho ya en varias ocasiones. Tan sólo un breve comentario: esos alumnos, a quienes quiere mantenerse en la ignorancia religiosa, la mayoría están bautizados, han hecho la primera comunión, se confirman, se casan por la Iglesia, son enterrados ellos y sus familiares por el rito católico, disfrutan de las fiestas cristianas, y viven en una sociedad mayoritariamente católica. Algo deberán estudiar, aunque sólo sea para saber de qué va la religión y poder criticarla con fundamento. Hecha esta salvedad, quisiera referirme al tema de presunta actitud discriminatoria de la Iglesia. Me parece que el autor del artículo ha hecho un juicio de valor injusto. Más que con teorías prefiero responderle con hechos concretos. Y, para no divagar, me ceñiré a la porción concreta de la Iglesia que tengo más cerca y conozco mejor, a la Diócesis de Astorga. Si nos fijáramos en la de León o en cualquier otra se podría decir otro tanto. Creo, sinceramente, que si de algo se ha preocupado siempre la Iglesia es de luchar contra todo tipo de discriminación y marginación. He aquí algunos ejemplos: - Además de su ingente labor educativa en los seminarios, por donde han pasado miles de niños y adolescentes, se preocupó siempre de la creación de centros de enseñanza para que pudieran estudiar el mayor número posible de jóvenes. El Instituto Obispo Mérida de Astorga debe su nombre al prelado asturicense que consiguió su creación y puesta en marcha. Otros obispos posteriores se encargaron de crear colegios en todos los rincones de la Diócesis: Colegio Juan XXIII de Puebla de Sanabria, Colegio Pablo VI de La Rúa, San Andrés de Vega de Espinareda, San Ignacio de Ponferrada o San José de la Bañeza. Miles de chicos y chicas han tenido gracias a ellos la oportunidad de salir adelante en la vida. A esto habría que añadir otros muchos colegios de religiosos o religiosas. - Cuando la atención a los ancianos no era un negocio, ya estaban las Hermanas de los Ancianos Desamparados cuidando de los más pobres en el Asilo de Astorga, y el Obispado fue pionero en la creación de residencias para ancianos, sin preguntarles nunca por sus ingresos: Residencia San Juan Bautista en Astorga, Hogar Setenta en Ponferrada, Valdegodos en la Zona de Galicia, Villardeciervos en la de Zamora, otro tanto en Villafranca, La Bañeza, etc... - Fijémonos en otro colectivo propenso a la discriminación, como es el de los discapacitados o deficientes psíquicos (antes llamados subnormales). Aun hoy sigue siendo modélico y ejemplar el Colegio Santa María Madre de la Iglesia de Astorga, que ahora regenta la Diputación, pero que fue pensado y creado por la Diócesis. Otro tanto ocurre con el de San Juan Bautista en Veguellina. - Pasemos al tema de mujeres en situación difícil. Sin duda es pionero y ejemplar el trabajo realizado por la Casa de Acogida Nuestra Señora de Fátima, en Fabero, por la que han pasado muchos cientos de mujeres y niños. - Vayamos a otro mundo tan marginal como el de la droga. Ahí está Proyecto Hombre, nacido y gestionado en la Iglesia. Su presidente es el Obispo, su director un sacerdote. Todos sabemos que Proyecto Hombre es una de las instituciones más serias y eficaces para ayudar a los drogadictos, alcohólicos o ludópatas. ¿Acaso podrá alguien seguir pensando que la Iglesia discrimina a aquellos que la sociedad sí margina y discrimina? Que se den un paseo por los Centros de Santibáñez del Toral o de Fuentesnuevas. Aun nos quedan más grupos propensos a la marginación y discriminación: los enfermos, los minusválidos, los inmigrantes. Veamos. - Antes de que la sociedad civil se preocupara de los enfermos, ya la Iglesia estaba comprometida en aliviar sus sufrimientos y al lado de las catedrales, además de una escuela, estaba siempre un hospital. En efecto, los de León, saben que al lado de la Catedral estaba y está el Hospital de la Regla. En Astorga, adosado el primer templo diocesano, está el Hospital de San Juan Bautista. Y en Ponferrada ya hace cinco siglos que la parroquia de la Encina tenía y sigue teniendo el Hospital de la Reina, por poner algunos ejemplos. - Pero, ¿qué sucede con los minusválidos crónicos y sin medios para defenderse solos? Ahí está en Astorga el Centro de las Cinco Llagas, todo un modelo y ejemplo del cariño de la Iglesia por este colectivo, no solo por sus cuarenta residentes, sino también por otro grupo bastante más numeroso y que es objeto de especial solicitud de la Fraternidad Católica de Enfermos. - ¿Y qué decir de los inmigrantes? Pasen por Cáritas de Ponferrada y vean la ejemplar labor que se está realizando con ellos, ayudándoles a arreglar los papeles, a encontrar trabajo y dándoles todo tipo de ayuda. Recientemente se han abierto varias delegaciones de Cáritas para inmigrantes en Cacabelos, Bembibre, Toreno... - ¿Qué sería de muchos transeúntes si no fueran los Albergues de Astorga, Ponferrada, Fabero...? Hemos nombrado varias veces Cáritas. Nadie duda de su gran labor social, que daría para llenar muchas páginas. Es el último recurso que nunca falla y al que acuden los que se encuentran en situaciones límite, casi desesperadas. Pero la preocupación social de la Iglesia no se ciñe al ámbito de lo cercano y local, sino que va mucho más allá de las fronteras diocesanas. La Diócesis de Astorga, como todas las de España, a través Manos Unidas financia cada año varios proyectos de desarrollo en países del Tercer Mundo. Así mismo, a través de la Delegación de Misiones y de Cáritas encauza numerosas ayudas a países pobres. Y, sobre todo, tiene una importante representación de cuatrocientos misioneros repartidos por toda la geografía mundial, seriamente comprometidos en el trabajo por los más pobres y marginados de la tierra. No crean que se agota todo aquí, en este breve resumen, que no es más que la punta del iceberg. Habría para escribir varios libros. Tan sólo hemos ofrecido este pequeño botón de muestra para que se vea que no se puede juzgar a la ligera. No hagamos como aquel señor que, cuando el cura del pueblo consiguió la traída del agua para sus parroquianos, se negó a poner el agua corriente en su casa diciendo que él no quería cosas de curas. Es preciso informarse y despojarse de viejos prejuicios nacidos de un anticlericalismo trasnochado. El problema no es que se imparta religión en las escuelas, sino más bien la pérdida del sentido trascendente de la vida. La religión no es un estorbo, sino una ayuda. Pero a algunos les cuesta dar el brazo a torcer y no quieren entenderlo. Hoy simplemente hemos querido invitarles a que reflexionen y vean que la Iglesia no es tan mala como ellos creen. Parece ser que el actual gobierno tiene intención de que los musulmanes puedan impartir en los centros de enseñanza la clase de Islam. Creo que están en su derecho, dado que la Constitución Española los ampara. Quizá lo que más llama la atención es que hablan de tomar esta medida los mismos que desearían sacar de la escuela la enseñanza de la religión católica. Obviamente, son mayoría los españoles que piden clase de religión católica. No obstante, siguiendo con la Carta Magna, ambas religiones están en su derecho a ser impartidas en la escuela, y en ese sentido no hay nada que objetar. En todo caso, hay que reconocer que, mientras en los países de mayoría musulmana los cristianos tienen muy limitados sus derechos, la Iglesia Católica defiende con toda nitidez la libertad religiosa para todos. El solemne documento del Concilio Vaticano II, sobre la libertad religiosa no deja lugar a dudas: a nadie se le puede imponer una religión y a nadie se le puede impedir practicar la religión que desee, siempre que respete los derechos ajenos. Dicho esto, es preciso señalar, y así lo manifiesta el mencionado Concilio en los documentos dedicados al ecumenismo y a las religiones no cristianas, que todas las religiones tienen muchos puntos en común: creen en la existencia de un ser superior, en la vida más allá de la muerte, en la oración, en el cumplimiento de unas normas morales, etc... Ciertamente el parecido del Islam con el Cristianismo es enorme. Pero imagino que nadie medianamente formado dudará quién ha copiado del otro. En cierta ocasión un hombre de carrera a quien le dije que el Islam había copiado del cristianismo me decía que por qué no al revés. La razón es obvia: porque el Islam surgió seis siglos más tarde que el cristianismo. El hecho de que haya que respetar todas las creencias no quiere decir que todas las religiones sean iguales. Ocurre como con las ideas de cada persona: todas son respetables, pero no todas son igualmente acertadas. Sin duda el estudio de la religión es necesario para aclarar posibles dudas. Espero que estas líneas aporten un poco de luz. La religión ha existido siempre, desde los tiempos primitivos, puesto que el hombre ha tenido necesidad de buscar respuesta a sus grandes preguntas: qué somos, de dónde venimos, a dónde vamos... Poco a poco fue evolucionando y así aparecieron las grandes religiones de la antigüedad: persa, egipcia, griega, romana, hindú, budista.... Todas ellas han sido fruto de esa constante pregunta que el hombre se ha hecho por el sentido de la vida. La mayoría de estas religiones ya han desaparecido, pero han servido de preparación al gran momento en que Dios decide intervenir, hace casi cuatro mil años, revelándose como el Dios único a un pueblo pobre e insignificante, al pueblo de Israel. Ciertamente en la historia y vida de este pueblo hay cosas que dejan mucho que desear. Pero no podemos juzgarlas desde nuestra mentalidad actual. Afortunadamente la primera parte de la Biblia, el Antiguo Testamento, nos muestra cómo este pueblo va evolucionando y madurando hasta conseguir una religiosidad muy auténtica, centrada no sólo en la fe en el único Dios, sino en el amor y en la justicia social. Pero el momento culminante llega con Jesucristo, que no viene a destruir lo anterior, pero sí a perfeccionarlo. No creo que nadie pueda, aun desde un punto de vista meramente humano, objetar nada contra la persona y doctrina de Jesús. Nadie como él ha amado a la humanidad, a la naturaleza, a Dios Padre. Nunca trató de imponerse a nadie, ni nadie ha respetado como él la libertad de las personas... Se nos podrá criticar un montón de cosas a los cristianos, a la propia comunidad de seguidores de Jesús, que es la Iglesia; pero la mayor crítica que se nos puede hacer es, precisamente, que no seguimos el ejemplo ni las enseñanzas de Jesús. Pasemos al Islam. Allá por el siglo VII después de Cristo, un hombre llamado Mahoma, que al principio era politeísta, descubrió en uno de sus viajes la religión del Único Dios, la judía y cristiana. Ello le llevó a escribir El Corán, un libro sobre el Único Dios, en árabe Alá, totalmente lleno de citas de la Biblia. No es, por lo tanto, un libro con ideas originales. Ciertamente muchas de sus ideas son plenamente aceptables para un cristiano: la creencia en un único Dios, en la resurrección de los muertos y en la vida futura, los preceptos de la oración y de la limosna... Sin embargo a los cristianos nos consideran como infieles por creer que Jesucristo es Dios. Aceptemos que nos llamen así. No pasa nada, con tal de que se nos respete. Lo grave ha sido que interpretando el mandato de Mahoma de hacer la Guerra Santa contra los infieles fueron barriendo el cristianismo de gran parte de la geografía: Tierra Santa, Norte de África, gran parte de la Europa Mediterránea y Asia Menor, llegando a invadir España. Ello llevó a la Iglesia a meterse en aventuras tan penosas como las Cruzadas. Así como lo peor que se puede decir de un cristiano es que no siga el Evangelio, quizá lo más preocupante es que un musulmán siga el Corán al pie de la letra, como sería preocupante que un cristiano siguiera algunas leyes del Antiguo Testamento, que han quedado desfasadas (pena de muerte, castigos como la mutilación, trato a la mujer...) No cabe duda que los musulmanes, y muy especialmente en España, han aportado una enorme riqueza desde el punto de vista cultural y científico. Lo malo es que después no se ha evolucionado o, lo que es peor, como ha escrito un erudito musulmán, en muchas partes se ha impuesto el “integrismo musulmán” que perjudica al Islam y a los verdaderos musulmanes. Decía Jean François Revel hace casi treinta años, en plena guerra fría, que Europa miraba mucho el peligro comunista, pero que en realidad había que mirar más hacia el Islam. Ha sido buen profeta. Ya sabemos que no todos los musulmanes son iguales y que hay distintas tendencias. En todo caso sería cuando menos imprudente ignorar la espléndida herencia cristiana que tanto bien ha hecho a la humanidad en general y a Europa en particular, y olvidar los riesgos de favorecer no tanto el Islam, que es muy respetable, cuanto el peligrosísimo integrismo islámico.
Más de una vez
hemos oído decir, a la hora de manifestar que una cosa tiene éxito, que dura
menos que un caramelo a la puerta de un colegio”. Pues bien, aun hay algo
capaz de suscitar, mucho más que los caramelos, el interés de los alumnos a
las puertas de un centro escolar: un cartelito, por pequeño que sea, que
anuncie la convocatoria de huelga de estudiantes. Lo de menos es quién la
convoca y para qué. Lo importante es saber que surge una buena disculpa para
no asistir a clase, con lo que se agradece un día de descanso. En plan
egoísta, los profesores deberíamos alegrarnos también de estas jornadas
reivindicativas por brindarnos la oportunidad de relajarnos un poco del
estrés cotidiano que supone impartir clases. No sé lo que pensarán los padres
al respecto, pero, a juzgar por lo que conozco y el éxito de estas
convocatorias, parece que una gran mayoría están de acuerdo con sus pobres
pupilos, como si fueran víctimas oprimidas por el sistema educativo. No
piensan lo mismo algunos otros progenitores, que no consienten que sus hijos
secunden las huelgas y pierdan horas de clase. Cuando aparecieron los sindicatos, nacieron con la noble finalidad de defender a los obreros de los abusos a que se veían sometidos: bajos salarios, condiciones deprimentes de trabajo y otra serie de injusticias. Con el tiempo surgieron también los sindicatos de estudiantes, como organizaciones para defender los derechos de los alumnos. En efecto, los alumnos pueden reclamar centros e instalaciones dignas, pueden pedir que los profesores expliquen bien y sean justos a la hora de calificar, y todo aquello que contribuya a que la enseñanza sea de calidad, que todo el mundo tenga acceso a la misma, etc... Hasta aquí todo parece normal, sobre todo si el defender los derechos no lleva consigo olvidar que también existen unos deberes. Pero la cosa cambia cuando se entremezclan otros intereses ajenos a la vida estudiantil. El primero de ellos sería la supervivencia del propio Sindicato, necesita hacer algo, demostrar que existe. En este sentido el éxito lo tiene asegurado, no necesita dar muchas explicaciones, con nombrar la palabra “huelga”, con mandar un panfleto, le harán caso sin necesidad de leerlo. No les preguntéis a los alumnos, ni siquiera a los “delegados sindicales” quiénes son sus jefes ni si son o han sido buenos estudiantes, ni si tienen algo que ver o no con el “Cojo Manteca”, aquel que iba rompiendo semáforos y farolas en las huelgas estudiantiles de la pasada década. Por supuesto, los alumnos huelguistas nunca han tenido oportunidad de elegir o escoger a quienes desde Madrid dicen ser los legítimos representantes de todos los estudiantes de España. El segundo objetivo es la lucha política. No hace falta más que entrar en su página web para ver qué ideologías están detrás, o leer el último panfleto de convocatoria de huelga, todo un alegato contra el PP. Pero quizá el logro más importante es producir el desconcierto y fomentar la confusión. Veamos una pequeña muestra. El día siguiente a las elecciones del 14 M, una alumna escribió en la pizarra de su clase: “por fin podrán estudiar los hijos de los obreros”. Y es que están logrando convencer a muchos alumnos de que la Ley de Calidad de la Enseñanza sólo permite estudiar a los hijos de los ricos. Nada más ajeno a la realidad. Hoy día el fracaso escolar no se debe a causas económicas, sino a la falta de interés y de esfuerzo de los alumnos y, a veces, a la complicidad de los padres. Así mismo otra falacia enorme es la de echar las culpas del fracaso de la enseñanza pública a la existencia de centros públicos concertados, lo que llamaríamos la privada. ¿Es que influye negativamente en la marcha del Instituto Gil y Carrasco o Álvaro de Mendaña de Ponferrada la existencia del Colegio San Ignacio o el de las Concepcionistas? A unos y otros centros van chicos y chicas exactamente iguales, de manera gratuita, y unos y otros centros son sufragados con los impuestos de los padres de los alumnos, que tienen derecho a elegir libremente la educación de sus hijos. Si en unos hay más disciplina o menos que en otros no es cuestión de dinero, sino de cómo se gestione la marcha del centro. La solución no está en hundir a los que funcionan bien, sino en exigir a unos y otros que cumplan con la legalidad. Recuerdo la saña con que algunos abogaban por el cierre del Colegio Diocesano San Andrés de Vega de Espinareda que tanto servicio, prestigio y ganancias dio a la villa. Después de su cierre muchos se manifestaban porque tenían que venir a Fabero a estudiar la ESO y algunos se dieron cuenta, tarde ya, de lo que habían perdido. Trabajo en un Instituto que parece casi un chalet, rodeado de hermosos jardines y pistas de deporte, acogedor, con sus correspondientes aulas de informática, bibliotecas, laboratorios, clases muy dignas y unos profesores competentes. Cierto que siempre es mejorable, pero aunque se invirtieran cientos de millones, como no haya disciplina, ganas de estudiar, respeto, seriedad académica... de poco serviría llenar las clases de ordenadores y con la mejor biblioteca del mundo, todo esto no valdría para nada. Entre los frutos inmediatos del Sindicato de Estudiantes está el descontrolar la marcha del curso. Un jueves sí y otro también, a lo largo de estos últimos años hemos visto de qué manera, con las huelgas, se rompe el ritmo escolar, con los consiguientes trastornos y efectos negativos para los alumnos. A veces, créanme, llego a dudar si en el fondo no habrá poderes ocultos interesados en que los alumnos no adquieran una formación que les capacite para pensar y educarse en valores, de modo que así sean más manipulables. En este sentido comprendo el deseo que algunos tienen de eliminar la clase de religión, porque, entre otras cosas, ayuda a pensar y a ser más libres y críticos. No me extraña que el Sindicato y otras instancias estén tan interesados en su desaparición. De cara al próximo curso nos encontramos con un panorama incierto. Estaba previsto que comenzara a aplicarse la Ley de Calidad de la Enseñanza, aprobada para corregir los enormes fracasos de la LOGSE. Los nuevos gobernantes y algunas comunidades autónomas parece que no están dispuestos a ello. ¿Quién saldrá beneficiado de este incumplimiento? Sinceramente, creemos que cualquiera menos los estudiantes. Eso sí, su Sindicato puede estar orgulloso de que finalmente triunfen sus tesis. Finalmente sugiero a todos aquellos que, siguiendo las directrices del Sindicato de Estudiantes desean una enseñanza mejor, para evitar efectos secundarios negativos, convoquen huelgas a la japonesa, es decir, en lugar de faltar a clase, vengan más horas al centro y estudien el doble. Si esto funciona, es que quizá tengan razón. Si, hasta hace no mucho
tiempo, raro era el mes en que no se producía en España algún atentado
terrorista, ahora rara es la semana en que no se produce algún crimen
familiar o, como en el día de hoy, nada menos que cuatro. Por otra parte, nos
basta con echar una mirada al entorno familiar o parroquial para constatar
cómo se cumple la estadística de que cada cuatro minutos se rompe un matrimonio en España. Así mismo, en el
trato diario con alumnos niños, adolescentes y jóvenes, tenemos ocasión de
comprobar la desastrosa influencia que sobre muchos chicos tiene la situación
de deterioro de sus familias. No es, pues, de extrañar que la solicitud pastoral de los Obispos les haya llevado a afrontar este gravísimo problema social, dando lugar a la reciente publicación del Directorio de Pastoral Familiar. No sé cuantas personas habrán leído íntegramente sus doscientas cincuenta páginas, todo un libro, me imagino que muy pocas. E incluso me temo que muchos de los que lo han comentado públicamente no se hayan detenido a leerlo. Otros se habrán quedado, como casi siempre, con las frases más discutibles o polémicas o, simplemente, con los titulares más sensacionalistas que algunos medios han hecho de él. En un documento tan amplio y complejo, elaborado por tantas personas, no sería imposible encontrar alguna expresión poco feliz, si bien creemos que en este caso los detractores del mismo han sacado las cosas de contexto. Es una pena que ello conduzca a la descalificación global, porque, dejando a un lado esos supuestos puntos “discutibles”, se trata de un análisis muy valioso, certero y sincero de la situación familiar actual. Hay que estar muy ciegos para no ver que dicha situación es en muchos casos realmente preocupante y desastrosa. Podría poner ejemplos muy cercanos, casi dramáticos, pero no es el lugar para hacerlo. Algo sabemos de malos tratos a mujeres. Hace aproximadamente quince años sugerimos a una comunidad religiosa de nuestra parroquia que se vio obligada a cerrar su colegio de enseñanza, que lo reconvirtiera, dedicándolo a mujeres maltratadas o con problemas. Nuestro “temor” era la falta de personas que necesitaran este tipo de ayuda. Decidimos enviar varias cartas a ayuntamientos y diputaciones, ofreciéndoles este servicio. La Diócesis de Astorga también se implicó en ayudar a salir adelante el proyecto. Poco a poco comenzaron a venir mujeres y niños de todas partes y hoy ya resulta difícil recordar los nombres de todas las personas que han pasado y siguen pasando por esta Casa de Acogida, porque se trata de muchos cientos, pasa del millar. Pero nos queda la satisfacción de saber que la Iglesia ha sido pionera en éste como en otros muchos campos, ayudando a solucionar muchos problemas de tipo social (ancianos, drogadictos, enfermos de sida, transeúntes... ). Entre las causas que generan estas situaciones de violencia doméstica, a juzgar por lo que hemos ido conociendo en estos años, hemos llegado a la conclusión de que juega un papel muy importante el alcoholismo, la drogadicción y la ludopatía. Si miramos ahora el ambiente en que transcurre el fin de semana de muchos de nuestros jóvenes, no será difícil adivinar el futuro. Pero, evidentemente, también se dan otras causas, como es la inmadurez con que muchos se acercan al matrimonio, la falta de valores, la influencia perniciosa de los medios de comunicación, patologías como los celos, o el no ser capaz de asumir que tu pareja te abandone, etc... Generalmente, al hablar de violencia doméstica, tendemos a culpabilizar siempre al varón o a referirnos solamente a la violencia física. También existe la violencia psicológica, que no es patrimonio exclusivo de ningún género. Hemos visto a más de un hombre bueno y trabajador llorar, hundido por los malos tratos psicológicos que le ha propiciado su compañera, llevándoles en algunos casos al suicidio. La psicología diferencial subraya que mientras el hombre es más fuerte físicamente, suele ser más débil psicológicamente. La existencia de mujeres maltratadas no debería hacernos olvidar que también hay hombres maltratados. En todo caso, que quede claro, nada de esto justifica ningún tipo de violencia. Entre las frases más discutidas del documento episcopal, las únicas con las que se ha quedado la mayoría de la gente, están las referidas “revolución sexual” y al “lobby homosexual”. Creo que es preciso no sacarlas de contexto y no tomarlas por donde más queman. No cabe duda que la llamada revolución sexual puede tener componentes
muy positivos, en la medida en que puede enlazar con la más positiva y
genuina visión bíblica de la sexualidad, creada por Dios para el bien de la
persona y de la especie, a veces desvirtuada por ideologías ajenas al
cristianismo, como ciertas corrientes gnósticas. Nadie puede negar la
importancia de reconocer la igualdad de derechos del hombre y la mujer, la
mayor valoración del cuerpo o la dimensión lúdica, relacional y humanizante
de la sexualidad. Pero no seamos tan ingenuos como para pensar que el
pansexualismo dominante o la banalización de la sexualidad no tiene sombras. Aunque
se le llama a Alfred Kinsey el “padre de la revolución sexual”, no cabe duda
que Siegmund Freud ha sido un importante precursor. Sin negar las
aportaciones positivas de uno y de otro, no se puede aceptar ciega y
dogmáticamente todo lo que han dicho. De hecho, muchos que en su día
acogieron de manera entusiasta las teorías kinseyanas hoy están de vuelta, al
ver algunas de sus patéticas consecuencias. Con razón dicen los Obispos que “la sociedad, cada vez más farisaica en este punto, ha querido
ocultar la multitud de dramas personales que se han producido” por la
extensión de algunas ideas de la revolución sexual. ¿Acaso no es verdad esto?
¿No es mejor intentar hacer frente a los problemas, ahondando en sus raíces
que torcer la mirada hacia otra parte? ¿Acaso no han sido valientes los
Obispos llamando a las cosas por su nombre? Respecto al
llamado “lobby gay” y su fuerte presión mediática, nadie pondrá en duda que
se trata un hecho objetivo, fácil de constatar en los últimos tiempos. Es
curioso que muchos de los que han dejado de creer en el matrimonio entre
hombre y mujer, ahora tienen una fe muy especial en el matrimonio entre
personas del mismo sexo. No los juzgo. Simplemente confieso que en este
terreno, me considero muy tradicional y anticuado. Finalmente, Señor
Zapalana, respeto su discrepancia con los Obispos en este terreno, pero,
¿realmente ha tenido tiempo de leer todo el documento?. Amigo José Luis,
¿crees que tus comentarios al documento de la Conferencia Episcopal Española
son propios de la prudencia y diplomacia de un aspirante a Presidente del
Gobierno Español? ¿Sexo y
marihuana como alternativa a la religión? La enseñanza de la
religión está de moda. Somos muchos los que hemos escrito en esta misma
sección sobre el tema, unos defendiendo su legitimidad, otros abogando por su
desaparición. De lo último da fe el reciente escrito titulado “El hecho
religioso y la escuela laica”, del 14-4-04, que no tiene desperdicio, firmado
por Don Felix Barajas. Así mismo, todo el mundo sabe que una de las
prioridades del nuevo gobierno socialista es que no se ponga en marcha la Ley
de Calidad de la Enseñanza en lo referente a que todos los alumnos,
independientemente de sus creencias, tengan un mínimo de conocimientos sobre
un tema tan presente en la historia de la humanidad y en el mundo actual como
es el hecho religioso. Nunca he entendido esta obsesión por que exista
ignorancia en temas de tanta trascendencia. Más aún, los enemigos de la
enseñanza religiosa escolar deberían sentirse satisfechos, pues la opción no
confesional de la religión podría ser impartida incluso por un ateo o
anticlerical. Parece ser que el autor del mencionado artículo está marcado por alguna experiencia desagradable en sus tiempos de estudiante. Al menos eso se desprende de sus palabras: “nuestros padres denunciaban los abusos sexuales a que éramos sometidos por algunos religiosos”. Ciertamente todo abuso es reprobable, pero de ahí no se puede deducir que la religión no sea importante. Es como si dijéramos que hay que eliminar la Guardia Civil o la Policía porque algunos de sus miembros hayan cometido abusos. Dicho esto, quisiera comentar algunas de las afirmaciones del referido escrito del Sr. Barajas: Empiezo casi por el final. Dice Don Felix que “se tilda a nuestros
jóvenes de escépticos, de frívolos y de vacíos porque se han alejado de las
religiones «oficiales». Ellos tienen su fe. Su religión es universal. Sus
grandes catedrales son los espacios abiertos, o los estadiums, o las
macrodiscotecas. Sus dioses son sus ídolos del rock, o del deporte. Su incienso
es el hachís, la marihuana, el alcohol... Su liturgia la danza y el sexo sin
límites. Sólo se es joven una vez... Sin imposiciones. Sin dogmas. En una
continua explosión de ilimitada libertad”. No sabe cuánto le agradezco su sinceridad. Este párrafo es muy elocuente. Creo que Usted es profesor. ¿Por qué no lo propone al Consejo Escolar y al Claustro de Profesores para que lo incorporen al Ideario de su Centro? Tal vez podría finalmente respetarse la alternativa a la religión católica, explicando esta nueva religión de la que Usted nos habla. Algunos temas ya nos los ha señalado en su escrito: cómo fumar porros o ponerse una raya, cómo emborracharse, cómo hacer cada uno lo que le de la gana, cómo vivir una sexualidad desenfrenada... y por supuesto cómo evitar algo tan anticuado y retrógrado como la religión cristiana. Y no crea que le hablo con ironía, pues éste es el camino por el que van muchos jóvenes cuando no se les da otro tipo de valores trascendentes. Como libro de texto se podrá poner la “Historia criminal de cristianismo”, que cita en su escrito. No sean tontos, aprovechen la alternativa para explicar estas cosas. El caso es que en su artículo aparecen citas bíblicas del Éxodo y del Deuteronomio así como algunas afirmaciones relativas a la disciplina eclesiástica y a la historia de la Iglesia. Aunque son datos sacados de contexto y no suficientemente asimilados, al menos indican que el Señor Barajas en su día estudió algo de religión y gracias a ello puede escribir y hacer comentarios sobre el tema. Pero muchos de nuestros jóvenes, a este paso, ya no podrán abrir la boca para criticar algo que desconocen. Quisiera comentar otra frase: “Si lo que realmente deseamos para nuestros
alumnos es una educación progresista, acorde con los tiempos, en un contexto
laico y aconfesional como el nuestro, en pleno siglo XXI, no queda otra
salida que la de eliminar la religión, todas las religiones, del ámbito
educativo, en todos sus niveles”. Me gustaría saber qué es eso de una “educación progresista”.
¿Jesucristo es progresista o retrógrado? ¿Qué es eso del contexto laico y
aconfesional? ¿No son católicos, más o menos practicantes, la mayoría de
nuestros alumnos y sus familias, incluidos muchos de los que no van a clase
de religión? Y aunque no lo fueran, ¿el contexto de nuestra sociedad hoy por
hoy es de una mayoría de creyentes?. Dice también el profesor
Barajas: “A veces, en clase, surgen debates sobre temas de actualidad que
atañen directísimamente a los jóvenes, en su momento vital y social, tales
como la sexualidad en todas sus variantes, el aborto, el divorcio, la
masturbación, la utilización de anticonceptivos, los abusos sexuales, la
violación, las adicciones, todo ello siempre anatematizado por la Iglesia.”. O
sea, que ¿legitima Usted, entre otras cosas, los abusos sexuales, las
violaciones y las adicciones?. Vivir para ver. “La experiencia religiosa
pertenece a la parcela de lo puramente subjetivo, personal, íntimo”. También
el matrimonio y el dinero que uno gana y las ideas políticas y el arte...
Pero eso no excluye su importantísima dimensión social. Otra perla: “El hecho
religioso, en el siglo XXI, es incompatible con los avances en el terreno de
la genética, de la técnicas, de la concepción holística del universo y del
ser humano”. Pero vamos a ver, buen hombre, ¿no sabe Usted que los
científicos no inventan nada, sino que descubren lo que ya existe? El hombre
ha tardado miles de años en descifrar el genoma humano o el interior del
átomo. Pero eso ya existía antes de que hubiera hombres. El verdadero
científico ha de sentir una enorme admiración ante lo que el hombre no ha
creado. Por eso cada vez más nos encontramos con grandes científicos que son
grandes creyentes. Recuerde aquello de que “un poco de ciencia aleja de Dios,
mucha ciencia acerca a Él”. Y también la frase de Ranher: “El siglo XXI será
religioso o no será”. Habla Usted de la “nefasta
influencia de las religiones”. ¿Se refiere Usted a la “nefasta”
influencia del cristianismo en Occidente y su innegable aportación a la
Declaración Universal de los Derechos Humanos? Se nos acaba el espacio.
Termino con las tres últimas palabras de su escrito: “nuestra supina
estulticia”. ¿Se trata de una confesión sincera o de una expresión
retórica? Quiero pensar que será más bien lo último, pero sólo si su artículo
fue escrito de cachondeo y no en serio. Hace algunos días era noticia la protesta de una asociación de más de doce mil tetrapléjicos de España contra la película “Mar adentro”, por tratarse, según su presidente, de un “canto a la muerte”, mientras que ellos desean un “canto a la vida”. Precisamente entre mis mejores y más fieles amigos se encuentran dos personas que llevan prácticamente toda su vida en silla de ruedas, dependiendo totalmente de sus padres hasta para llevar la comida a la boca. Son hermanos, se llaman Mino y Elena, nacidos en Ancares, pero residentes en Ponferrada, después de haber pasado en Fabero gran parte de su vida. No es de extrañar que tengan otros muchos amigos que les quieren y admiran, puesto que transmiten bondad y alegría por los cuatro costados. Las limitaciones físicas de ningún modo les quitan las ganas de vivir y de disfrutar de sus amistades y de tantas cosas buenas como tiene la vida. No se trata ahora de dudar de las cualidades artísticas de la película de Amenábar. Una cosa es la calidad cinematográfica y otra muy distinta el mensaje que pretende transmitir: un canto al suicidio asistido. También sabemos que, aunque toma como base la historia de Ramón Sampedro, se permite deformar la realidad, por ejemplo, ridiculizando a un sacerdote tetrapléjico, Don Luis de Moya, que fue a visitarlo en términos muy distintos a lo reflejado en el film. De muchos es sabido que, cuando Hitler quiso promocionar la eutanasia, también se valió de una enternecedora película titulada “Yo acuso”, urdida por su ministro Joseph Goebbels en 1942. Contaba la historia de una mujer gravemente enferma que suplicaba a su marido que la matara. El esposo decidió matarla, sufriendo por ello una dura condena. La finalidad de la película era desencadenar reacciones emotivas del público en contra de los fiscales y jueces, y difundir una opinión favorable hacia este tipo de “muerte por compasión”. Algo se de la muerte, en el sentido de que he visto agonizar y morir a muchas personas, y también he visitado a muchos ancianos y enfermos terminales. Una cosa es retrasar absurdamente la muerte (el ensañamiento terapéutico), o el tratar de mitigar el dolor (lo que podríamos llamar sedación paliativa) y otra muy diferente el matar directamente a alguien o ayudarle a suicidarse. Creo que los profesionales de la medicina saben muy bien lo que hacen y para eso no hace falta más ley que la deontología profesional. Ahora que la Iglesia ha protestado contra la eutanasia se dice que no era intención del gobierno el aprobarla. Mejor. Pero el peligro está ahí y consiste en hacernos creer que hay vidas que no merecen la pena, que ya no tienen valor. En nuestra sociedad del bienestar es tentador eliminar a aquellas personas que no parecen rentables o que nos incomodan, aunque intentemos justificar su eliminación como un acto de piedad: “esto no es vida, pobrecitos... para vivir así están mejor en el cielo”. No seamos tan indulgentes con la Seguridad Social, a costa de quienes deberían ser sus preferidos, los que nos enseñan a valorar y amar la vida. Se podría hacer otra película, un canto a la vida, quizá “Mar afuera”. El sermón de SantiagoNuestro querido don Julián Barrio, cura astorgano y en la actualidad Arzobispo de Santiago de Compostela, se ha convertido en noticia por su sermón ante el Rey y el presidente del Gobierno en la fiesta del Santo Patrono. Sus referencias al tema del matrimonio heterosexual, el único que ha existido siempre, dentro y fuera de la Iglesia, han provocado numerosas reacciones críticas. Conociendo a Don Julián, uno no puede menos que tomar a broma algunas de esas respuestas airadas. A parte de que Don Julián Barrio es la bondad y la prudencia personificadas, es un hombre muy listo, con una brillante trayectoria académica, y una vasta cultura, unido todo ello a la sencillez y humildad sin el menor atisbo de afectación. Por eso me da un poco de pena, más que de risa, oír o leer algunos comentarios de quienes no le llegan a la suela de los zapatos. La verdad es que las lecturas de la misa del 25 de julio no tienen desperdicio como base para un buen sermón, pero, eso sí, con consecuencias. Que le pregunten a don Santiago del Pino, profesor del Seminario, a quien recuerdo con gratitud, por el sermón que pronunció en su iglesia de Moratalaz un día del Patrón Santiago, defendiendo los derechos humanos, allá por el año 1974, que le valió unas vacaciones gratuitas en la cárcel de Carabanchel y una multa de 750.000 pesetas de las de entonces, que pagarían a escote sus feligreses. Pero, hablando de sermones, ¿cómo sería el que predicó el propio Apóstol Santiago, y que llegó a oídos del rey gay, Su Majestad Herodes?. La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, presenta el enfrentamiento de los Apóstoles con las autoridades, que querían a toda costa tapar la boca a los seguidores de Jesús: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ese?» Pero ni caso. Pedro y los Apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que los hombres». La respuesta parece coherente y de sentido común, pero puso todavía más furiosas a las autoridades, y Herodes mandó degollar a Santiago. Seguro que quedó satisfecho, puesto que al fin había acabado con aquel insolente predicador. Pero ¿qué diría hoy el monarca si levantara la cabeza? Se desmayaría viendo el éxito que durante siglos ha tenido el Apóstol, produciendo uno de los movimientos religiosos y culturales más importantes de Europa y del mundo. El fracaso de Santiago sólo fue aparente. Ya San Pablo (segunda lectura) decía: «Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan». De veras que al leer estas palabras me he sentido reconfortado. Uno es cura con la mejor buena voluntad del mundo y se esfuerza en ayudar a la gente en todos los sentidos, porque esa es la misión de la Iglesia. Sinceramente no entiendo ese desprecio, ese ataque constante, unas veces descarado y otras sibilino que está sufriendo en la actualidad la Iglesia Católica en España y en el que también participan algunos dirigentes políticos que, dicho sea de paso, tienen mucho que agradecer a los colegios de la Iglesia y seminarios por donde pasaron. ¿Se referiría ellos Jesús cuando decía, como recoge el Evangelio del día de Santiago: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo»?. Hay varias formas de tiranía: una es la típica dictadura no disimulada, rechazada por todos los que presumen de demócratas y otra la encubierta y solapada, con apariencias de legitimidad democrática. Por desgracia, para la mayoría de la gente, del sermón del Arzobispo de Santiago de Compostela sólo quedará, sacada de contexto, la referencia hecha al matrimonio heterosexual, como distinto de cualquier otra forma de unión, y no se habrán enterado de otras afirmaciones que son la base y el cimiento de su discurso. Destaco algunas de estas frases: - «La doctrina social de la Iglesia considera que el sistema democrático funciona únicamente en una conciencia rectamente formada y ésta enmudece si no está orientada conforme a los valores éticos y morales fundamentales de la dignidad de la persona que pueden ponerse en práctica incluso sin explícita profesión del cristianismo». - «La laicidad en su versión extrema se ha convertido en laicismo con la
pretensión de marginar del espacio social la dimensión religiosa... Todo
intento de reducir la laicidad a un espacio único no es más que una quimera
irreal y contradictoria». - «No es posible entender y servir de verdad a España sin tener en cuenta las raíces cristianas, clave para interpretar la riqueza cultural de nuestra historia, más allá de toda confrontación deshumanizadora». No sé si muchos oyentes o lectores, incluidos los más cualificados,
tendrán capacidad para entenderte. En todo caso, amigo Julián, sucesor de los
Apóstoles, enhorabuena, porque, sin que se cele Santiago, te has hecho
realmente el merecedor del abrazo que ordinariamente se da al Santo. Al fin y
al cabo has encarnado perfectamente su talante. Como Pedro has vuelto a decir
que es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres; y, como Santiago, te
has arriesgado al degüello, si no físico, al menos moral. Con elegancia, sin
perder la compostura y al mismo tiempo saltando las normas de una diplomacia
farisaica, has sabido aprovechar la ocasión para decir la palabra oportuna en
el momento oportuno. Lo triste es que muchos no alcanzan a entender su
profundo significado o sacan de contexto tus palabras. Quiero terminar
añadiendo un deseo a otro párrafo de tu discurso y desearía de corazón que
nuestros gobernantes lo entendieran: Ojalá lleguen nuestros gobernantes, libres de prejuicios, a comprender la verdadera importancia y necesidad de esta sana cooperación por el bien de la sociedad a la que han de servir. Cuando algunos
estudiábamos pasábamos el día escribiendo a máquina los apuntes que nos daban
algunos profesores. Pocos años más tarde, un invento tan sencillo como la
fotocopiadora permitiría realizar en pocos minutos lo que antes tardaba en
hacerse un montón de horas. Pero lo que ni el mismo Julio Verne pudo imaginar
es que algún día se pudiera hacer la “fotocopia” de una persona, entendiendo
por tal lo que llaman clonación. Hace no muchos años nos sorprendieron los
científicos con la oveja Dolly, que en
paz descanse, fruto de esta técnica que deja atrás la manera clásica y
natural de reproducirse los mamíferos. Pues bien, parece ser que ahora ya se
está haciendo con seres humanos. No se trata aquí de la llamada fecundación in vitro, que consiste en procurar la fecundación del óvulo fuera del cuerpo para ser implantado posteriormente en el útero materno, sino de la transferencia del núcleo de una célula somática diferenciada al citoplasma de un ovocito al que se le ha quitado el núcleo, convirtiéndolo en un cigoto que puede desarrollarse como un embrión normal. Pero parece ser que si en lugar de implantarlo en el útero de una mujer, produciendo así una “fotocopia”, esto es, un clon de la persona donante del núcleo, se mantiene en el laboratorio, se pueden cultivar tejidos aptos ser trasplantados a un paciente, que bien podría ser el mencionado donante, sin temor a que se produzca un rechazo inmunológico. Dicho en un lenguaje más fácil de entender, un enfermo de diabetes o de alzheimer, por ejemplo, podrían curarse de la siguiente manera: se crearía un nuevo ser humano, en su fase embrionaria, haciendo una clonación del paciente. Si este embrión se implantara en una mujer saldría un doble del enfermo. Pero de no ser así se sacrificaría para curarlo. La pregunta que tenemos derecho a hacernos es la siguiente: ¿Todo lo que es científicamente posible se puede admitir desde el punto de vista ético? ¿Es moralmente lícito? Nadie duda la importancia que tienen los trasplantes de órganos y la cantidad de vidas que se salvan. Pero sabemos que esto no se puede hacer a cualquier precio. En estos mismos días unas religiosas misioneras han denunciado que en un país de África están desapareciendo niños y personas mayores que son cebadas y posteriormente asesinadas para vender sus órganos. Nadie duda de la eficacia desde el punto de vista científico. Pero no deja de ser algo inmoral y totalmente reprobable. En el caso que nos ocupa, a la hora de valorar un descubrimiento científico, no podemos mirar solamente a su eficacia, sino que también la ética tiene una palabra que decir. Si la clonación de s |