Para crecer juntos...

Viendo la Cruz se aprende a verlo vivir 

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

 

Ayer, solamente ayer, pude observarlo,

estaba casi inerte, al borde de la muerte.

Sin aspecto humano, sin ninguna consideración.

Vacilé al verlo tan encarnecido.

Vacilé con la mirada casi aterrorizada.

Era...

Una cruz que masticaba el aire.

Una corona que apretaba inocencia.

Un cuerpo dibujando muerte,

Una muerte que se hacía cuerpo.

 

Aquel Jesús de los milagros moría,

aquel Jesús del “remar adentro”

se hundía lentamente

en aquel triste día.

 

De repente, casi de inmediato

como hoja halada por el viento

abrió su boca,

movió sus labios

y con voz entrecortada

gritó con cierto entusiasmo:

 

-         La paz esté con Ustedes –

 

Jesús nos trae la paz y nosotros la guerra.

Su resurrección es causa de gozo

Y nuestra guerra para Él tristeza.

 

Estaba completamente equivocado

Si pensaba encontrarlo en la cruz solamente.

La había vencido.

Le había ganado

y el precio fue la muerte.

 

Creí encontrarlo solo en el templo,

o en aquellos momentos de intimidad orante

para que de “repente” llegará a mí

en una presencia que escapa a nuestra vista,

que trasciende todo lo presente,

que borra toda la tristeza vivida.

 

 

Ahí comprendía toda su obra.

Ahí aprendía que todo pasa por la cruz.

Que un viernes antecede al domingo

Y que ese domingo no había muerte sino vida.

 

Era un mensaje muy claro

en una palabra profundamente reveladora.

¡Vayan, vayan ahora...!

Para anunciar por el mundo entero

No está muerto

Está vivo y entero.

¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!