Para crecer juntos...

Un tal Jesús ¿Y que Jesús?

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

Jesús la fuerza de Dios en el Espíritu Santo, hijo de María, ésta hija de Joaquín y Ana; hijo de José carpintero que descubre su vocación en un sueño y aceptando la voz del ángel que le indicó lo que tenía que hacer. María y José cuidan, acompañan y educan a un niño que desde 800 años atrás el profeta Isaías 11,1 y Jeremías 23,5 ya había anunciado para que en Mateo 3,16 escuchemos la voz de Dios Padre que lo reconoce delante de todos. Este regalo de amor en el camino de la salvación se oscurece en el sufrimiento que padece. Jeremías 52,13 lo señala como un espanto que asusta al verlo desfigurado. Un nacimiento lleno de luz en la estrella que anuncia a los pastores y Reyes Magos y una cruz que le sacrifica acompañado de ensañamiento, golpes, latigazos, corona de espinas y una lanza en su costado. Aquella alegría que reúne ahora se convierte en dolor que dispersa y hace que los Apóstoles se escondan por temor a lo que viene inmediatamente a la muerte de Cristo.

Ese tal Jesús desechado en su propio pueblo y despreciado por las autoridades políticas y religiosas de su tiempo se nos presenta como un triunfador. Por eso decimos: ¿Y qué Jesús? La situación por la que están atravesando los Apóstoles es muy difícil. Ustedes la pueden llamar cobardía, traición, negación de la amistad. Yo prefiero llamarla “estar en ese momento” Era una situación bien compleja y a la vez traumática. Haber visto y sentido a un maestro poderoso en palabras y obras y verlo ahora, lleno de humillaciones y muerte es algo muy diferente. Por eso no me atrevo a condenarlos, mucho menos a entrar en detalles capciosos.

Pedro, ya recuperado de su situación de terror, sigue por el camino llevando el mensaje y frente a un lisiado en Hechos 3,1-10 dice: “no tengo plata, ni oro; te doy lo que tengo. En nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar” No hay mejor testimonio que esta acción milagrosa que con voz temblorosa pero con fe repleta hace Pedro frente a la gente. Pero no es solamente Pedro quien da respuesta a la nueva fe que despertó la Resurrección, sino la oportunidad que tenemos para salir al camino del paso de Jesús realmente vivo y alegre. Estoy hablando del camino de emaús. Camino que nos grita el salmo 104 “La misericordia del Señor llena la tierra” Es una indulgencia que no está mirando las faltas o las respuestas acurrucadas llenas de temblor y miedo. Había dicho que todos, para poder ver a Jesús vivo, necesitamos salir al camino, empezar a caminar. No basta con salir hay que avanzar, es decir, ganar terreno y producir que la venda de la duda y del temor se vaya despejando y podamos ver con claridad. Ese camino, en este caso, emaús, nos brinda la oportunidad de verle tal como es. Entonces, le vemos aunque estemos muy ocupados y hasta distraídos por las preocupaciones de la vida. Es un camino que nos muestra la Biblia como lugar de encuentro con el Jesús vencedor de la muerte. A la Biblia debemos leerla con detenimiento y oración. Con diligencia para captar la verdad y en oración para sentir aquellos momentos de fe y esperanza. Además, es un camino que permite detenerse para compartir el agua y el pan. Es la solidaridad del caminante frente a los otros que se necesitan entre sí. Recordemos que este pan comido en unidad de amor se convierte en eucaristía. Por eso no se queda como secreto entre ellos, todo lo contrario, a pesar del largo trayecto del camino salen “corriendo” a anunciarlo.

Ese tal Jesús cambia todo el decorado. De unos días de profundo dolor, angustia y escondite para momentos sin final de algarabía y emoción en el anuncio gozoso de la resurrección. Ese tal Jesús se convierte, para admiración y silencio total de sus enemigos, en ¿Y qué Jesús? Al afirmar esto, estoy diciendo que Jesús no regresa con retaliaciones, sino con amor de quien viene de lejos para traernos la mejor noticia. Una noticia que no habían entendido los Apóstoles y la gente de aquel tiempo, pero que nosotros, como herederos y testigos, podemos saborear con inmensa alegría de caminantes que salimos al encuentro de quien nos trae la paz y la salvación.