Para crecer juntos...

Unidos para siempre en el Amor

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

“Cuenta la historia que un rico comerciante

Tenía un aniña muy fea tan fea

que al no verla daba mucho miedo.

Pero el Señor quería casarla y por ello

Escogió a un esposo ciego.

El cual lleno de amor se casó con la muchacha.

Pasado el tiempo la gente le decía al hombre rico:

¿Por qué no hace operar al ciego para que pueda ver?

Y el respondía:

Si lo hago, de seguro, al ver lo feo de mi hija la dejará.

A eso respondió el esposo:

Desde el mismo día del matrimonio quedé curado

porque en amor no hay deficiencias, sino comprensiones”

 

 

            Soy párroco de una Iglesia Santa Ana que la abraza el famoso cerro “pan de azúcar” en la populosa comunidad de Caiguire en Cumaná Estado Sucre. Allí los lugareños venidos de la otra costa y nacidos allí comparten los quehaceres con la pesca, el juego de truco, dominó y el sabroso sancocho de pescado fresco.

 

            Una de las realidades de sus vidas es que muy pocos están casados por la Iglesia. Ignorancia , nadie les ha enseñado, dejadez, forma de vida, un catecismo muy blando… Tantas cosas más que me hacen escribir este artículo. Eso sí, todos saben el contenido exacto del matrimonio y lo reconocen como tal: Bendecido por Dios, con una sola mujer y para siempre.

 

            He comenzado una sana experiencia entre los más viejitos. A ellos les voy hablando de la Alianza por medio de la cual el varón y la mujer constituyen una unidad para siempre. A esto me responden: padrecito tenemos 45 años juntos y nunca hemos pensado separarnos. Ella me arroja tierra o yo a ella, los dos hasta la muerte. Más adelante les explico el texto bíblico del Génesis 1, 26-31 donde les entre saco lo más elemental: Dios crea al hombre por amor.

                                                    Los crea a su imagen y semejanza.

                                                   Los creó hombre y mujer.

                                                No es bueno que el hombre esté solo.

                                                La mujer es igual al hombre.

                                                Ese amor de hombre y mujer es muy bueno.

                                                Por eso ese amor lo bendice Dios.

 

            Claro, todo esto tiene sus múltiples problemas que se enfrentan. Son las muchas veces que el hombre al sufrir o padecer problemas en el interior de esa unión, para ese momento, no encuentra a Dios o no ve el amor de Dios. De ahí las peleas, los insultos, la infidelidad, el divorcio. En otros casos el machismo del hombre y la aceptación débil de la mujer hacen la diferencia entre uno y otro. Naciendo los celos, los golpes, las humillaciones y el desorden que se puede resumir en una frase: “Mi esposo es esposo en la casa en la calle es hombre” Son muchas las formas en que el hombre desea estar solo y no quiere contraer responsabilidad por eso se convierte en “pica flor” Con una y otra y mientras que hayan mujeres que acepten esta clase de vida siempre habrá una soltería interesante e imitada. A estos e agrega las mujeres que les ha ido muy mal en la feria y deciden confundir a las demás con aseveraciones contrarias al matrimonio. Debo decir, que en la mayoría que los invito a casarse por la Iglesia me responden, que ya para qué, además, el hacerlo les puede traer mala suerte.

 

            En una sociedad donde el compromiso no es lo importante se hace cuesta arriba conservar las tradiciones y hacerles entender el significado del matrimonio. Aún así, cuando descubren lo sagrado del matrimonio y observan que es una señal de la presencia de Cristo Jesús que quiere salvarlos guardan silencio y comienzan a escuchar con mucha atención. Casi de inmediato descubren que esa unión se fundamenta en el amor que se tienen pero que “ese amor inventado por Dios” necesita ser bendecido por El mismo. Aparecen los términos de “para siempre” Permanencia de una bendición que dura como el amor que les tiene Dios. Que los dos son una sola carne…

 

            Ella le dice a él. ¿Vamos el domingo a misa? Al principio asiste por complacerla, pero en ese paso se van alejando los temores y miedos, por ejemplo, ¿el costo de los anillos? ¿Qué dirán los del barrio? ¿A esta edad? A esto se agrega que la señora comienza a contarle que fulana comulga y que ella no puede. Qué la gracia de Dios nos hace falta y nos va a ayudar para mantenernos juntos y felices…

 

            Al visitarlos con los grupos de apostolado y de forma muy especial con la Legión de María, se inicia una catequesis múltiple. Pues sus hijos y muchos parientes no están casados. Esto produce una reacción en cadena y se van acercando “lentamente” pero seguros de querer iniciar una vida más cristiana y llena de una fe que de frutos vivos.

 

En el amor no manda nadie. Manda el amor y punto.