Para crecer juntos...

Jueves Santo

Un amor que va mas alla de las palabras

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

            Con esta solemne misa se inicia el “Triduo Pascual” que podemos llamar la pasión, muerte y resurrección de Cristo Salvador. Debemos recordar y jamás olvidar aquella liberación de Egipto y la Alianza con el Señor. En este paso liberador de Dios, por nuestras vidas, observamos a unos que lloran y a otros que emprenden el camino. Hoy es Cristo, verdadera ofrenda, quien asume toda la historia de la salvación. Se hace templo, víctima, sacerdote y altar. Más todavía, es el cordero que quita los pecados del mundo y en su sangre viene  a liberar a todo hombre de cualquier esclavitud de pecado.

            Cristo se ofrece y al hacerlo se hace comida en aquellas palabras tan reveladoras: “Tomad y comed esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Tomad y bebed, este es el cáliz de mi sangre que se derrama por vosotros para el perdón de los pecados” La misa es realidad de un Dios que nos acompaña y alimenta para vencer los obstáculos del pecado. Es en la misa donde anunciamos la muerte de Cristo hasta que vuelva en palabras de san Pablo. Por eso la misa es una acción de gracias al Señor al hacerse pan, comida y alimento necesario como viático en la larga jornada de la vida.

            Para este día, que se encuentra en el medio del dolor del viernes y la alegría del domingo, se requiere mucha humildad y demasiado amor. Humildad para agradecer que el peso de la cruz dobló la espalda rota de Jesús, pero no partió el corazón fuerte salvador de Jesús. A Jesús le llegó la hora y en esa hora se ofreció para que en extremo amor se entregara sin reservas. Ese sacrificio tenía y tiene valor porque es renuncia generosa de un amigo a sus amigos. Generosidad que llega y se queda como mandamiento del amor. No hay otro camino sino el de amarnos los unos a los otros. Por eso les lava los pies a sus discípulos. Para nadie es un secreto que vivimos contra el amor y enfrascados en el eterno odio de las confrontaciones y rivalidades. Aquí podemos gritar nadie podrá sentir la presencia de un Dios alimento mientras tenga egoísmo, rabia y desordenes contra el prójimo. No habrá verdadera misa sin el perdón necesario para aceptar y recibir la ofrenda de amor. Por eso en este día manda el amor y en amor se nos devuelve.

            En esta celebración le llega la hora a Jesús y habiendo amado hasta el extremo (Juan 13,1) reparte el pan a todos, incluso a Judas y Pedro, para quedarse y para siempre. Es una pascua de amor, sabiendo que vienen los enemigos por eso la oración descarnada y dura en una noche muy especial. Es una comida que exige el traje de la caridad, la cintura dispuesta a la carrera, con un bastón de oración para apoyar la fe y de inmediato ponerse en camino. Eso si armonía con al familia y donde esté presente el mejor condimento el amor. Jesús estuvo esperando esta cena para poder darles a probar los sabores amargos del sufrimiento de la pasión (hierbas) y la figura del Cordero que el representa y llevará a fiel cumplimiento en al cruz. Para pasar esta comida se sirven dos copas de vino como líquido para seguir el camino y poder dar a conocer el reino de Dios. Aquí tiene, entonces, explicación el lavarles los pies. Para decirles en el amor pónganse en camino de dos en dos. Además, todos necesitamos ser salvados por Cristo y necesitamos estar limpios.

            Hoy se instituye la Eucaristía y lo encontramos en los tres evangelios sinópticos (Mateo, Lucas y Marcos) Jesús mientras comía… Toma pan, toma vino y los invita a hacerlo siempre. Con esto quiero decir, que la gente ya conocía y el mismo san Pablo lo describe así: “He recibido la tradición del Señor” (1 Corintios 11,23) La misa es el ejercicio de comer para incorporarnos a la vida misma de Jesús en su amor que nos transforma y nos hace nuevos. Al sentir la renovación reconocemos con el Salmo 115 donde la copa que bendecimos es la relación de la sangre de Cristo. Es muy interesante que durante la comida se haga el lavado de los pies. Prueba de amor. Acto de humildad y servicio. La presencia de Cristo en la eucaristía queda revestida de un esfuerzo por servir y un servicio que hacían los esclavos para con sus amos. Ahora es Jesús el maestro quien se lo hace a sus discípulos. Estamos no solamente frente a un lenguaje de amor, sino en un pleno acto del amor verdadero.