Para crecer juntos...

Una infección peligrosa "la violencia"

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

 

Pareciera una exageración pero no lo es. Es una tremenda verdad que va en aumento y se nos escapa de las manos como viento que corre veloz sin que nadie lo detenga. Las estadísticas nos hablan que en el año 2.000 murieron en el mundo un total de 4.400 personas víctimas de la violencia. Por ejemplo en Venezuela cada fin de semana aparecen 100 personas trilladas en el molino del crimen. Aquí los desenfrenos se centran en enfrentamiento de bandas, personas que se han resistido al atraco, homicidios, suicidios, enfrentamiento con las autoridades policiales, accidentes automovilísticos… La consecuencia mayor se concentra en los países de muy bajo nivel económico donde el hacinamiento, la pobreza y la ausencia de los valores son los gérmenes que lo producen. Como dato curioso en África y las Américas se produce tres  homicidios por  cada suicidio. Cabe aquí nombrar con mayor preocupación el papel de los Medios de Comunicación que contribuyen de forma acelerada al incremento de la organización de la violencia con sus reportajes sensacionalistas y llamativos.

 

            Existe un crecimiento a la ira desde el hogar son enseñados los hijos por la influencia de los padres, quienes se ofenden de palabra, se golpean y se desafían en plena calle a cualquier hora. Estos niños no solamente son encaminados  a la violencia, sino que son sometidos a la violencia en una reyerta familiar. Es esta violencia la que nos está calando hasta lo tuétanos para hacernos vivir más alejados y más enfrentados. Me decía un excelente médico que trabaja en el hospital central, que cada noche, que está de guardia, llegan muchos jóvenes baleados producto de enfrentamiento de pandillas por el reparto del botín. A él le provoca no atenderlos, pero que los atiende por tratarse de seres humanos que en el juramento de Hipócrates debe salvar y sanar.

 

            Esta violencia tiene nombres propios que van desde el desespero para envenenarse, ahorcarse, pegarse un tiro hasta arrebatarle la vida a otra persona porque en el semáforo me gritó o me quitó la derecha. Es una violencia casi institucional. Las sirenas de ambulancias no dejan de sonar y surcan las calles a toda prisa como para dejar y seguir cargando a heridos que luego serán cadáveres. Cada fin de semana parece una zona de conflicto armado, como Gaza o un campo de narcotraficantes al sur de Colombia. Es la violencia una de las causas principales de muerte. Jamás podremos pensar que la violencia es un estado de vida, pues  a nadie le gusta la violencia y nadie quiere vivir en sus tentáculos, a no ser que sea un desquiciado mental.

 

“María Luisa de 18 años no soportó

que su novio Rodrigo la haya dejado por otra.

Compró en el mercado un veneno

activo para matar ratas y disuelto

en un jugo de manzana se lo tomó. Los

médicos hicieron lavados pero ya era tarde”

 

Soluciones:

 

La violencia pica y se extiende como serpiente que se pierde a la distancia. La violencia no es producida por la falta de policías, sino  por la falta de una verdadera educación. Una persona que llega un centro de médico producto de la violencia callejera no tiene asistencia psicológica, simplemente se le cura y basta. Un niño que lleva una hojilla a la escuela es suspendido, pero no se le atiende en armonía con la familia. Son casos que nos llevan a pensar que necesitamos una educación integral y regeneradora. SE necesitan, pues, respuestas urgentes que estén destinadas a la prevención. Repito frente a la violencia siempre se coloca más policías en la calle. Esto tal vez ayuda para cierto tipo de violencia, pero tiene muy pocas repercusiones en la prevención del abuso a los niños, el maltrato a los ancianos, la violencia contra las mujeres en los hogares o las conductas suicidas. Hay que ir a las causas que originan la violencia. Esta es una obligación y una responsabilidad.