Para crecer juntos...

Todos llevamos una mascara. Cuidado

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

La zorra  y  la careta vacía.

Entró un día una zorra en la casa de un actor,

y después de revisar sus utensilios,

encontró entre muchas otras cosas una máscara artísticamente trabajada.

La tomó entre sus patas, la observó y se dijo:

Hermosa cabeza. Pero qué lástima que no tiene sesos.

(Fábula de Esopo)

 

 

            En el teatro griego la máscara era muy usada para poder representar a personajes, actos y espacios de la vida cotidiana. Máscara que servía para ocultar el rostro y así no tener problemas con lo descrito o los representados. Era un teatro que carecía de valor creativo, pues el miedo a la represión les hacía tapar su fisonomía.

 

            Hoy en día son muchos los que andan en un eterno carnaval y prefieren ocultar en las sombras, en el disfraz y en el anonimato sus rostros para hacer de las suyas. Es bien conocido que eran muchos, con deseos reprimidos hacia la homosexualidad, que se vestían de negritas en aquellos carnavales de Caracas y donde todo su cuerpo era ocultado por el vestuario y el maquillaje. Además, también hay otros grupos de personajes que se esconden en la máscara de la mentira para dañar y provocar mucha tristeza.

 

            Ahora bien frente al tema de la máscara me gustaría destacar lo siguiente:

 

  1. Frente a la máscara existe una postura muy fácil y cómoda. Una cosa de día otra de noche. Entre nosotros hay mucho engaño y de forma muy especial entre una población muy joven. Son muchos los jóvenes que despiertan a la vida y se inician en la mentira para quedar bien con sus “amigotes”, porque un amigo verdadero no admite la mentira. Se miente en los estudios ante la familia para quedar bien y no “provocar” dolor, olvidando que el mayor dolor está al descubrirse la falsedad. Recuerdo a aquellos padres de familia, de condición humilde, que hacían un gran esfuerzo para mantener a sus hijos en la Universidad y pasado el tiempo descubren que ninguno de ellos habían aprobado ni estudiado por largos años. Aquella noticia fue un balde de agua helada que les congeló sus esperanzas. O como aquella única hija que se va vivir en la casa de aquel familiar para que pudiera graduarse y se descubre que vivía con su tío maritalmente. Aunque son muchos los que opinan que la máscara o el disfraz es necesario y quizás indispensable. Muchos ejemplos donde el teatro y la mentira nos hablan de la máscara del “cumplimiento” Se cumple pero se miente para quedar bien como es el caso de llegar a un velorio don de todos lloran a su muerto y el que viene a dar el pésame se viste de dolor y aparenta que sufre y de ahí la máscara.
  2. He escuchado con mucho acento que no somos una persona sino tres personas. Las que creemos que somos, la que la gente cree que somos y la que somos en verdad. Estas tres formas de presentarnos son meros convencionalismos de una sociedad de hipócritas donde lo que importa es el tener a cómo de lugar. Es un supuesto porque a la primera no nos interesa conocer, ya es bien conocida. A la segunda imposible porque las máscaras no nos dejan conocerlas y la tercera imposible porque no tengo tiempo para fijarme o estudiar al otro a no ser que sea para una utilidad material. Hay una manera de vivir donde la mentira enmascarada hace estragos y el engaño toma figura y patente para explotar su mejor venta.

 

            La máscara ha adquirido unas proporciones gigantescas donde la monta se cotiza por la cantidad de mentiras y engaños. Son mentiras que se ajustan a la personalidad del farsante que las ejecuta con maestría y elegancia. Es un gran desfile donde todos van falsificando y cada uno defiende su propia mentira. Aquí no importa si la creen o no. Lo que interesa es alterar y dar la sensación que sin la farsa no se puede vivir. En estos días aprecie muy de cerca una mentira que de tanto repetirla se va haciendo verdad. La relacionada con la pobreza. Pues se ha radicalizado que los pobres son dignos de lástima y se tienen que ayudar a tal punto, que no mueven un dedo para buscar o lograr en un esfuerzo los bienes necesarios para dejar de pedir y realizarse como personas. Esto ha traído un grave problema que rompe en la violencia, pues, cuando no se les puede ayudar se sienten golpeados y hasta vejados para irritarse y caer en insultos y amenazas. Ellos se sienten con derechos de exigir a la gente la ayuda. Ya no es la limosna que nace del corazón sino la limosna que ellos quieren. Una vez entrando a un mercado una señora me pidió que le regalara una harina precocida. Yo entré al establecimiento y le compré una harina pero amarilla. Cuando se la entregué me dijo: ¿Quien le dijo a usted que yo comía arepa amarilla? Yo caí como condorito de espalda “Plass”

 

            Cabe aquí destacar que las máscaras siempre ocultan algo o quieren destacar una señal en particular. La máscara es en el fondo es una falsa ilusión que desvirtúa la personalidad, no deja crecer y tranca, definitivamente, lo creativo en el conjunto de valores en las personas. El colocarse una careta es producto de un arreglo que se hace con la conciencia donde la no aceptación, lo reprimido y lo que se oculta internamente que no se puede expresar con naturalidad. Claro me estoy refiriendo a la máscara de la mentira. Porque un antifaz del zorro, del llanero solitario en un niño, en un festival o en una compasión teatral es una forma de expresión que tiende al arte, la elegancia y al gusto por la admiración a tal personaje.

 

No te llenes de apariencias vacías.
Llénate mejor siempre de buen juicio
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