Para crecer juntos...

Señor, ¿Necesitas de mi?

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

“Este era un hombre que se puso a construir un faro

en medio de un desierto que daba al mar.
Todos se burlaban de él y lo llamaban loco.

¿A qué un faro en medio del desierto?

¿Quien querrá llegar hasta aquí?

El hombre no hacía caso y seguía, callado, su labor.
Un día por fin acabó el faro.

En la noche sin luna y sin estrellas

el espléndido rayo empezó a girar en
las tinieblas del aire, como si la vía láctea

se hubiera convertido en carrusel.
Y sucedió que luego de que el faro comenzó a dar su luz
hubo en el mar buques trasatlánticos,
y vuelos de submarinos de ballenas,
y puertos con mercaderes de Venecia,
y piratas de barba roja,
y holandeses errantes, y sirenas.

Todos se asombraron, menos el constructor del faro.

Sabía él que si alguien enciende una luz en medio 
de la oscuridad, al brillo de esa luz surgirán...

muchas maravillas” 

 

 

            Vivimos tan apurados. Vivimos en una sola carrera: que los hijos crezcan rápido y cuando están grandes queremos que vuelvan a ser pequeños; deseamos una casa más grande y cuando la tenemos que vaina tan grande para limpiarla; esa misa si es larga, pero cuando muere un familiar y ofrecemos la misa no queremos que termine porque nos ayuda a tranquilizarnos; cuando otro cocina decimos falta sal, cuando cocinamos si les falta sala le pueden echar… Es una carrera pero arrimando la sardina para nuestro sartén. Somos unos pobres corredores cualquier y simple obstáculo nos detiene y nos tumba.

 

            No lo dudo, todos creemos en Dios, pero ver a Dios que necesita de nosotros, Él que es Omnipotente cómo  a necesitar de nosotros. Echemos una mirada a Cristo con al cruz a cuestas para entender, como el constructor del faro que lo debía hacer y basta, que Jesús necesita una mano: para consolar, para visitar, para llegar, para agradecer…

 

            Se acuerdan de José de Arimatea. Rogó a Pilatos para que le entregara el cuerpo de Jesús para darle sepultura (Marcos 15, 43). He ahí a un Dios derrotado, humillado y en manos de la mano solidaria que le tendiera bondad y amor. Hoy en día es otra cosa, pero nos dice la misma cosa. Jesús está en el Sagrario y está porque somos muchos los que no lo queremos llevar en nuestras vidas y por eso está ahí a la luz de un velón a punto de apagarse. Necesita que le visitemos para que Él nos hable y nosotros guardemos silencio. En cada Misa se hace presente y nos busca entre las bacas para entablar una amistad sincera necesita del cariño de un buen amigo, amiga. Necesita que le digamos, sin muchos problemas, Señor, ¿qué quieres que haga? ¿Que puedo hacer por ti?

 

            Hoy, no te asustes, el Señor necesita de nosotros y de forma especial en los más pobres para llevarles el pan de la vida y del amor; en los enfermos para entregarles la salud del alma y del cuerpo; en los solitarios para hacer que nuestras manos sean calor de compañía y refugio solidario; en los que sufren para ser bálsamo en esa herida del pasado que aún resuena y así puedan mirar con esperanza el mañana. Hace falta que miremos alrededor y busquemos si hay algo allí en que podamos actuar, si alguien necesita tu ayuda. Y recuerda que la mejor manera de hacerlo es que imites a María, en su forma calladita y sencilla de actuar. Pasa, como ella, desapercibido, para que nadie te aplauda, para que no se te pague con una felicitación humana, como Cristo aconseja en el Evangelio.

 

            Ayudo al Señor cuando él está contento con lo que hago, cuando vivo con alegría lo que he elegido con amor y libertad, cuando rezo y entusiasmo a los cercanos a conversar con Dios en confianza y esperanza, cuando abro mi mano para entregar con amor lo que el otro necesita sin refunfuñar o maltratar, cuando soy consciente de la tristeza o la alegría de mi familia…

 

            Descubrir que el Señor necesita de mi es saber, por convicción que toda mi vida está echa y fue echa para dar gloria a Dios y hacerla servicio en mis hermanos. Para comprender esto, que es tan bello e importante se necesita:

Renovar los pensamientos.

Que sean los mejores amigos y configuren nuestro mundo de manera positiva.

Que sean pensamientos que nos consuelen y reconforten.

Que sean pensamientos agradables, amistosos, risueños y llenos de amor y perdón.

Que sean pensamientos sabios e inspirados, y nos ayuden a viajar tendiendo la mano a todos con armonía, dicha y paz.

 

            Señor, me parecía imposible que me necesitaras, pero aquí estoy como aquel insignificante constructor del faro de luz que atrajo a tantas embarcaciones. Para que al final, “Todos se asombraron, menos el constructor del faro. Sabía él que si alguien enciende una luz en medio de la oscuridad, al brillo de esa luz surgirán... muchas maravillas”