Para crecer juntos...

Santa Inés ayuda a nuestros jóvenes

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

Dios todopoderoso y eterno, que te has complacido en elegir lo débil

a los ojos del mundo para confundir a los que se creían fuertes,

concede a quienes estamos celebrando el martirio de santa Inés imitar

la heroica firmeza de su fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo”

 

            Recordar, este 21 de enero, a Santa Inés es afirmar ante el mundo materialista que la pureza y el amor de Dios tiene mayor fuerza que el desgastarse en aras de placer y el vicio. Su nombre latino es Agnes “cordero” por eso de la lana de corderos blancos se hacen los palios para los Arzobispos. Nace y muere en Roma. Inés significa pura en griego y Cordera en latín. Es como decir, murió pura amando al verdadero cordero que quita todo pecado. De ella se lee una linda página de amor a Dios. Bella entre las bellas se consagra al amor de Cristo y por no aceptar pretendiente es decapitada en al año 304. Es, pues, santa Inés un modelo de amor, entrega y pureza que sirve de espejo a nuestra juventud.

 

            Aquella niña, 13 años, nos dice que la virginidad, la integridad tiene valor a los ojos de Dios por eso los santos Padres, inspirados y admirados escribían: “a los trece años de edad perdió la muerte y halló la vida, porque solamente amó al Autor de la vida” Hoy, con profunda fe, tenemos que decirle a Dios “Gracias Señor por elegirla y predestinarla” plegaria que se hace súplica a Dios para rogar por nuestros jóvenes. Nuestra juventud necesita que le animemos, le acompañemos y le volvamos  a recordar los valores y las virtudes que agrandan y hacen mejor la vida. No es posible que nuestros jóvenes se nos estén muriendo de tan mala forma o de maneras muy atroces: en atracos, en las carreteras, en ajustes e cuentas, en borracheras, en las drogas, en el alcohol… ¿Cuántas muertes hacen falta para entender tal desgracia? ¿Cuántos más deben morir para entrar en emergencia? ¿O creemos qué a nuestros hijos no les pasará eso?

 

            Nuestros barrios, urbanizaciones, veredas y edificios son hervideros de la muerte que azota y doblega las mejores voluntades. Allí se lucha por hacer posible la vida y una bala asesina y encañonada con rabia apunta detrás o delante para matar y acabar. Nuestros padres afirman, a cada instante, que la tradición ha sido profanada, pues deben ser los hijos los que entierren a sus padres y no lo contrario. Las informaciones periodísticas, vestidas de amarillismo en la tinta roja de la sangre es el pan de todos los días para convertirse en partes de guerra de la que era tranquila y apacible cuidad “primogénita” Cumaná. Entre nosotros hay un profundo dolor. Dolor que se acentúa frente al silencio cómplice de las autoridades que por falta de preparación de instrumental, de herramientas idóneas se pasean llenos de conformismo frente a la selva de cemento, rejas y ranchos quedando pálidas frente a unas vidas tan jóvenes y llenas de futuro que se escapan como agua entre los dedos. De las ventas de aguardiente donde se le vende al que trae dinero sin importarnos el grado de borrachera o la corta edad que exhiba a la hora de la compra. De las casas vendedoras de piedra y drogas que todos conocen, pero para no entrar en detalles, se hacen los locos y son permitidas en perfecta armonía con el robo y la muerte. De los padres alcahuetes que se prestan para toda clase de vagabunderías. No importa la vestimenta hay que ofrecer al comprador y al cliente lo que se tiene. No interesa la clase de amigos que tengan, deben salir y eso basta. No importa si están estudiando, además, ese problema es de ellos. La llegada o el respeto por la casa hace tiempo se perdieron. Entran y salen cuando quieran. Cada perro con su hueso. De una moda que marca y mata. Lo que importa es complacer al cuerpo en lo que pida y necesite. Como va viniendo vamos viendo y eso es pasarla bien y punto. De una repetición a lo Vicente “lo que hace la gente” y entonces se repiten formas de vida que deprimen, pues son, cargadas de vicios y de muerte donde la vida no vale nada y todo lo que cuenta es hacerlo, gozarlo y para adelante que es para allá.

 

            El azote a la vida digna que debe llevar un joven se centra en un libertinaje donde todo es sexo para darle rienda suelta a un pan sensualismo para permitirse todo y donde la virginidad, la pureza y las buenas costumbres son un tabú. Además, se vive en la calle para la calle donde lo importante es tener y vivir para el placer. Aquí no es importante el estudio sino el vicio en todas sus manifestaciones; no hace falta la honradez pues la mentira campea para acallar acciones oscuras y malsanas; la familia no cuenta ya que es un estorbo para lograr los objetivos de la falsa libertad que esconde ese hacer lo que viene en gana.

            Santa Inés muestra a nuestra juventud el verdadero sentido de la vida, que es amor, pureza, plenitud de Dios. Que ocurra, en estos tiempos de materialismo, un cambio positivo de nuestros jóvenes a una vida mejor donde el estudio, el trabajo, la familia y los valores sean de tomados en el primer orden que se encuentran. Por eso, Señor, ya estamos cansados de tantas carreteras de muerte; de muchos jóvenes armados de violencia y de droga; de niñas jugando a mujeres creyendo que un hijo es el sexo libre para traer una barbi de pasatiempo y de la cerveza o botella en la mano para decir soy hombre y basta.

 

                                                                                              “Seré la esposa, de Aquel                                                                                    cuya Madre es virgen, cuyo Padre lo engendrado sin concurso de mujer,

y que ha hecho resonar en mis oídos acordes armoniosos.

Cuando le amare, seré casta; cuando le tocare,

seré pura; cuando le recibiere, seré virgen"