Para crecer juntos...

¡Que suerte! He conocido a Dios que me ama

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez

Web del Padre

 

 

 

 

“Estaba una vez un joven lavando su automóvil,

una de sus hermanas pequeñas llegó entonces

y le pidió que le dejara ayudarle.

Así se lo permitió y cuando hubo terminado

le dio dinero como un pago por su desinteresada ayuda.

De esto se enteró otra hermana del joven,

quien la semana siguiente esperó a que el joven empezara

 a lavar su automóvil para ayudarle desde el principio

y así ganar mas dinero.

Desde el principio empezó a ayudarle

pero al mismo tiempo insinuaba sobre

el pago que recibiría. Al final,

el hermano mayor no le pagó nada

 y la jovencita se enojó recriminando al hermano

 el por qué a la otra hermana le había pagado y a ella no,

a lo que el hermano contestó:
- "Tu hermana me ayudó por el simple hecho de hacerlo,

tú en cambio lo hiciste por recibir un pago

el cual nunca te prometí, por eso tu ayuda no merece

 recompensa pues nunca quisiste ayudar sino solamente ganar dinero "

 

 

            Somos muy pocos, por no decir, poquísimos, los que nos damos cuenta de la suerte que tenemos por haber conocido a Dios. Si miramos nos encontraremos con muchas bendiciones que Dios no ha otorgado y al darnos cuenta de esto debe brotar de nuestra vida un constante agradecimiento en el amor de Dios sin importarle lo que somos y hacemos.

 

            Esta constatación nos hace vernos débiles y en las manos de Dios. No débiles derrotados u humillados, sino dentro del plan amoroso de Dios donde enviando a su Hijo al mundo lo entrega para darnos vida y salvarnos. Al observar esto debo repetir mil y muchas veces: “que suerte tengo”  de las bendiciones que Dios me ha regalado sin merecerlas. Por lo general vivimos a la espera de premios, de aplausos, de reconocimientos por nuestros méritos y acciones, pero muy pocas veces descubrimos esas bendiciones que se esconden, por completo, en los momentos más difíciles. Estas bendiciones tiene realmente su potencial en aquellos momentos donde se nos oscurece la vida y nos creemos derrotados. No puedo ocultar que hay momentos por los cuales las cosas van mal y se nos viene el mundo encima, por lo general, hay otras que van bien y hacer la anotación es parte de la costumbre de ese descubrir en mi vida las bendiciones de Dios.

 

            Sentir la presencia de Dios es alejar la soberbia de la oscurana donde se prefiere maldecir que encender una luz de esperanza. Ver a Dios en todo es tener humildad ante la grandeza de Dios que nos va otorgando tantos regalos inmerecidos. Por eso se hace necesario reconocer, en cualquier momento, la presencia de Dios en la surte de contar con Él ayer, hoy y siempre.

 

            Ante esta realidad debo rezar como una gracia que me anima a continuar el camino. Debo acudir a misa como un agradecimiento continuo y permanente de Dios en el recorrido de nuestra historia. Me confesaré para poder mirar con ojos sinceros y libres la acción de Dios sobre mi vida. Pero también daré limosna al prójimo en la alegría de dar que recibir. Uniré mi vida al sacrificio del ayuno como entrega generosa a Dios de una ofrenda agradable que no es una carga. Además, me daré cuenta que debo devolverle a Dios todo lo que me ha dado ene se favor  a los más necesitados.

 

            Nos pasa muy a menudo que cuando le pedimos a Dios o le prometemos cambios, lo hacemos pensando solamente en la recompensa que podamos recibir de El. Es por este motivo que tal vez muchas veces no recibimos lo que Dios quisiera darnos, pues nuestros pensamientos son de interés y sin amor, y ayudamos a otros esperando solamente la recompensa y sin pensar el hacer el bien al prójimo.

 

            Al descubrir a Dios en mi vida brota de mi interioridad la acción de gracias. Gracias porque estoy lleno de bendiciones que no son sino regalos de un Dios que me ama por encima  de mis pecados. Ojalá, María la Virgen, que supo descubrir el amor de Dios en su vientre, nos ayude a seguir viendo con claridad la presencia amorosa de Dios en nuestras vidas. 

 

 

“Hacer el bien o ayudar a alguien por interés se convierte en mera acción. Ayudar por amor es respuesta agradecida a Dios”