Para crecer juntos...

Por la vida con cuidado

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

 

 

La zorra y el cuervo gritón.

Un cuervo robó a unos pastores un pedazo de carne y se retiró a un árbol. 

Lo vio una zorra, y deseando apoderarse de aquella carne empezó a halagar al cuervo, elogiando sus elegantes proporciones y su gran belleza, agregando además que no había encontrado a nadie mejor dotado que él para ser el rey de las aves, pero que lo afectaba el hecho de que no tuviera voz.

El cuervo, para demostrarle a la zorra que no le faltaba la voz, soltó la carne para lanzar con orgullo fuertes gritos.

La zorra, sin perder tiempo, rápidamente cogió la carne y le dijo:

Amigo cuervo, si además de vanidad tuvieras entendimiento, nada más te faltaría realmente para ser el rey de las aves.

(Fábulas de Esopo)

 

 

            En estos días, por no decir desde el año de 1998, por lo menos en mi terruño o patria chica, se ha ido incrementando la afición por el robo. Donde al hacerlo es hasta aplaudido y la sociedad como otra parte más se convierte en cómplice. Recuerdo que años anteriores los politiqueros tenían una frase “Póngame donde pueda agarrar”. Frase que se hizo realidad porque de verdad que agarraron y se llenaron que hasta estos días todavía les queda algo o lo invirtieron bien. Todos deben recordar como el país cayó en manos de unos vivos de oficio que saquearon y dilapidaron los bienes de todos. Era un desastre como robaban a granel y al llegar a aquellas tan cacareadas  elecciones con el lema “Cárcel  a los corruptos” fueron muchos los que se animaron a votar. Votación abrumadora y peligrosa que hoy en día estamos todavía pagando los platos rotos.

 

            Ayer muchos cuervos ladrones. Hoy aumentaron y son aplaudidos. Ayer los de cuello blanco se escudaban en una justicia silenciosa. Hoy la justicia no es que sea silenciosa sino que se los permite y permanece de brazos cruzados. Por eso la preocupación por el afán de seguir las prácticas del robo como una técnica aprendida y afinada como emblema de calidad por un gobierno que da la espalda a la justicia. Hoy en día la frase de póngame donde hay se ha convertido en agarrar a cómo de lugar, pues mañana es tarde. Es como aquella fiebre del oro donde todos venían todo y salían en su búsqueda sin mirar para atrás. Lo dejaban todo y alocados por esa fiebre se adentraban a tierras desconocidas en su exploración.

 

            Los valores del respeto y la honradez son derribados por esos anhelos de “tener y poseer” donde se hace de todo con tal de alcanzarlo. Se le rinde culto al dios dinero y si hace falta matar se mata y eso se considera como un logro y un triunfo en la carrera alocada por encontrarlo y poseerlo. Son muchos los que se han olvidado de familia, de libertad,  de reputación y han caído en las garras del robo para que hoy estén fuera del país, exilados, huyendo o en la cárcel. Sabiendo que los peces gordos muy difícil caen y son los más “panga, paga” los que pagan la complicidad, pues también ellos son culpables por prestarse a esas vagabunderías.

 

            Hay una gran cantidad de personas que prefieren comer un solo día y el resto vivirlo de hambre. Siempre en el medio existen unas personas que creen que uno es tonto o por lo menos que a ratos se chupa el dedo. Son unos completos ignorantes del tiempo. Por ejemplo: uno lleva el carro a “determinados mecánicos y nos dicen que tal pieza está mala y que montaron una nueva, pasado el tiempo, el carro vulva a fallar y otro mecánico nos explica que esa pieza que le colocaron hace pocos días no es nueva es usada o es la misma repotenciada engañosamente. Hasta ese día ese mecánico vuelve a tener trabajo la persona que descubrió el engaño. Otros, son los carpinteros, latoneros, etc., que nos piden cierta cantidad para comenzar y entregar tal día y pasan los días y los meses y nada y al reclamarles nosotros somos los malos, pues tenemos que acudir a la autoridad para que los obliguen a cumplir.

 

            “Perro viejo late echado” dice el adagio popular. “Más sabe el diablo por viejo que por diablo” se deja escuchar en otro decir muy notorio entre nosotros. Y a pesar siempre caemos en ese famoso paquete chileno donde el vivo roba o tumba al pendejo. Que viene a ser la persona que no se cansa de que lo engañen o le hagan trampa. La viveza criolla no consiste en dañar sino en festejar con una alegre carcajada la echadera de broma o la mamadera de gallo tan típica. Pero otra cosa es robar, engañar, estafar, mentir para sacar provecho y causar deterioro en aquella u otra persona.

 

            Sabemos que hay gente que se levanta para encontrar o cazar a bobos que caminan pero que no se han despertado. Caen bobamente sin discutir, sin recatear y luego regresan llorando tristemente la pérdida de lo  tanto le costó ahorrar o conservar. Hay muchos timadores y de forma especial en los momentos de crisis pescan en río revuelto para obtener ganancias muy fáciles y rentables.

 

            Ante este mal que no termina de acabarse, por el contrario, se incrementa se hace necesario que tengamos cierta chispa de desconfianza o por lo menos de prudencia a la hora de hacer negocios, de entablar conversaciones o de entrar en detalles con personas desconocidas o de dudosa reputación. Es muy común en los ambientes de amigos pedirles que sirvan de fiadores para que a la final uno, que se prestó de buena gana, se quede ensartado en tremenda deuda y con posibilidades de ir hasta preso.

 

Cuando te adulen, es cuando con más razón debes cuidar de tus bienes