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Su Santidad Juan Pablo II nos enseña el valor de la Santa Misa
Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez
Observé con mucho detenimiento la Santa Misa que el Papa Juan Pablo II y los Cardenales celebraran al inicio del Año de la Eucaristía. Me quedé observando, con admiración y silencio, al Papa ya viejo, tembloso y torpe haciendo ese gran esfuerzo con 84 años y 26 de pontificado. Debo confesarles que sufrí y quedé impresionado por ello debo decirles:
1. Admiro a un sacerdote, obispo, Papa que lucha, en su tiempo, por llevar adelante la obra de la Iglesia en la misión que Dios le ha encomendado. Pero, admiro, aún más todavía, esa gracia que nos dejó el Señor Jesús. La Eucaristía. Verdadera comida, real bebida. Es la presencia de Dios en al especies de pan y vino que en las palabras de la Consagración se hace Cuerpo y Sangre para la salvación de todos.
2. Es un Papa que ha dedicado su vida y su ministerio para mostrar el rostro de Cristo en una tierra rehecha y corrompida por la guerra y el enfrentamiento. Más grande, aún, ha sido que el Señor Jesús no solamente se ha hecho hombre y murió en al cruz, sino que se ha quedado en la Hostia Consagrada. Es el memorial de aquella Última Cena donde Jesucristo, instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre “Haced esto en memoria mía” Por eso los Apóstoles y sus sucesores, Juan Pablo II, tienen el mandato de repetir aquello que él mismo había hecho. Eucaristía manjar y fortaleza para quienes lo celebran y lo reciben. Ahora entiende la fortaleza y el esfuerzo del Papa.
3.El Papa, en su voz sabia, está presente para orientar y encaminar. Jesucristo está en todas las Hostias Consagradas entero y en cada una de ellas. Todo en cada parte. Al partir el sacerdote la Hostia no está dividiendo a Jesucristo, sino que queda entero en cada parte, muy pequeña que sea.
La presencia del Papa en el mundo es la presencia de Cristo en la sucesión apostólica en el sacramento del Orden Sacerdotal. Cuando un católico mira al Papa está mirando a Cristo representado en esa Autoridad. Pero al contemplar la Eucaristía, con los ojos de la fe, está mirando y sintiendo el verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre de Jesucristo. Por eso la Santa Misa es el acto más importante de nuestra religión, ya que se renueva y se perpetúa el sacrificio de Cristo en la cruz. La misa es, entonces, el acto más grande, más sublime y más santo que se celebra cada día en la tierra.
5. Ir a Roma y no contemplar al Papa es perder el viaje. Eso nos sucede con la Santa Misa. Pues una misa en vida aprovecha más y mucho más en vida que después de la muerte.
6. El Papa celebró con regocijo y acción de gracias sus 26 años de Pontificado. Esta celebración la hizo dentro de un banquete muy espiritual, la Santa Misa. Nosotros acostumbramos a celebrar los grandes acontecimientos e incluso buscamos invitados, cantantes, orquestas y colocamos la mesa llena de los mejores manjares. Pero se nos olvida, por lo general, que la Santa Misa es un verdadero banquete que conmemora la Última Cena. En cada misa se reúnen los cristianos para participar en la mejor fiesta de las fiestas.
7. El Papa para tener fuerza y decisión necesita alimentarse física y espiritualmente. La espiritual la llena la Divina Eucaristía. Para participar en la Santa Misa necesitamos disposición y voluntad. Aquí no es cuestión de ganas o de entusiasmo, sino que es un acto libre, alegre y necesario en la obligación de dar culto a Dios. La Comunión puede ser mensual, semanal y mejor frecuente, diaria. Pues comulgar es el acto más sublime que podemos hacer en la vida, ya que es recibir a Dios en nuestra vida. Pues comulgar es tener la vida eterna. Cada Comunión se debe preparar con reverencia pues quien viene a nosotros es Jesucristo, Dios, lleno de amor y mucha ternura.
8. El Papa celebra, todos los días, la Santa Misa porque ha entendido que es a Dios a quien se le ofrece, pues Él solamente le debemos adoración, aunque a veces se diga la Misa por la Virgen o algún santo, ofrenda que se hace para pedir la intercesión de ellos ante Dios.
9. El Papa vive día a día en la confianza de Dios Todopoderoso. Nosotros debemos hacer todo para la gloria de Dios. Por eso con Dios todo, sin Dios nada. La Santa Misa nos da la posibilidad de recibir al Único y Verdadero Dios. En cada Misa, en todas las Misas Dios permanece en sabor y olor del pan y del vino para que después de la Consagración se convierten en Cuerpo y Sangre de Jesucristo. ¡Que maravilloso milagro!